Nubarrones

2026 ha sido un año difícil para México. Factores internos y externos han generado un ambiente enrarecido. Aunque aún no ha caído la lluvia  torrencial, el cielo está nublado. Los analistas serios hablan de una calma que presagia tormenta. Los nubarrones acechan nuestro horizonte.

El término “nubarrones” hace referencia a nubes grandes, densas y oscuras que suelen pronosticar tormentas. En sentido figurado, esta expresión se utiliza para describir problemas graves, complicaciones o amenazas de infortunio. 

Los retos se acumulan y la incertidumbre no ayuda a las apuestas de inversión y al desarrollo de negocios. El propio gobierno reconoce la situación. El Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá no tendría un desenlace definitivo este año y sus revisiones apuntan a un esquema anual, consideró Marcelo Ebrard, secretario de Economía.

Sin un horizonte claro y con un socio comercial cada más adverso a reconocer los avances que México ha logrado en 32 años de acuerdos económicos, se van acumulando otros factores que complican la  posición negociadora de México. 

La falta de seguridad emerge como una pesadilla recurrente. El sector patronal denunció recientemente que la autoridad se convierte muchas veces en el principal extorsionador de las empresas, al imponer trámites innecesarios, por lo que a la extorsión criminal se suma la extorsión de gobiernos municipales y estatales.

Juan José Sierra, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) ha declarado que la extorsión se ha convertido en el impuesto más alto que pagan las empresas. “El delito de extorsión está desbordado, es el delito que mata a las mipymes y tiene de rodillas a miles de empresarios. Este delito cuesta 0.04 por ciento del PIB anual, o sea 15 mil millones de pesos”. La seguridad es una condición indispensable para el desarrollo económico, para la generación de empleo y para la permanencia de las empresas. Sin seguridad no hay inversión y sin Estado de derecho no existe confianza y sin confianza es imposible construir un entorno de crecimiento.

Las “entregas voluntarias” del exsecretario de Seguridad Pública y del exsecretario de Finanzas de Sinaloa a las autoridades estadunidenses son sólo el comienzo de una mazorca que seguirá desgranándose. Ya la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, en inglés) había anticipado que la acusación por narcotráfico en contra de los implicados en el caso Sinaloa es sólo el inicio de una lucha que continuará.

 En una comparecencia ante el Senado, el jefe de la DEA, Terry Cole dijo: “No cabe duda de que los narcotraficantes y altos funcionarios del gobierno mexicano han estado involucrados durante años (…) Los políticos en México son igualmente responsables de la muerte y destrucción de una cantidad récord de estadunidenses al cooperar, conspirar y ayudar a producir este veneno para que cruce la frontera”.

BALANCE

Los nubarrones se siguen acumulando produciendo incertidumbre y nerviosismo. La confirmación de que la falta de confianza se está extendiendo llegó de la mano de las calificadoras internacionales. S&P Global Ratings bajó recientemente de estable a negativa la perspectiva de la calificación de México. 

El martes pasado, la agencia revisó a la baja la perspectiva crediticia de la calificación soberana del país, argumentando bajo crecimiento económico, resultados fiscales persistentemente débiles, el riesgo de un aumento de la deuda pública mayor de lo esperado y una mayor carga de intereses. Acto seguido lo hizo con Pemex y la CFE, así como con sus empresas subsidiarias. Ante los barruntos de tormenta, nada será peor que resignarnos a la tromba. El elefante está en la sala. Es tiempo de actuar.