Madres y padres del CCH Sur exigen seguridad real: ‘no queremos promesas vacías’
Familiares destacan el acceso controlado con credenciales, detectores de metales, cámaras de vigilancia, botones de pánico, luminarias, brigadas de vigilancia y presencia constante de personal de seguridad universitario en coordinación con la SSC

Estamos destrozados y temerosos. No queremos que nuestros hijos regresen a la escuela con promesas vacías”, reclamó Adriana Ochoa, madre de una alumna del CCH Sur, durante la asamblea realizada en Ciudad Universitaria. Junto a decenas de madres y padres, exigió seguridad real y medidas inmediatas tras el asesinato de Jesús Israel “N”, de 16 años.
Los familiares entregaron un pliego petitorio dirigido al rector Leonardo Lomelí, en el que plantean acciones “contundentes y palpables” para frenar la violencia en el plantel. Entre sus demandas destacan el acceso controlado con credenciales, detectores de metales en las entradas, cámaras de vigilancia supervisadas en tiempo real, botones de pánico, luminarias dentro y fuera del colegio, brigadas de vigilancia y presencia constante de personal de seguridad universitario en coordinación con la Secretaría de Seguridad Ciudadana.
También pidieron programas de apoyo psicológico y de orientación a padres de familia, capacitación en primeros auxilios y manejo de emergencias, mecanismos de denuncia eficaces con protocolos claros de seguimiento, y tolerancia cero al consumo de alcohol y drogas dentro y fuera de las instalaciones. Exigieron además baños para ambos géneros en cada edificio y una vía de comunicación directa con Rectoría para dar seguimiento a los acuerdos.
En su intervención, Adriana Ochoa recordó que en abril su hija de 17 años fue víctima de abuso sexual en el plantel, tras una serie de episodios de bullying que no fueron atendidos. “Ayer un compañero de nuestros hijos murió dentro de las instalaciones. Estamos cansados de firmar papeles que no llevan a nada. Ahora lamentamos la vida de alguien y es necesario que nos hagan caso. La UNAM tiene recursos, pero la seguridad es ineficiente y hay puntos ciegos en todas partes”, denunció.
Otra madre, Edna Trejo, relató la confusión que vivió su hija el día del ataque: “Los chicos no sabían qué estaba pasando, los profesores gritaban, nadie tenía claro qué hacer. No hay protocolos de seguridad. Yo acudí corriendo por mi hija. Esto pudo pasarle a cualquiera. Se necesita inversión en seguridad, en programas educativos y en apoyo psicológico para los jóvenes”.
Durante la concentración, una profesora del CCH Sur leyó un pronunciamiento en el que aseguró que la tragedia refleja la ola de violencia que atraviesa el país y que ya alcanzó las aulas. “La cultura de la violencia está presente en la vida cotidiana. Pedimos garantizar seguridad para toda la comunidad y emprender acciones efectivas más allá del discurso”, señaló.
El pliego de padres subraya que los hechos de violencia en el CCH Sur no son aislados, sino resultado de omisiones en la atención a la comunidad. Para la comunidad universitaria, la crisis tiene antecedentes dolorosos: en 2019, la estudiante del CCH Oriente, Aideé Mendoza, falleció dentro de un salón de clases en circunstancias que la comunidad cuestionó desde un inicio; y en 2022, César Emiliano, alumno del CCH Naucalpan, perdió la vida tras participar en un evento cultural cuya organización también fue criticada por su familia.
Finalmente, las madres y padres solicitaron la instalación de mesas de trabajo con autoridades universitarias y que Rectoría designe a un representante para mantener comunicación directa con las familias. Adelantaron que este miércoles a la una de la tarde se concentrarán en el CCH Sur para dar seguimiento a sus demandas y acompañar a los estudiantes en su exigencia de justicia y de condiciones seguras para estudiar.
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