El Padre Benito alimenta cuerpos y corazones
El sacerdote busca que las personas vulnerables vean a la iglesia de La Soledad como una casa, “como una gran familia” y el motor para salir adelante

Cuando el padre Benito llegó a la parroquia de la Santa Cruz y Nuestra Señora de la Soledad, en el barrio de la Merced, en la CDMX, en 2015, comenzó a preguntarse qué podía hacer para ayudar a la comunidad de esa iglesia.
Se dio cuenta que en el barrio en el que se ubicaba la parroquia, cerca del Centro Histórico, en la alcaldía Cuauhtémoc, había pobreza, inseguridad y violencia.
Cuenta que, al llegar, él y algunos de los feligreses empezaron a hacer un estudio sobre las necesidades del lugar y una de las más importantes fue las personas sin hogar.
Entonces, el padre Benito puso manos a la obra, pidió prestadas ollas a los vecinos e inició un pequeño comedor comunitario que atendió a 18 personas en su primer día. Hoy, los beneficiarios se cuentan por cientos.
Aquel primer esfuerzo fue el germen de una iniciativa mucho más grande y se convirtió en la Asociación Civil Saciando al Pobre, con la que el padre Benito, sus colaboradores y bienhechores han abierto comedores comunitarios en distintas iglesias, ayudando a cientos de desprotegidos.
Desde hace siete años, durante el invierno, los pisos de la Parroquia de La Soledad se llenan de colchonetas donde duermen cientos de indigentes, mujeres en situación de prostitución y migrantes que reciben una cobija y comida.
Pero el apoyo que brindan el padre Benito y sus colaboradores no se limita al techo y la comida; también ofrecen retiros espirituales, pláticas de formación, ayuda psicológica y apoyo para su recuperación.
Nuestra labor la hacemos con la idea de que la gente sienta a Dios cerca de ellos; también para generarles confianza y amor, y para que, si en algún momento se ofrece y alguien quiere y está dispuesto a salir de la situación de calle, podamos ayudarle y orientarlo”, agregó.
El padre Benito busca que las personas vulnerables vean la iglesia de La Soledad como una casa, “como una gran familia, para ver la vida de forma positiva y salir adelante”.
Para lograrlo necesitan capacitación laboral, pero también sentir que la sociedad cree en ellos, que los que estamos ahí creemos que son importantes. Darles amor, sólo de esta manera podrán cambiar y encontrar el rumbo de su vida”.
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