Buscar a tus desaparecidos o trabajar, una encrucijada en México
Familiares de personas desaparecidas enfrentan despidos y precarización en su anhelo de encontrarlos; ante la falta de un marco legal que garantice sus empleos, recurren a medidas extremas como la autolesión

Buscar a un ser querido desaparecido no se hace en el tiempo libre. La búsqueda es una actividad prioritaria que transforma la vida de quienes anhelan hallar a sus familiares.
En medio de la angustia y el duelo que implica intentar localizar a un familiar desaparecido, los buscadores se topan con una encrucijada. Por un lado, seguir buscando y, por el otro, mantener sus trabajos.
La desprotección laboral es uno de los problemas que viven las víctimas indirectas de la desaparición forzada en México.

“Una de las principales presiones a las que se enfrentan es justo quedar en esta disyuntiva de: ¿cómo puedo estar en búsqueda si a la vez tengo que seguir haciendo el aporte de sustento económico, de los ingresos, a mi núcleo familiar”, explica en entrevista Alejandra Ramírez, autora de la investigación Impactos psicosociales y labores de cuidados en hombres buscadores, del Centro de Análisis e Investigación Fundar.
“Recordemos que la mayoría de quienes son víctimas vienen ya de familias con procesos de pauperización, con situaciones de precariedad, en condiciones socioeconómicas difíciles. Entonces sucede un hecho de violencia extrema, como es la desaparición de un hijo, de un hermano, de un familiar, y esto, obviamente, genera mucho desgaste en todos los sentidos… en términos psicológicos, emocionales, pero económicos también”, detalla.
Un ejemplo de ello es el caso de la familia de Alberto Arce Flores, en Guerrero.
“A mí se me agotaron todas mis vacaciones, mis recursos, mis permisos y ya tenía que presentarme a trabajar”, contó a Excélsior Ismael, hermano de Alberto.
Junto con su mamá, su hermana Karina fue la que siguió buscando.
Regresé (al trabajo) y me encontré un acta de abandono por 42 días, donde me decían que tenía que justificar por qué había faltado… O sea, estuve a nada de perder mi plaza por buscar a mi hermano. Ellos no entendían que yo no falté por ir a jugar, por estar en mi casa. No entendían que yo faltaba por ir a buscar a mi hermano”, relató Karina.
Ante esta problemática, diversos colectivos y especialistas exigen una reforma que obligue a las empresas privadas a brindar permisos con goce de sueldo para diligencias de búsqueda humanitaria, y que el Estado reconozca formalmente la calidad de las víctimas dentro de un sistema integral de cuidados.
“Lo que identificamos es la importancia de llevar esta discusión al Sistema Nacional de Cuidados… cómo jalamos para que nadie esté solo cuidando su familia, a la vez que trabaja y busca”, señala Alejandra Ramírez.
Autolesión, el extremo al que llegan buscadores
La falta de flexibilidad en los empleos y una ley que los proteja laboralmente lleva a buscadores y buscadoras a tomar medidas extremas, como la autolesión.

“Hay casos donde dicen que, al principio, cuando desapareció su familiar, pidieron vacaciones y permisos. Hay un testimonio durísimo donde uno de los buscadores dice: ‘bueno, voy a pedir licencia en el Seguro Social. ¿Qué puedo hacer? Atentar contra mi propia salud’”, afirma Ramírez, psicóloga y doctora en antropología, respecto a una de las historias recabadas para su investigación.
“Al momento de la desaparición de mi hermano era empleado de una empresa y pedía días de permisos y vacaciones para buscar todos los días a mi hermano en carreteras, barrancas, basureros, Semefos.
Pero se terminaron mis opciones…
“En el Seguro Social no me quisieron dar días de incapacidad, así que busqué a una enfermera para que me hiciera un corte profundo en una de mis manos. Me dieron alrededor de siete puntos y sólo obtuve quince días de incapacidad, yo esperaba que me dieran un mes”, contó a Fundar un hermano buscador.
Bajo amenaza de despido
En búsquedas que pueden extenderse años o décadas, como el caso de Alberto y su familia, el despido se hace presente y, con ello, la pérdida de ingresos y seguridad social, en un momento en el que, además, afloran las necesidades.

Así, familias sobreviven económicamente, venden propiedades y objetos de los cuales pueden desprenderse, no sólo para mantenerse a flote, sino para seguir buscando.
“Para las víctimas no es nada flexible, siempre están bajo la amenaza del despido. No pocos ya han tenido situaciones de perder un empleo formal, con todos los derechos laborales, para irse, por ejemplo, a vender a un tianguis, con lo cual tienen más flexibilidad de tiempo, pero quedan desprotegidos en seguridad social…
“Finalmente, perder un trabajo formal es una pérdida dentro de una gran pérdida que es la desaparición de un ser querido, y es parte de los daños que, insisto, poco visibilizamos”, concluye Alejandra Ramírez.