El ajolotario familiar que protege a más de mil 500 ejemplares
El Ajolotario Miquiztli, en Pachuca, Hidalgo, resguarda más de mil 500 ajolotes y promueve el cuidado de su hábitat ante diversas amenazas

Hace ocho años, una familia de Pachuca, Hidalgo, decidió convertir su propia casa en un refugio para preservar al ajolote mexicano. Lo que comenzó como una iniciativa familiar hoy es el Ajolotario Miquiztli, un espacio que alberga a más de mil 500 ejemplares y busca generar conciencia sobre la protección de esta especie y de su hábitat.
El proyecto surgió con la intención de aportar al cuidado de la naturaleza y proteger a uno de los anfibios mexicanos que enfrenta amenazas por la destrucción de su entorno y la introducción de especies invasoras.

“Estamos en el ajolotario Miquiztli, es un predio establecido para cuidar lo que es la vida silvestre, en este caso, bueno, pues los ajolotes”, explican durante el recorrido.

La finalidad, señalan, es que las personas conozcan la importancia de conservar el ambiente donde vive esta especie y eviten prácticas que contribuyen a su deterioro.

Un refugio dentro de una casa familiar
El espacio que antes era la vivienda de Madie y su tío Néstor fue adaptado para albergar a los ajolotes.
El objetivo no solamente es mantener ejemplares bajo cuidado, sino también hacer conciencia sobre la conservación de su hábitat.

Entre las principales amenazas que buscan visibilizar está la introducción de especies invasoras, como:
- Carpa.
- Tilapia.
- Trucha.
- Ranas.
El ajolotario también busca evitar la comercialización de estos animales.
Durante el recorrido se pueden observar ejemplares con diferentes características y coloraciones. Entre ellas se encuentra la denominada GFP, proteína verde fluorescente, relacionada con genes o proteínas presentes en algunos tipos de medusas que producen esa característica de fluorescencia.

También cuentan con ejemplares de coloración mosaico, una característica asociada con la presencia de un cromosoma extra.
Ajolotes de distintos lugares y una alimentación especial
El ajolotario alberga ejemplares con diferentes características. Entre ellos se encuentra uno originario del agua de Sacapu, Michoacán.

Durante la visita, Madie alimenta a uno de los ajolotes con lombrices acuáticas.
El ajolote es un depredador natural y estrictamente carnívoro. De acuerdo con la explicación durante el recorrido, si detecta que su alimento no está vivo, puede no consumirlo.
La alimentación forma parte de los cuidados necesarios para mantener a los ejemplares dentro del espacio familiar.

Estanques que recrean su hábitat natural
El ajolotario cuenta también con un área de estanques. Uno de ellos busca simular las condiciones de su hábitat natural y concentra alrededor de 50 ejemplares.
La vegetación cumple una función importante dentro de estos espacios. Además de contribuir a filtrar el agua, puede generar alimento, como caracoles acuáticos, y proporcionar protección frente a los rayos del sol.
Los ajolotes no tienen párpados, por lo que la vegetación también ayuda a proteger sus ojos de la exposición directa.

“Con una persona que cambiamos el pensamiento”
Para quienes participan en el proyecto, la conservación no depende únicamente de mantener a los ejemplares dentro del ajolotario, sino de lograr que más personas cambien su relación con la naturaleza.
“Con una sola persona que cambie su mentalidad o cambiarle el chip a una persona sobre todo lo que se encuentra alrededor de ellos, sobre la naturaleza, su medio natural”, explican.
Para la familia, conseguir que una persona modifique su manera de entender y cuidar el entorno ya representa un resultado importante.
“Con una persona que cambiamos el pensamiento, con eso nosotros nos damos por bien servidos”, señalan.