MUAC inaugura exposición sobre los derechos de la naturaleza y la justicia ambiental
La muestra "Desde el umbral" reúne 23 obras de artistas, investigadores y activistas que exploran la relación entre los seres humanos y el mundo más que humano, desde los océanos y los animales hasta los territorios amenazados por la crisis ambiental

La naturaleza como sujeto de derechos, capaz de existir, regenerarse y mantener sus ciclos vitales más allá de serle útil a los seres humanos; como un ente que merece reconocimiento, cuidado y protección por sí misma.
Éste es el eje temático de la exposición Desde el umbral, que reúne 23 obras de artistas, colectivos, investigadores y activistas y se inaugura mañana sábado, a mediodía, en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM.
La muestra, que se exhibirá en dos salas del recinto hasta el 11 de diciembre, hurga desde la creatividad en temas como los derechos de los océanos, de los animales y las plantas, la comunicación interespecie, la violencia y la justicia ambientales y la devastación y la defensa de los territorios.

Nos invita a replantar nuestra relación con el medioambiente. La naturaleza y el hombre no son entidades separadas”, comenta en entrevista la cocuradora Lucía Sanromán, quien, junto con Alejandra Labastida, enfocó la propuesta en los derechos de lo más que humano.
“Nuestra definición de lo natural está trastocada por cosas que asumimos como válidas. Entre ellas que el ser humano es superior, que la naturaleza está para servirlo, que ésta no es un ente vivo que tiene sus características y su modo de hacer realidad”, explica.
La especialista destaca que el deseo del MUAC de ser más sustentable invocó Desde el umbral.
“Esto es alimentado por la crisis climática, la medioambiental; y que estamos generando un mundo lleno de daños a la naturaleza y, por lo tanto, a nosotros mismos”.
Indica que les interesó entender qué papel puede jugar el arte y el museo de arte en ese diálogo. “Hay muchos artistas que trabajan este tema desde lo emocional-poético-especulativo, hasta creadores que utilizan herramientas de otras disciplinas”.

Algunas de las obras expuestas, prosigue, combinan arte, ciencia e investigación transdisciplinaria para explorar formas de comunicación con animales y plantas, o para examinar los efectos de la militarización sobre ríos y montañas.
Otras analizan procesos legales que han impulsado el reconocimiento de derechos para océanos, ríos y animales. En conjunto, las piezas muestran cómo la degradación ambiental y las distintas formas de exclusión social suelen estar conectadas”, añade Sanromán.
Artistas como Jimmie Durham, Tania Ximena, Ulf Rollof, Ariel Guzik, Tomás Saraceno y Elisa Schmelkes han desarrollado experiencias visuales, sonoras y poéticas que dialogan con ajolotes, ballenas, ríos, plantas y fenómenos meteorológicos para establecer puntos de conexión interespecie.
Otros proyectos, señala la investigadora, abordan el duelo ecológico desde la perspectiva de quienes han desaparecido o son particularmente vulnerables frente a la crisis ambiental.
Y cita a diversos artistas: Tuan Andrew Nguyen trabaja desde la mirada de un rinoceronte extinto en Vietnam, Javier Acevedo-Mota desde la catástrofe ambiental del Valle del Mezquital, Federico Pérez Villoro desde la militarización del Río Bravo y su impacto en las poblaciones migrantes, y PATIO Lab desde la creación de redes de cuidado para personas defensoras del territorio.
Creemos que la parte creativa del ser humano tiene la capacidad de generar universos hacia el arte, pero también hacia lo legal; es decir, qué tipo de entes tienen derechos a qué y cómo, esto es una creación humana también.
“Entonces, hay cierta arbitrariedad en definir el proyecto cívico del presente en relación con eso. Pero sí ofrece una plataforma para ayudarnos a expandir lo que debería ser normal para nosotros, que es el cuidado de todos los entes, incluyendo ríos, montañas, desiertos, océanos”, afirma.
Considera que esta iniciativa les ha permitido salirse de los lugares comunes de su práctica. “Todos los curadores tenemos hábitos que generan una forma de ver el mundo y la estética motiva cierto ordenamiento.
“Al poner estas cosas dispares, al jugar con la noción del umbral entre el arte comprometido social y medioambientalmente y la política pública, se da una especie de chispa inesperada”, dice.