Coronel Mayer, precursor de la inteligencia

Las guerras civiles no sólo se ganan en el campo de batalla. Así lo demuestra la historia del coronel, quien desde una agencia civil creada por el presidente Plutarco Elías Calles encabezó un eficiente grupo de inteligencia en el México posrevolucionario

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En el Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional se encuentra el expediente personal del coronel primero de caballería Francisco Alejandro Mayer Ríos, quien entre otras cosas combatió la alzada de Victoriano Huerta, en los convulsionados días de la Revolución. Fotos: Especiales

CIUDAD DE MÉXICO.

En el verano de 1925, el coronel primero de Caballería  Francisco Alejandro Mayer Ríos fue nombrado subjefe del Departamento Confidencial de la Secretaría de Gobernación, una agencia civil establecida por Plutarco Elías Calles para vigilar y dar seguimiento a cualquier oposición al gobierno central.

De puño y letra, el coronel Francisco A. Mayer explica su defensa ante las acusaciones de fraude y desobediencia del general Galindo

Cerca del equinoccio de verano, en el mes de agosto, Marte dominaba el cielo y también la atmósfera política de México; era el presagio de una guerra santa en la que miles de mexicanos murieron y mataron al grito de ¡Viva Cristo Rey!

El coronel Mayer tenía entonces 38 años (nació el 29 de noviembre de 1887 en la ciudad de Texcoco). Desde el cargo conferido ejecutó entre 1925 y 1927 buena parte de la acción política del gobierno mexicano en defensa de la Constitución de 1917, entendida como el ejercicio del interés de la mayoría. Conoció, como pocos, la importancia de los aparatos administrativos del gobierno y la relación entre la administración política y los triunfos militares. Su gestión es un ejemplo claro de que las guerras civiles no sólo se ganan en los campos de batalla, aunque también en ellos había combatido.

Por su parte, los cristeros fueron alentados por el papa Pío XI, que buscaba una modificación de las leyes. El arzobispo Mora y del Río llamó a desconocer la Constitución. No había posibilidad de acuerdo. La guerra comenzó en Los Altos de Jalisco. Al inicio, los defensores de Cristo Rey pudieron rechazar a las fuerzas del gobierno; creían tener como aliados y defensores a vírgenes, ángeles, arcángeles y querubines, pero en realidad la otra institución de fuerza y poder, la Iglesia, había contratado al general Enrique Gorostieta, que los convirtió en un verdadero ejército.

Mayer, como muchos militares de la época, tenía una sólida experiencia en ambos temas: la administración y la guerra. Desde el Departamento Confidencial fue cabeza de un consistente y variable grupo de agentes que logró un eficiente y puntual servicio de espionaje y vigilancia del campo enemigo. La utilidad de estos servicios en la resolución de los problemas de un país en construcción era innumerable. El gobierno de Calles enfrentó varios levantamientos armados, pero la Guerra Cristera fue la última amenaza seria a la consolidación del nuevo régimen.

 

II. El soldado

En abril de 1914, mientras las tropas estadunidenses invadían Veracruz, el entonces sargento Mayer luchaba en favor del constitucionalismo y en contra del usurpador Victoriano Huerta. Mayer Ríos formó una guerrilla: Netzahualcóyotl, que alude a su origen texcocano, como parte del Ejército Libertador del Sur. “Durante el tiempo que militó en ella, se portó siempre a la altura de su deber, demostrando su don de mando y observando intachable conducta (...), según el expediente personal guardado en el Archivo Histórico de la Sedena.

Dos años después, en abril de 1916, ya con el grado de coronel e integrado a la Brigada Ocampo del Cuerpo del Ejército de Oriente, enfrentó en Veracruz a la contrarrevolución dirigida por Félix Díaz,   bajo las órdenes del general Heriberto Jara a quien lo unieron profundos lazos de amistad. Jara además de nombrarlo jefe del 17/o. Regimiento de Caballería le autorizó un permiso para que: “acudiera al llamado de su familia por motivos tan serios y urgentes como fue el fallecimiento de su señora madre.”

Accidentalmente, otro general de apellido Galindo se hizo cargo de la Brigada y canceló el permiso. Asimismo, Galindo y sus cómplices lo acusaron de desobediencia y fraude por la pérdida de un centenar de caballos. Sólo que el coronel Mayer Ríos había levantado un riguroso inventario cuando recibió el cargo; ese acto administrativo impidió que la acusación prosperara.

No obstante, fue dado de baja del Ejército y recluido en la prisión militar de Santiago Tlatelolco. Si era un civil,  ¿por qué fue procesado por el fuero militar? La respuesta es sencilla: Galindo necesitaba un chivo expiatorio para justificar el robo de los caballos y lo encontró en la persona de Mayer, que se vio seriamente afectado pues aun cuando fue liberado de la prisión causó baja en el Ejército.

Sus amigos veracruzanos Heriberto Jara y el agrarista Adalberto Tejeda, gobernador del estado, intervinieron en su favor. En abril, el primero lo nombró jefe de la Guarnición de la Plaza en Jalapa. Justo entonces los militares sonorenses encabezados por Calles se sublevaron y publicaron el Plan de Agua Prieta, en el que desconocieron al presidente Venustiano Carranza y a varios gobernadores. Ésa fue la última revuelta militar que triunfó en el México del siglo XX. Todos estos hombres, convertidos en historia, comenzaron un paulatino y gradual proceso de modernización en los años 20 del siglo pasado, que continúa y se extiende hasta nuestros días.

La modernización implica un cambio en la orientación de la sociedad que supera los lazos familiares o de amistad y hace cumplir el Estado de derecho. Lo ocurrido en México tras el movimiento armado de 1910 y el constitucionalismo es que no fue creada una verdadera sociedad democrática, a pesar de las protestas de aquellos provenientes de las propias élites gubernamentales. El asunto de los caballos muestra a una sociedad clientelar y patrimonialista.

Mayer, Jara y Tejeda se adhirieron a la rebelión sonorense que colocó en la presidencia al general Álvaro Obregón. Pero en diciembre de 1923, cuando concluía su gobierno, postuló a Calles como su sucesor. Adolfo de la Huerta también lanzó su candidatura, y con casi la mitad del Ejército se rebeló contra sus paisanos. La rebelión cundió por todo el país. Mayer combatió a los delahuertistas atrincherados  en Veracruz, junto con Jara y Tejeda.

Una vez derrotada la rebelión, Jara fue gobernador, pero no terminó su gestión debido al rompimiento con Calles y con el radical agrarismo de Tejeda. A su vez, Mayer fue propuesto como candidato a diputado local por el Partido Socialista Cordobés, pero el asunto de su baja en el Ejército salió a relucir entre los laboristas de Luis N. Morones,  lo que impidió su elección. El principal obstáculo para la consolidación del nuevo régimen seguía siendo la falta de unidad del grupo gobernante.

 Adalberto Tejeda ocupó la cartera de Gobernación y Meyer la subjefatura del Departamento Confidencial, donde introdujo a sus hombres de confianza, entre ellos al agrarista Úrsulo Galván a quien nombró agente confidencial de primera. Según la versión interna del Departamento Confidencial, el 31 de agosto de 1927 Francisco Mayer, a la par que Tejeda, renunció “por haber sido electo diputado Local en el estado de Veracruz. En el largo periodo de este subjefe, se hizo estimar de empleados y agentes por su corrección y amabilidad: procuraba ser útil a todos y jamás hizo resaltar su elevado cargo ante sus subalternos, y cuando les daba alguna comisión en las ausencias del jefe, siempre se expresaba en esta forma: por si le fuesen de alguna utilidad, le doy a usted estos datos que tengo sobre este asunto”. Cabe resaltar que al hacer la entrega del Departamento incluyó un detallado inventario de todos los bienes que le fueron confiados. El régimen revolucionario se vio amenazado en diversas ocasiones, incluyendo a los delahuertistas y cristeros, como lo demuestran los puntuales reportes de Mayer. La información generada por el Departamento Confidencial contribuyó a la detección de las amenazas reales a la seguridad del Estado nacional, a la obstrucción de las rebeliones y asonadas militares y también de las conspiraciones civiles.

Francisco Mayer fue propuesto como candidato a diputado local por el Partido Socialista Cordobés, en fórmula con Heriberto Jara

Si hasta 1928, antes de la crisis política derivada del asesinato de Obregón, el secretario de Gobernación había sido el segundo hombre más poderoso del país, a partir de diciembre el poder se fue deslizando hacia el Partido Nacional Revolucionario PNR, su creación e institucionalización hizo posible el control, desde la Ciudad de México de las entidades más distantes del territorio nacional, lo que consumió mucho tiempo y esfuerzos. El partido tuvo primero que establecer su hegemonía sobre los caudillos. El sector organizado de los sindicatos, la izquierda política y otros disidentes, todo esto en medio de la crisis financiera del 29, que obligó al régimen a limitar el de por sí limitado presupuesto, a restringir la exportación de materias primas y a establecer una rígida disciplina fiscal.

Mayer fue entre septiembre de 1930 y agosto de 1932 diputado federal del nuevo partido a la vez que secretario del Exterior y Acción Obrera del Comité Ejecutivo Nacional.

Desde la Legislatura, en congruencia con la política fiscal, presentó una iniciativa que prohibió la fabricación de alcoholes de maíz, papa, cebada y otras sustancias comestibles, porque gran parte del maíz que se producía en México se destinaba a la producción clandestina de alcohol. Lo que resultaba inmoral y antieconómico.  A Calles y su equipo les cabe el mérito indiscutible de haber desarrollado las instituciones políticas del régimen presidencial que se consolidó con la Constitución de 1917. En ese marco es que se explica que el Departamento Confidencial haya alcanzado un grado de eficiencia que sorprende hasta el día de hoy. Los posteriores servicios de información e inteligencia dependientes de la Secretaría de Gobernación tuvieron como base el trabajo realizado entre 1920 y 1930. Las élites revolucionarias persistieron en considerar a la seguridad del país como equivalente de mantener el control. Debido, en parte, al crítico proceso que se vivió para unificarlo.

Al comenzar la década de los años 30, la mayor parte de la violencia revolucionaria había finalizado. Los líderes militares que sobrevivieron al conflicto interno enfrentaron, entonces, el reto de crear un gobierno que fuera suficientemente fuerte como para estabilizar al nuevo régimen político y lo consiguieron.

(Agradezco al Archivo histórico de la Sedena por permitir una rápida consulta del Fondo Cancelados.)

* Licenciada en Historia por la UNAM y maestra en Ciencias por el Centro de Investigaciones Económicas Administrativas y Sociales del IPN.