Juan Diego y el milagro que lo hizo santo
La Iglesia Católica detalla que Juan Diego, a quien el Papa Juan Pablo II llamó 'el confidente de la dulce Señora del Tepeyac', nació en 1474 en Cuauhtitlán, entonces reino de Texcoco

CIUDAD DE MÉXICO.
El 31 de julio de 2002, Juan Diego, el indígena mexicano que de acuerdo a la fe católica presenció la aparición de la Virgen María en 1531, en el Cerro del Tepeyac, en la Ciudad de México, fue canonizado por el Papa Juan Pablo II.
¡Yo te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien!” (Mt 11, 25).
Queridos hermanos y hermanas: Estas palabras de Jesús en el evangelio de hoy son para nosotros una invitación especial a alabar y dar gracias a Dios por el don del primer santo indígena del Continente americano”, fueron las palabras con las que el Santo Padre inició la homilía en la ceremonia de canonización de Juan Diego.
De acuerdo con datos de la Iglesia Católica, Juan Diego, a quien el Papa Juan Pablo II llamó “el confidente de la dulce Señora del Tepeyac”, nació en 1474 en Cuauhtitlán, entonces reino de Texcoco, perteneciente a la etnia de los chichimecas.
El sitio web de la Basílica de Guadalupe resalta que la causa de beatificación de Juan Diego fue ocasión de estudios y debates, hasta de voces que pretendían negar su historicidad, por lo que en un documento pastoral detalla el largo camino a la canonización del indígena mexicano.
- En el año 1666, la Santa Sede abrió un proceso jurídico para reconocer la historicidad del Acontecimiento Guadalupano.
- En 1739, el erudito Lorenzo Boturini Benaduci recogió muchos documentos sobre el hecho guadalupano durante su viaje a la Nueva España con el objetivo de publicar su historia; muchos de estos documentos se perdieron cuando fue expulsado de dicho territorio.
- En 1754, Su Santidad En 1754, Su Santidad Benedicto XIV, acogió las peticiones de las autoridades eclesiásticas y civiles de la Nueva España y declaró la Virgen de Guadalupe como patrona principal de la Nueva España y de los Dominios de la Corona de España.
- En 1894, los obispos mexicanos obtuvieron la concesión por parte de la Sagrada Congregación de Ritos de la coronación canónica de la Virgen de Guadalupe. Entonces fueron presentadas de nuevo las Informaciones Jurídicas de 1666 y otros nuevos datos como respuestas a las “animadversiones, que negaban la historicidad de Juan Diego”.
- Durante su primera Visita Pastoral a México en 1979, Juan Pablo II presentó a Juan Diego como un personaje histórico, importante en la historia de la Evangelización de México.
- El 6 de mayo de 1990 se llevó a cabo la beatificación de Juan Diego en la Basílica de Guadalupe, por el Papa Juan Pablo II.
Un documento publicado en dicha página precisa que la beatificación, llevada a cabo con el método de las llamadas beatificaciones “equivalentes”, suscitó una polémica sobre la historicidad del acontecimiento guadalupano y sobre la misma figura de Juan Diego. “Dado que muchos Cardenales, Arzobispo y Obispos pedían la canonización del Beato Juan Diego, a principios de 1998, y ante las voces que pretendían negar la historicidad de Juan Diego, dentro del marco del proceso de canonización del beato indio, la Congregación Vaticana para las Causas de los Santos, decidió crear una Comisión histórica para analizar su fundamento”.
La Comisión solicitó la cooperación de unos 30 investigadores de diversas nacionalidades que ofrecieron una contribución decisiva no sólo para justificar la historicidad de Juan Diego, sino incluso para aportar nueva luz a la historia de México. El padre González expuso los resultados de este trabajo en un Congreso extraordinario celebrado en la Congregación Vaticana para las Causas de los Santos el 28 de octubre de 1998, obteniendo un éxito positivo en la resolución de las dudas presentadas sobre la problemática histórica de Juan Diego y del Acontecimiento Guadalupano”, se especifica en dicho sitio.
Juan Diego, el primer santo indígena de Latinoamérica
Una investigación diocesana llevada a cabo bajo la dirección del cardenal Ernesto Corripio, realizada entre los años 1990-1994, comprobó la curación milagrosa de un joven que cayó de una altura de 10 metros y quien, en primera instancia fue diagnosticado con muerte instantánea.
Juan José Barragán Silva, quien al momento del accidente tenía 20 años, tuvo una recuperación asombrosa, lo que sorprendió a médicos y científicos, a tal grado, de catalogarlo como un hecho sobrenatural.
Tal acontecimiento, atribuido a un milagro del indígena mexicano, fue suficiente para otorgar la beatificación “equiponenter” a Juan Diego, equivalente a la canonización.
Según un documento de la Congregación para las Causas de los Santos, difundido por la página católica Mariologia, en 1998, medios especialistas examinaron y aprobaron por unanimidad los estudios que los médicos realizaron durante el proceso diocesano, comprobando que era “naturalmente inexplicable” que Juan José estuviese vivo y sano con una recuperación tan rápida.
¿Cómo era Juan Diego? ¿Por qué Dios se fijó en él? El libro del Eclesiástico, como hemos escuchado, nos enseña que sólo Dios “es poderoso y sólo los humildes le dan gloria” (3, 20). También las palabras de San Pablo proclamadas en esta celebración iluminan este modo divino de actuar la salvación: “Dios ha elegido a los insignificantes y despreciados del mundo; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios.
Es conmovedor leer los relatos guadalupanos, escritos con delicadeza y empapados de ternura. En ellos la Virgen María, la esclava ‘que glorifica al Señor’, se manifiesta a Juan Diego como la Madre del verdadero Dios. Ella le regala, como señal, unas rosas preciosas y él, al mostrarlas al Obispo, descubre grabada en su tilma la bendita imagen de Nuestra Señora”, dijo Juan Pablo II aquél miércoles 31 de julio de 2002 durante la ceremonia de canonización.
El acontecimiento guadalupano -como ha señalado el Episcopado Mexicano- significó el comienzo de la evangelización con una vitalidad que rebasó toda expectativa. El mensaje de Cristo a través de su Madre tomó los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio el definitivo sentido de salvación”, agregó el Santo Padre.
De acuerdo con datos de la Iglesia Católica, tras la milagrosa aparición de la Virgen del Tepeyac, Juan Diego se fue a vivir a la capilla que alojaba la santa imagen, sitió en el que desempeñó diversos oficios y en el que entregó su vida para apoyar a los peregrinos. “Juanito”, como algunos lo llamaban, falleció el 30 de mayo de 1548 a la edad de 74 años.
¡Amado Juan Diego, “el águila que habla”! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que Ella nos reciba en lo íntimo de su corazón, pues ella es la Madre amorosa y compasiva que nos guía hasta el verdadero Dios”, dijo el Papa Juan Pablo II aquél 31 de julio de 2002.

jcp
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