Los ‘micromachismos’... no matan, pero violentan

Así se fomenta la violencia de género en nuestros días

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CIUDAD DE MÉXICO.

La violencia se ha disfrazado históricamente en medio de la vida cotidiana; han surgido ‘micromachismos’ que no matan, pero violentan.

En 1993, la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra las mujeres de las Naciones Unidas estableció un marco de acción para luchar contra esta pandemia que azotaba a la sociedad de aquella época.

Han pasado 23 años desde dicha declaración y se siguen registrando datos de violencia, física y psicológica, contra la mujer. Y en pocos casos se menciona la violencia que la sociedad ha normalizado a través de usos y costumbres de la vida cotidiana.

Dada la visibilidad que se ha dado a la violencia física contra las mujeres, en muchos casos los agresores han optado por recurrir a pequeñas acciones que expertos han denominado ‘micromachismos’; y, como su nombre lo indica, se trata de pequeñas versiones de este pensamiento que siguen violentando a la mujer por su condición de género.

¿Qué es el machismo?

Como lo indica Marina Castañeda en su libro ‘El machismo invisible’, “no es sólo un atributo personal, sino básicamente una forma de relacionarse. No engloba sólo una serie de creencias y conductas individuales: expresa una relación basada en cierto manejo del poder, que refleja desigualdades reales en los ámbitos social, económico y político.”

Así acciones como las divisiones de género en la que los hombres salían a laborar y las mujeres se quedaban en casa a cuidar a los hijos han quedado atrás en algunos casos, pero sigue habiendo casos en los que la mujer no sólo tiene que cumplir con un horario laboral sino, además, realizar todas las actividades del hogar porque su pareja ‘no ayuda’.

¿Cómo detectar los ‘micromachismos’?

En concreto estas formas de violencia se refieren a una imposición de formas de actuar y pensar, limitando así la capacidad de decisión que las mujeres tienen sobre su vida e incluso sobre su cuerpo.

Además de que repiten de forma sutil patrones del ‘antiguo machismo’, por ejemplo, cuando una mujer decide trabajar y lo hace ‘con el permiso’ de su pareja. Dejando así en la invisibilidad su capacidad y derecho a desarrollarse profesionalmente.

¿Qué hacer?

La tarea dentro de la sociedad, al interior de las familias y en las escuelas es cambiar el discurso de la vida cotidiana. Entender que no basta con frenar la violencia física que mata a las mujeres día con día, sino que es necesario modificar los roles y los discursos que las siguen violentando de manera sutil, incluso desde el hogar.

A 23 años de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra las mujeres de las Naciones Unidas, queda mucho trabajo por hacer. Y mucha violencia de género por erradicar.