Israel, Estados Unidos o Irán: ¿Quién está ganando la guerra?

Israel contiene ataques, Irán presiona indirectamente y EU busca controlar la narrativa de la guerra.

thumb
La narrativa internacional es clave en la percepción del conflicto, por eso Estados Unidos e Israel mantienen un control ferreo de la información de heridos y daños.Pexels.

No hay un parte oficial que declare ventajas, pero sí un punto de partida: el 28 de febrero de 2026, una escalada de ataques entre Israel y fuerzas respaldadas por Irán abrió una fase más directa del conflicto, con participación estratégica de Estados Unidos. Desde entonces, la dinámica ha dejado de ser contenida para convertirse en una confrontación de múltiples capas, donde los resultados no se miden sólo en el terreno militar.

Reportes de BBC News y análisis del Council on Foreign Relations coinciden en que la guerra actual combina ataques directos, operaciones indirectas y presión económica global. La pregunta sobre quién va ganando exige, más que una respuesta rápida, una lectura cruzada de factores militares, financieros y energéticos.

Golpes militares y vulnerabilidades expuestas

Uno de los elementos más relevantes del conflicto ha sido la intensidad de los ataques. En las primeras semanas tras el 28 de febrero, Israel ejecutó bombardeos selectivos contra infraestructura vinculada a milicias aliadas de Irán en distintos puntos de la región. En respuesta, se registraron lanzamientos masivos de misiles y drones hacia territorio israelí, algunos de los cuales lograron superar sistemas de defensa.

Aquí aparece un punto clave: la percepción de invulnerabilidad de la Cúpula de Hierro se ha matizado. Aunque sigue siendo uno de los sistemas más avanzados del mundo, informes citados por Reuters documentan que ataques simultáneos y de alta saturación han logrado impactar zonas urbanas, evidenciando que el sistema no es impenetrable bajo presión sostenida.

thumb
Israel mantiene ventaja militar, Irán expande su influencia y EU equilibra.Pexels.

Especialistas del International Institute for Strategic Studies señalan que este tipo de vulnerabilidades no implica un colapso del sistema, pero sí cambia el cálculo estratégico: Israel mantiene superioridad tecnológica, pero enfrenta un costo creciente para sostenerla frente a ataques continuos.

Irán, sin entrar en combate directo a gran escala, ha mantenido su estrategia de proyección mediante aliados regionales. Este enfoque le permite influir en el conflicto sin exponerse completamente, aunque también limita su capacidad de lograr avances decisivos.

Costos económicos y poder energético

El frente económico es donde el conflicto adquiere otra dimensión. Para Estados Unidos, el respaldo a Israel ha implicado un gasto significativo. De acuerdo con reportes de Congressional Budget Office y análisis retomados por The New York Times, el apoyo militar y logístico ha superado los 30 mil millones de dólares en este periodo, incluyendo sistemas de defensa, municiones y despliegue estratégico en la región.

Este costo no es sólo financiero. También implica desgaste político interno y presión sobre su política exterior, especialmente en un contexto global donde múltiples conflictos compiten por recursos y atención.

En paralelo, el factor energético ha cobrado relevancia. Irán, como actor clave en el mercado petrolero, ha visto cómo la tensión eleva la volatilidad de los precios del crudo. Análisis del International Energy Agency indican que cualquier disrupción en la región impacta directamente en el suministro global, lo que otorga a Irán una forma indirecta de influencia económica.

Especialistas coinciden en que, bajo esta lógica, no hay un ganador absoluto, pero sí ventajas parciales. Israel mantiene control militar inmediato y capacidad de respuesta; Irán sostiene presión regional y capitaliza el factor energético; Estados Unidos conserva influencia global, aunque a un costo elevado.

Más que una carrera hacia la victoria, el conflicto se perfila como una prueba de resistencia. La pregunta ya no es quién va ganando hoy, sino quién podrá sostener su posición cuando el desgaste —militar, económico y político— empiece a redefinir los límites de cada actor.