Dante y Soledad, la maternidad, un proceso de alma

Irene Azuela protagoniza la ópera prima de Alexandra de la Mora, en la que se aborda el proceso claroscuro y transformador de una mujer y su pareja ante la llegada de un bebé

Actores Irene Azuela y José María Yazpik
Actores Irene Azuela y José María Yazpik

Con un planteamiento honesto acerca de la maternidad, una faceta llena de claroscuros, es como la directora Alexandra de la Mora y la actriz Irene Azuela retrataron la transformación emocional y física que vive una mujer en el redescubrimiento de sí misma a partir de tener un bebé en la película Dante y Soledad.

Con una propuesta visual contemplativa, en la que hay silencios tan incómodos como contrastantemente “ruidosos”, así como ocurre en la primera etapa del cuidado de un nuevo ser, la película aborda cómo la vida se modifica, el idilio de la pareja cambia y el paso del tiempo incluso transcurre distinto ante el insomnio y la demanda física, mental y emocional que requiere este proceso, en el que una mamá va de la abismal tristeza al amor profundo en tan sólo un momento.

Basada en el cuento El matrimonio de los peces rojos, de Guadalupe Nettel, la historia aborda también la depresión postparto, la ansiedad, la sensación de no poder con tal responsabilidad, el cansancio avasallador, el no querer ayuda y la dura pregunta de “¿si querías tener un hijo?”.

Azuela compartió su experiencia con la maternidad y lo interesante de la construcción histriónica que hizo para el rol.

Cuando estábamos haciendo la película, yo estaba con la idea de volverme a embarazar y era muy interesante (pensar en todo el panorama), porque la referencia que yo tuve fue mi madre, de escuchar sus historias y ver cómo llevó su maternidad, que siempre fue como muy ligera, muy natural, pues se embarazó tres veces y fueron partos naturales los tres. Entonces, cuando yo llego a ese momento en el que soy madre y resulta que el primer embarazo se pierde, yo digo ‘¿cómo que se pierden embarazos? ¿qué es eso? ¿por qué nadie me había dicho que sucedía eso?’. Y luego, ¿cómo que una cesárea? Si yo más bien soy de las que tendrían que estar saliendo del hospital caminando. Y yo soy de las que… porque en mi familia ha sido así.

Empecé a darme cuenta de una cantidad de pensamientos heredados que tuve, y que tenemos todos, con respecto a la maternidad y que pueden jugar en contra, porque no hay una manera individual de atravesar el camino. No importa cuántos libros leas o cuánto te platiquen, tú tienes que caminar y atravesar por ese sendero para llegar a un lugar en el que digas ‘ésta es mi versión’”, expresó la protagonista a Excélsior.

Para la actriz, ha sido enriquecedor escuchar cómo los espectadores perciben la trama bajo su experiencia personal.

Lo que pasa es que nos cuesta trabajo decir ‘ha sido difícil para mí la lactancia, ha sido difícil mantener la paciencia’. ¡Es muy difícil! A lo mejor a unos nos costó más trabajo que a otros, pero es complejo poner la dificultad sobre la mesa.Ha sido muy interesante para nosotras escuchar lo que la gente percibe cuando ve la película, porque nunca pensamos en el impacto y nos sorprende muchísimocómo a partir de habitar una verdad en el set, logramos que quienes vean la película puedan relacionarse con ella, independientemente de si tienen la experiencia de haber parido o no. En ese sentido está la confirmación de que la maternidad nos apela a todos y nos invita siempre a una serie de reflexiones”, enfatizó.

El filme también explora el terreno de la pareja donde también se busca una evolución para adaptarse al nuevo integrante.

Sí hay un antes y un después en la pareja, sin duda. Se necesita voluntad, trabajo y tiempo para reencontrarte y recuperar lo que los hizo estar juntos, porque es un quiebre. Y también es importante hablar de lo que les pasa a ellos (padres), porque un bebé, de tres meses, necesita a su madre para alimentarse y poder estar bien. Al padre no. Entonces, esa figura es durísima, porque él quiere estar, procura , pero sabe que no es tan indispensable y ahí hay una discusión enorme”, compartió Irene, quien como anécdota compartió que en el set fue Yazpik quien se llevó las sonrisas de la bebe, aún sin estar tanto tiempo con ella, como a veces sucede en la vida real.

UNA METAMORFOSIS

Alexandra de la Mora reveló que su ópera prima nació de su propia maternidad.

Cuando yo me convertí en madre, yo realmente quería serlo en ese momento y supe que no hubiera podido serlo antes. De alguna manera, siento que llegué bien parada a ese momento, muy consciente, pero me acuerdo que mi primera hija no dormía nada y eso me afectó profundamente. Y lo que me llamó la atención fue darme cuenta de que yo, que según vengo de un mundo en el que hay conversaciones de todo tipo y no hay tabúes, nadie me previno para un proceso tan complejo y transformador. ¡No me imaginé! Y empecé a ver puertas que se podían abrir y me cuestioné muchas cosas.

Y cuando muchas de mis amigas empezaron a ser mamás y vi la descolocación que nos estaba provocando a todas, me pareció importante contar esta película a nivel de sensaciones y no con una narrativa tradicional, porque para mí era un proceso de alma y ¿cómo cuentas algo que le sucede al alma?”, detalló De la Mora.

La narrativa es sencilla, pues relata el cotidiano de una pareja, con énfasis en la mujer que se ha convertido en madre y su transición de la vitalidad del agua al ahogo, a través de la metáfora de dos peces, a los que ha llamado Dante y Soledad.

Las imágenes se convierten en gran parte de los diálogos, desde un terreno pedregoso, la arena del desierto, el apabullante sol y el hogar en desorden, así como el nadar tranquilo de los peces.

Fue una suma de muchas cosas, pero la historia nace de la experiencia directa de convertirme en madre y de saber que es lo más transformador que me va a pasar. Al mismo tiempo, veía a la gente y pensaba ‘¡Todo el mundo tiene una mamá!’. Es decir, por un lado, es lo más fuerte y asombroso y, por el otro, lo más común del mundo. Estaba llena de contradicciones que me hicieron cuestionarme muchísimas cosas”, dijo la directora.

En su análisis también explora la sanación con nuestra propia madre, la abuela.

Me di cuenta cómo la maternidad te lleva a tus miedos más profundos y, en este caso, había que escoger uno y me pareció importante irme a la mamá, que es un poco el reflejo y justamente retratar que, claro, tienes miedo de convertirte en ella, pero ¡son idénticas! Entonces, cómo tú haces paz con tu propia historia para poder iniciar la tuya y no cargar lo que tienes desde hace mucho tiempo”, concluyó.

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