'Sueño con casarme y tener hijos': Eduardo Verástegui
El formar una familia sea por la vía natural o a través de la adopción, es una de las asignaturas pendientes que este codiciado galán tiene en la vida

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de mayo.- Sencillo, siempre sonriente y amante del cine es como regresó a México Eduardo Verástegui. Más de diez años de ausencia en nuestro país hicieron que el exintegrante del grupo Kairo y protagonista de telenovelas como Soñadoras y Tres mujeres generara mucha expectativa sobre su regreso. Ahora con una misión en la vida, entretener al público con su productora de cine, Verástegui trae consigo el proyecto de su vida, su primera cinta como productor, El gran pequeño (Little boy), que mañana llegará a todas las salas del país.
Eduardo, te ha ido muy bien en esta faceta como productor de cine tan es así que hoy estrenas Little Boy, El gran pequeño en México, ¿contento?
Estoy muy contento porque es una combinación que lleva un mensaje de unidad. Es una historia americana, pero en un lenguaje universal producida por mexicanos y filmada en México. La historia sucede en un pueblito en California en Estados Unidos en los años 40, en la Segunda Guerra Mundial en donde nos centramos en la familia Busbee, que está formada por un matrimonio con dos hijos, London de 18 años y Little boy, un pequeño de 8 que parece de 4 años, muy chaparrito que lo bulean con todo en la escuela. De enano no lo bajan, lo zapean, le hacen la vida imposible, pero a él no le importa, porque se refugia en el amor de su papá, quien es su único amigo y con quien hace todo. El peor enemigo de Little boy es la guerra quien le va a arrebatar a su papá y todo porque esta familia tiene una tradición que en tiempos de guerra alguien tiene que ir y por el pie plano del hermano mayor, el papá de Little boy tiene que ir. Así es como empieza la película y el reto de Little boy; regresar a como de lugar a su papá de la guerra vivo.
¿Cuál fue la idea que quisiste plasmar con esta historia?
Es un cuento para adultos, pero contado desde la perspectiva de un niño de 8 años. La idea es que más que una película sea una idea familiar, es invitar a todos los adultos a que se conviertan en niños o niñas desde los zapatos del personaje. Se van a enfrentar a la guerra, al odio, a la división, el rencor, el dolor, la falta de esperanza, el bullying, problemas que lamentablemente siguen existiendo. Estoy convencido que con el arte puedes sanar las heridas del mundo puedes terminar de alguna manera con las divisiones.
Gran parte de la película relata mucho la fe que el niño tiene por la vida, por las cosas en sí...
Para mí es lo más importante y es el centro de mi vida. Cuando leí el guión me conecté mucho con la historia, porque yo también soy de un pueblito muy pequeño tal cual Little boy es. Mi familia me metió a la primaria a los 5 años, todos eran mayores que yo, era el más chaparrito y el bullying estaba enfrente de mí y esos miedos y esas inseguridades. Eso de estar todo el tiempo corriendo porque hay dos que tres que te quieren dar tus zapes, etc, lo sentí y lo viví cuando leí el guión de Alejandro Monteverde y Pepe Portillo, pero lo que a Little boy le ayudó fue haber creído en algo más grande que él. Esa fe que siempre tuvo sin dudas, sin titubear, fue lo que lo sacó adelante.
¿Tú tuviste fe al igual que Little boy para salir adelante?
Sin duda alguna. Ahora mírame, y ya no soy tan chaparrito (risas). Siempre fui chaparrito pero siempre soñé en grande y ¿sabes qué fue lo que me hizo soñar de esa forma? La fe. Aunque hubo momentos donde me perdí, me descarrilé, siempre estuvo en mí la fe. Aunque debo decirte que la fe fue mi centro de atención hasta que cumplí 28 años, y cuando la descubrí me agarré de las dos manos. Si tú me hubieras entrevistado cuando yo tenía 7 años y me hubieras preguntado: ¿Tú crees que te puedas salir de tu pueblo y mudarte a México para empezar cantando en un grupo, protagonizar telenovelas y mudarte a Miami para hacer otro disco y luego mudarte a Los Ángeles para hacer tu propia productora de cine? Yo te hubiera contestado que no, que se escuchaba muy bonito, pero se quedaría sólo en un sueño; sin embargo, gracias a mi fe ya soy esa persona.
¿Sigues viviendo cosas imposibles?
Sí, claro. Por ejemplo, cuando Alejandro me dio el guión de esta película, para mí era imposible recaudar el dinero y producirla como cineasta independiente, pero no me quedé con los brazos cruzados y busqué muchos canales para hacerlo. Ahora te puedo decir que Little boy es la película más costosa producida de manera independiente en México.
¿Cómo fue que escogiste al pequeño actor Jakob Salvati, el niño que protagoniza la historia?
Fue algo muy curioso porque hicimos un casting de 30 niños y entre esos estaba Jakob, y nos llamó mucho la atención, pero la directora de casting nos dijo que ese niño no iba a audicionar, iba a acompañar a su hermano mayor que padecía de autismo y los papás lo traían porque tenía memoria fotográfica y una gran sensibilidad. Finalmente vimos a Jakob nueve veces, nos conveció y se quedó él. Su familia y su hermano autista lloraron de gratitud porque estaban perdiendo su casa, se estaban quedando sin dinero y la actuación de Jakob, sin duda, ayudó a esta familia. Ahorita el chavito está muy asediado por agentes, promotores de cine, lo quieren en más proyectos.
¿Te ilusionan los premios?
Lo que más me puede ilusionar es que la gente vaya a verla. Mi Oscar sería que alguien se me acerque y diga: tu película me conmovió, me inspiró, me ayudó a perdonar, me cambió la vida. Sin embargo, te mentiría si te dijera que no me importan los premios, sí me interesan, no como fin, sino como medio, porque es un medio para que más gente la vea.
¿Ha valido la pena haberte mudado de tu país, haber dejado de hacer muchas cosas por esta nueva faceta?
Sí, claro. Todo lo que vale la pena siento yo, como ganar una medalla o reconocimiento, requiere sacrificio. Nadie va a las olimpiadas porque se levantó con ganas. En cine hay mucha competencia y es muy difícil hacer una película, hacer una película mala es un milagro, pero hacer una película buena creo yo que aún no hay palabra que describa eso. Lo que he aprendido, he gozado en estos cinco años ha sido maravilloso. Mucha gente piensa que me fui de México, pero no. Estoy en México, el hecho de que tenga un pie en Los Ángeles no es que no esté en mi país, hay más de 7 millones de mexicanos donde vivo, así es que no. Trato de realizar todos mis proyectos se idean allá, los aterrizo en México. Esta película la filmé aquí en Rosarito, Baja California, viví un año por acá y voy y vengo todo el tiempo.
¿No regresarías a las telenovelas?
Me han buscado muchas veces y algún día me encantaría producir una, pero el tiempo no me da. Tú sabes que el cine es muy exigente y demandante.
DESPIERTA SU INSTINTO PATERNAL
Eduardo, ahora que estuviste conviviendo con Jakob y demás, ¿no se te despertó ese instinto paternal?
Obviamente. Yo creo que es un instinto natural, de tener una familia, de tener hijos, hijas. Siempre lo he soñado desde que era niño. Veo a mis papás y veo que formaron una familia bonita y siempre he visto una familia, he covivido con hermanas, primos y las navidades y fiestas siempre hay familia, pues sí nace este instinto de padre y de adoptar. Independiente de tener hijos, la adopción se me hace lo más increíble que hay, darle a alguien una oportunidad y un hogar, una familia. Estoy dispuesto a dar la vida por mis hijos, naturales o adoptivos. Haciendo esta película claro que se me despertó el instinto de ser papá, pero todo a su tiempo, vamos a esperar. Mientras tanto sigo preparándome. Mi meta es convertirme en una mejor persona y cuando eso llegue pueda darle lo mejor de mí a mi esposa y a mis hijos.
¿Sueñas con casarte?
Por supuesto. Sueño con casarme el día de mañana y quiero concentrar mi vida en una persona si ésa es la voluntad de Dios y verla a los ojos y decirle que le he sido fiel durante muchos años y decirle también que me he estado preparando para darle lo mejor de mí.
hch
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