Verónica Ortiz Lawrenz transforma su dolor en poesía
'El dolor me acompaña constantemente. Ya no es tan fuerte como en los primeros años, pero el dolor te habita', señala

Hace cuatro años, la narradora y poeta Verónica Ortiz Lawrenz resbaló de una escalera y sufrió un desnucamiento. Sobrevivió, pero su vértebra atlas, que es el hueso más alto de la columna vertebral y que sostiene la cabeza, se fragmentó en seis pedazos.
La gente a la que le pasa esto se muere al instante, pero yo no morí”, dice en entrevista con Excélsior la escritora, quien fue llevada al quirófano para una operación de emergencia que hasta hoy le ha dejado múltiples secuelas. De aquella tragedia nació el poemario No hay plegarias para los descabezados, el cual recién publica.
Y añade: “(Los doctores) me dijeron que era una sobreviviente, porque 98% de quienes sufren un desnucamiento como el mío mueren al instante. Así que, al saber que era una sobreviviente, esto me despertó muchas preguntas. En aquel momento no podía mover el cuello ni la espalda; estaba tiesa con aquellos fierros que unían varias vértebras”.
Luego vino la rehabilitación y empezó a escribir sobre lo ocurrido. Hizo muchos párrafos, que se transformaron en ideas y al final todo la llevó a crear un poemario testimonial y catártico que es atravesado por el dolor, aunque la quinta parte del libro apuesta por la esperanza. “Tardé tres años en escribir el libro, pero al final hay un cambio, porque empiezo a entender a la Verónica que ya no soy y que ya no volverá”.
¿Cómo cambió esta experiencia su forma de ver el dolor? “El dolor me acompaña constantemente. Ya no es tan fuerte como en los primeros años, pero el dolor te habita. Entonces tú tienes que vivir habitada por ese dolor tratando de hacer todo lo que puedas y, además, proponiéndote ser feliz. Ése ha sido reto”, enfatiza.
Por último, Ortiz Lawrenz habla de su breve paso como directora de la filial de Madrid del Fondo de Cultura Económica (FCE), en 2019, poco antes del accidente.
Cuando vino la pandemia (en 2020) regresé a México y al hacer cuentas nos percatamos de que todas las librerías del FCE, no sólo en Madrid, no eran viables económicamente y el sueldo (de directora) era muy alto.
Le planteé a Paco Taibo II que prefería estar en México y que se pudiera pagar a las personas que estaban allá y ya no a un área como la mía. Paco lo dudó, pero al final me dijo: ‘Hacemos números y tienes razón’. Entonces me quedé como freelance en el FCE haciendo reseñas.
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