Tamara Tenenbaum busca preservar el ritual de la expresión escénica

La escritora argentina habla de su más reciente novela 'La última actriz', que refleja el teatro como un mundo que nos refleja como sociedad

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La novela. En La última actriz confluyen Sabrina y Jana, dos mujeres vinculadas al mundo del teatro; ambas aspirantes a actrices que se ganan la vida con actividades alternas. Foto: Cortesía Rui Ortiz

El teatro es una expresión artística irreemplazable que mantiene ese ritual de encuentro entre actores, espectadores y foro escénico, afirma la escritora y filósofa Tamara Tenenbaum (Buenos Aires, 1989), a propósito de La última actriz, su más reciente novela, en la que rinde homenaje a la expresión escénica y disecciona su importancia en nuestro tiempo.

Por desgracia ese ritual cada vez más está en crisis”, advierte la también autora de Todas nuestras maldiciones se cumplieron y Nadie vive tan cerca de nadie, “porque la gente quiere mirar películas y escuchar música en casa, pero pese a todo, es bastante bueno que ese ritual siga existiendo”.

En La última actriz, Tenenbaum cuenta la historia de dos mujeres vinculadas al mundo del teatro. Por un lado, está Sabrina, que intenta ser actriz, pero debido a la falta de éxito se convierte en una investigadora que explora la historia del teatro judío en Argentina, mientras sostiene una relación amorosa con Gabriel, su director de tesis.

Y en el otro extremo aparece Jana, una aspirante a actriz que vivió a mediados del siglo XX, quien se ganaba la vida trabajando en funerales de judíos y tuvo algunas coincidencias con Sabrina, cuyo relato se encuentra a partir del Dibuk, la historia maldita del teatro idish, que retoma un mito de posesión que en realidad habla del cuerpo de las mujeres jóvenes, como una metáfora del despertar sexual.

¿Qué descubrió al profundizar en la realidad teatral? “Cuando profundicé en el mundo del teatro descubrí que su mundo es muy opuesto al que vivimos los escritores. Nosotros trabajamos solos y en silencio en algo que la gente podrá leer después, en nuestra ausencia, mientras que los actores hacen algo que tiene que ser visto en el presente y que sólo sucede cuando hay espectadores de por medio”.

Y agrega: “A mí como escritora, el presente me resulta muy angustiante. Me invitan a una charla donde debo responder preguntas y me pongo nerviosa, me siento incómoda. Y a los actores les pasa lo contrario: pueden sentir ansiedad al escribir un mail, pero confían en su talento para habitar el presente y este espacio me parece hermosísimo”.

¿En este libro buscó formar una crítica en torno al teatro para hablar de la condición humana? “Lo que más me gusta y que quiero que caracterice mi literatura es la búsqueda de las jerarquías, las relaciones de poder y las tensiones que se arman en ámbitos insospechados.

Lo cierto es que cuando decimos ‘el poder’, la gente piensa que hablamos de política, presidentes y empresas millonarias, pero la realidad es que se desarrollan pequeños juegos de poder en todos los mundos, incluso en un pequeño teatro independiente”, asegura.

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