Solange Lebourges, en busca de la metamorfosis escénica
La bailarina evoca la pasión, la memoria, las dudas y las lesiones que enfrentó y que recupera en Lo bailado, nadie me lo quita, volumen que presentará en la Biblioteca Vasconcelos

El afamado coreógrafo George Balanchine (1904-1983) afirmaba que un bailarín es un caballo con piernas, que no sabe hablar ni articular ideas.
Así lo recuerda la bailarina Solange Lebourges (Francia, 1951) avecindada en México desde los años 80, quien publica Lo bailado, nadie me lo quita, volumen autobiográfico con reflexiones sobre la danza y sus entresijos, que presentará el sábado 23 de noviembre a las 13:00 horas, en la Biblioteca Vasconcelos.
Balanchine, quien fundó y dirigió el New York City Ballet (NYCB), una compañía primorosa y extraordinaria, decía que los bailarines eran caballos. Eso decía un gran coreógrafo, ahora imagínese lo que piensa el público en general”, expresa la bailarina y académica en entrevista con Excélsior.
Así que, en su opinión, esta idea es un prejuicio injustificado que prevalece en el mundo cultural.
Sí, es un prejuicio que existe, porque se ve al bailarín que se mueve y que no habla. Pues sí, precisamente su gran cualidad es que puede ser interpretado y entendido por cualquier persona, porque no necesita de lenguaje, sino que el cuerpo es el lenguaje”, expone Lebourges.
Esto significa que la energía que cada bailarín produce, “junto con los sentimientos que lo motivan, y todo eso no se aprecia en su justa medida y no se ve, es decir, no se aprecia lo que hay detrás: un trabajo considerable que hace intervenir tanto la mente —como describo en la sección del trabajo de la clase—, así que interviene la mente, la inteligencia, los sentimientos y, por supuesto, el cuerpo físico, es decir, músculos, huesos, articulaciones, una trenza de elementos que, como tres cuerpos, permiten a un bailarín alcanzar la excelencia”.
Solange explica que este libro, que es una recuperación editorial, “es fundando en la experiencia cotidiana de décadas de trabajo un testimonio y de dedicarme a este oficio prácticamente desde que tengo uso de razón.
Aquí están todas las etapas, los momentos y las vivencias de una aprendiz, primero, y de una bailarina, después”, comenta la bailarina, académica y escritora que ha sido pieza clave para la escena mexicana.
¿Qué opina de quienes afirman que la danza es un arte difícil de comprender?, se le pregunta a Lebourges. “No estoy de acuerdo. Me parece que la danza no es difícil de entender, porque es el arte casi más antiguo, ya que se ha bailado en las sociedades desde el principio de la humanidad.
El hombre ha bailado en círculo para obtener lluvia, festejar, alegrarse o llorar, es decir, ha bailado para todo”, expone la bailarina que, durante 25 años, fue solista principal del Ballet Teatro del Espacio e intérprete de las obras de Michel Descombey.
Incluso destaca el impacto de danzas urbanas como el rap y el brakedance.
Es fascinante ver a esos muchachos girando sobre su cabeza o haciendo maromas inverosímiles, se percibe muy bien la energía y su discurso. Yo creo que la danza se puede entender fácilmente, aunque hay algunas obras, en danza contemporánea, que son más abstractas o conceptuales y sí son un poco más difíciles de aprender”, apunta.
¿Cómo describiría la simbiosis que tuvo con el bailarín y coreógrafo Michel Descombey? “Fue algo muy afortunado. Yo me encontraba, a finales de 1979, en México, trabajando en una compañía alternativa, pero fui a ver el Ballet Teatro del Espacio y me fascinaron las obras del maestro Descombey, así que audicioné y entré.
Así que permanecí totalmente seducida por el tipo de danza que se llevaba a cabo en esa compañía, que también dirigió la maestra Gladiola Orozco, y me gustó la comunidad que se vivía dentro de esa compañía, el trabajo y las obras, porque desde el principio empecé a bailar muchos duetos del maestro Descombey”, dice.
¿Qué tan importante es la entrega en la danza? “Hay un aspecto muy parecido al de un deportista, porque cada vez quieres saltar más y más alto, para no quedarte en lo mismo, porque la repetición podría verse un poco burocrática. El artista siempre persigue algo más”.
¿Y eso también nos lleva al capítulo de las adversidades? “Sí, la verdad es que está latente el riesgo de las lesiones, unas graves y otras menos, pero son un obstáculo toda la vida, porque se trata de un cuerpo con articulaciones, tendones, músculos que se cansan y que con la edad tienen menos resistencia.
Yo me lastimé, entre esguinces, desgarres y todo tipo de lesiones que surgieron en el peor momento, cuando había una función importante y a veces uno baila realmente con mucho dolor”, reconoce.
Finalmente, la también integrante de la Academia de la Danza Mexicana refiere la importancia de la metamorfosis escénica, ese círculo virtuoso que implica la suma del escenario, el artista y el público, aunque reconoce que, “en ocasiones, la musa no baja al escenario y, pese a todos los esfuerzos, no se logra”.
Solange Lebourges protagonizó innumerables coreografías de Michel Descombey como Tierra sombría, La ópera descuartizada, Sinfonía fantástica, Silencio y A Rudolf Nureyev.
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