Medalla al Mérito Fotográfico: galardonan mirada polifacética de Maritza López
A lo largo de 50 años, la artista de la lente ha capturado escenas del mundo, del teatro y de la danza. Además, perfeccionó la fotografía de estudio y logró instantáneas icónicas

La mirada de la fotógrafa Maritza López es polifacética. A lo largo de medio siglo no sólo se dedicó a capturar la escena del mundo, del teatro y de la danza contemporánea, sino que perfeccionó la fotografía de estudio y logró instantáneas icónicas, como la que hizo a la bailarina mexicana Guillermina Bravo y otra más en la que atrapó la fuerza del desnudo del bailarín y coreógrafo Raúl Parrao.
También hizo fotografías a personajes como Efraín Huerta, Jaime Sabines, Pita Amor y Rafael Coronel. Además, captó la colección Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda (SHCP) y fue autora del concepto, producción y fotografía de los polémicos calendarios de la cantante Gloria Trevi de los años 1992 a 1996.
Ahora, todo ese cúmulo de obra que abarca su trabajo será reconocido el próximo 22 de agosto, con la Medalla al Mérito Fotográfico 2025, en el Museo Nacional de Antropología del INAH.
En una época hice portadas para discos y revistas. Era 1992”, cuenta a Excélsior Maritza López. “Estuve en contacto con Sergio Andrade, quien manejaba a artistas como Lucerito, Crystal y otras más. Como yo tenía cierto renombre en el trabajo de desnudo artístico, cuando le llegó Gloria Trevi, me la mandó para hacer un par de portadas. Posteriormente, alguien le aconsejó hacer un calendario.
Me encargó hacerle 14 fotos en traje de baño para ver qué pasaba. Lo hicimos, aunque no había desnudo completo… y tuvo mucho éxito. Pero, la comunidad fotográfica me castigó, porque imaginó que yo había ganado muchisísimo dinero, pero no fue así”, revela.
Esto se debió a que, como no existe una Sociedad de Fotógrafos, similar a la de Escritores (Sogem), le fue imposible cobrar regalías, por lo que sólo le pagaron el proyecto como una sesión por el número de días.

En el momento en que tú le decías al cliente, ‘Oiga, no le voy a facturar como pide, sino que le voy a cobrar con recibos de autor…’, te respondían: ‘Si no puedes hacer el trabajo, pues busco a otra gente’. Así de sencillo.
Este trabajo me causó problema entre la comunidad fotográfica, porque como que me sepultaron y en el mundo artístico me costaba mucho trabajo, pues se pensaba que yo era fotógrafa comercial... Seguí con mi trabajo y exponiendo en recintos universitarios y en espacios del interior del país”, reconoce.
Maritza López también ha colaborado con Rogelio Cuéllar y Ruth Lechuga. En 1980 ganó la Bienal de Fotografía del INBA y en 1981 y 1982 obtuvo la Beca de Editorial Posada para trabajar en Tijuana. Su obra ha sido publicada en Revista de Revistas, de Excélsior, en Proceso, Claudia, Tierra Adentro, Cuartoscuro, La Jornada y en la Revista de la Universidad de México, entre otras.
Para salir de aquel silencio, Maritza López fotografió la colección Pago en Especie, en especial el acervo dedicado a pintura y escultura. Sin embargo el proyecto se acabó y optó por diversificarse.
Yo sigo haciendo obra de arte, bastante paisaje y desnudo, que es lo más sublime, y hasta la parte comercial que es también un arte”.
¿Cómo describiría su proceso creativo? “En las fotos que hago comercialmente no tengo mucha injerencia, porque siempre está el cliente; sí puedo sugerir cuestiones de iluminación, de composición, pero ellos ya tienen una idea de lo que quieren. Pero en el terreno del desnudo, ahí sí todo depende de mí”.
Otro aspecto relevante en su fotografía de estudio es el movimiento de los modelos, aunque reconoce que “el cuerpo humano no es tan fácil de manejar”.
¿Le interesa una mirada estética? “En principio, la visión era muy esteticista. Me preocupaba por eso. Pero después pensé en que el cuerpo tiene otra manera de ser, no siempre tiene que ser algo bello y estilizado, como pude hacerlo con el teatro de vecindades”.
¿Cómo logró hacer esa fotografía de Guillermina Bravo en el que pareciera un ángel en éxtasis? “Ella era una mujer muy combativa y luchadora por su compañía y por México. Aquel día, a finales de los 90, le propuse que hiciéramos fotografía de estudio, después de haberla fotografiado muchas veces.
Me dijo: ‘¿Cuánto te vas a tardar?’. Le dije que 15 minutos. Digamos que me la robé y la llevé al estudio. Yo ya tenía todo puesto. Así que pidió ver la primera foto que le tomé y, luego de verla, la sesión fue de 30 minutos. Así nació esa foto que ha sido ultraplagiada, como muchas otras más que he tomado”, concluye.
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