La princesa Caballero

De niña, la soprano mexicana se aprendió el repertorio de las películas de Disney; hoy está a punto de ingresar a un centro de canto fundado por Plácido Domingo en Valencia

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CIUDAD DE MÉXICO.

La infancia de la soprano María Caballero (Sonora, 1991) se forjó con la música que descubrió en las cintas de Walt Disney. En su juventud se hizo cantante de pop y hasta ganó un concurso con Mi reflejo, de Christina Aguilera. Pero hace tres años debutó con ópera y ya es una de las promesas más sólidas del canto lírico mexicano.

Ya fue reconocida en el Festival Internacional Alfonso Ortiz Tirado (FAOT), la Ópera San Miguel de Allende, el Estudio de Ópera de Bellas Artes (EOBA), ganó la 36 edición del Concurso Internacional de Canto Ciudad de Logroño y fue seleccionada por Plácido Domingo para integrarse al Centro de Perfeccionamiento Vocal que dirige en Valencia el próximo 7 de septiembre.

 Esto le abrirá el Palau de les Arts Reina Sofía y otros foros de Italia y España. Dice a Excélsior la soprano que se autodefine como ambiciosa, desesperada y ansiosa, y aspira a ser una de las mejores. Aquí recuerda su niñez en Navojoa, su afición a la música de Cri-Crí, el llanto que le provoca La muñeca fea y cómo se imagina en una película cada que pisa un escenario.

Recuerdo que mi papá se cansaba de cuidarme y me ponía películas de Disney para entretenerme, como Fantasía 2000 —que tiene música de Stravinski, Beethoven, Shostakovich—, o La bella durmiente, con Chaikovski y el canto impostado con sus letras en español latino.

Eran las canciones que cantaba cuando iba a la escuela, mientras soñaba despierta y pensaba en estudiar tortugas en las Islas Galápagos, en ser maestra o médico. Sueños guajiros”, recuerda.

A los 13 años un profesor escuchó que María cantaba Las Mañanitas en un escenario escolar y le sugirió dedicarse al canto. Tres años después participó en el concurso Se Busca Talento 2008 y ganó el primer premio con Mi reflejo, de Cristina Aguilera, tema de la cinta Mulan.

Entonces tenía 16 años, iba a la prepa y decidí estudiar canto. Me mudé a Monterrey, donde hice la audición y, como no tenía idea de la ópera, canté Estrellita, de Manuel M. Ponce… pero lo hice mitad ópera y mitad pop; no tenía el conocimiento para hacer la diferencia”.

En Navojoa el canto lírico no existe, sólo resuena la banda y cada año aparece el FAOT, en Álamos, a 40 minutos de distancia. Pese a todo, Caballero fue admitida en la Escuela Superior de Música de Monterrey, donde estudiaría bajo la tutela de Cristina Velasco y Gerardo González.

Para ganar tiempo, escuchaba a María Callas en grabaciones. Ahí descubrió que podía imitar algunos de aquellos sonidos, “pero al quinto año me desesperé, pues sólo cantaba una vez al año en los recitales de la escuela. Así que busqué cursos por internet, puse los ojos en Italia y encontré un curso de canto con la soprano Renata Scotto”.

Caballero envió un video, pagó su viaje a Italia y quedó entre 11 seleccionados. “Aquel curso me abrió los ojos: vi que me faltaba estudiar idiomas y salir de México, pues la ópera era otra cosa, no lo que había visto en la escuelita”. Así llegó a otros cursos, pasó por el EOBA y hoy es una intérprete con un futuro promisorio.

SUEÑO E INSPIRACIÓN

María cree que todo cantante mexicano que aspire a un buen nivel debe salir de México e ir a donde surgió la ópera, estudiar con disciplina y aprender idiomas. “No te puedes quedar toda la vida aquí para tener buen nivel… aunque cada quien decide qué hacer, porque también son muy respetables las estrellas nacionales que hacen magníficas representaciones. Pero es de valientes irte. Yo aspiro a un nivel alto, siempre me comparo con leyendas como Callas, Anna Netrebko, Diana Damrau y Mirella Freni; debes compararte con esas cantantes para lograr ese nivel”.

¿Cómo define su voz?, se le pregunta: “Tiene un color oscuro y nostálgico con mucho squillo; tengo flexibilidad para cantar coloratura y cosas líricas; me siento cómoda con Puccini, los roles que he cantado desde el EOBA son de mi edad: Adina, Zerlina, Susana y Lauretta, que me ayudaron a crecer la voz. Para mí nunca ha sido tan importante el volumen, lo que importa es la resonancia en una voz. No importa que el volumen sea pequeño, sino que pueda sonar en todo el teatro”.

¿Qué viene? “Un concierto en Logroño para noviembre próximo, la posibilidad de cantar El elíxir de amor y quizá debutar en Italia”.

¿Y en México? “Crear una fundación para apoyar cantantes. Soy ambiciosa. Me gustaría apoyar con 100 becas a jóvenes artistas para que vayan a Europa. No sé, me entran ese tipo de sueños”.

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