Fabio Morábito: ficciones que acechan la tentación
El autor presenta Jardín de noche, su más reciente libro de cuentos en el que explora la relación entre lo humano y la vegetación indómita

El jardín es el escenario perfecto para la ficción y la libertad, un espacio que propicia la imaginación, la seducción y la intimidad de los personajes que se enredan en situaciones extremas, atemorizantes y, en ocasiones, descabelladas, como lo muestra el escritor Fabio Morábito (Alejandría, 1955) en Jardín de noche, su más reciente libro de cuentos, en el que explora la relación entre lo humano y la vegetación indómita.
Yo creo que en el jardín cualquier individuo se siente más libre, más holgado y, por lo tanto, más dispuesto a mostrarse como es, porque, al mismo tiempo que se siente protegido, no está encarcelado entre los muros (de su casa); el jardín es un arquetipo universal y es el espacio ambivalente que está en la frontera entre la casa y el exterior”, dice a Excélsior el también autor de El lector a domicilio y También Berlín se olvida.
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Pero también pensemos en el Jardín del Edén, apunta Morábito, ganador del Premio Xavier Villaurrutia 2018, “donde la protagonista es una mujer, Eva, mientras que Adán simplemente reconoce que los han corrido del lugar, pero el drama del jardín es femenino, luego de que la serpiente seduce a la mujer”.

*TÍTULO: Jardín de noche
*AUTOR: Fabio Morábito
*EDITORIAL: Sexto Piso, México, 2024; 135 pp.
Y a esto podemos sumar la literatura pastoril y la bucólica, es decir, aquella literatura que evoca a los pastores que tocan la flauta y se enamoran de las ninfas, y donde hay toda una mitología riquísima, que llegó a convertirse en una moda imperante durante siglos, lo que dio origen al jardín puro y al concepto de naturaleza domesticada.
EL JARDÍN, UNA TENTACIÓN HUMANA PERMANENTE
Así, desde Mesopotamia hasta Moctezuma, el jardín ha tenido una presencia inevitable. “El jardín es una tentación humana permanente y de ahí que muchas personas, aunque no tengan uno, cultivan un simulacro en macetas que les dan la idea de esa naturaleza domesticada y a su medida, que pueden contemplar como una evocación amistosa”.
¿Se ha preguntado si el jardín también podría llegar a ser un espacio carente de interés? “Claro, el jardín puede ser un lugar muy monótono, pero de noche, siempre está el mito de la serpiente o de ese lugar apacible en el que puede ocurrir una anomalía y alguna atrocidad, quizá porque también es un espacio lleno de amenazas para la ficción.
Pero el jardín, al igual que el balcón, nos ofrece la oportunidad de dejar atrás la casa, los muros de concreto y sentir un atisbo de libertad, que también nos da miedo, porque en esa intemperie el jardín nos dice: ‘Aquí estás tranquilo, pero a medias’, porque muchas películas y relatos de terror ocurren en lugares así. Ahí está la famosa novela de Henry James, Otra vuelta de tuerca, donde los personajes están protegidos dentro de la casa, pero los fantasmas que amenazan la vida de los dos niños siempre aparecen en el jardín”.
¿Por qué eligió el cuento El monstruito verde de Haruki Murakami como una referencia inicial para esta antología? “Cuando leí el cuento de Murakami, que es muy distinto a los cuentos de mi libro, la frase ‘El tiempo siempre pasa veloz cuando miro el jardín. Y debieron de haber transcurrido muchas horas, porque todo alrededor estaba oscuro’, me atrapó, quizá porque sentí que ahí había materia para varias historias”.
LA VALENTÍA DE LA MUJER
¿Por qué eligió personajes femeninos para estos relatos? “Un jardín nocturno es un espacio más peligroso que nos invita a encontrar cosas que uno no descubre o no se atreve a mirar en horas diurnas, que no se atreve a confesar. La noche, el silencio, la bebida y la mujer, que es más valiente, puede reconocer sus propias limitaciones, a diferencia de un hombre.
Porque los hombres siempre estamos defendiéndonos, vendiendo a un personaje, tratando de demostrar algo, creyendo que se nos pide una fuerza o una integridad, porque así se nos han educado. Mientras que las mujeres son más relajadas y se muestran fácilmente, así que me pareció que la voz femenina era más libre para imaginar cosas. Ellas son quienes hacen girar toda la narración”, concluye.
Jardín de noche incluye 12 cuentos habitados por mujeres distintas, desde quien se comunica a través de una cortina vegetal para preservar el instante o el anonimato, hasta quien se enamora bajo la sombra de un ficus o descubre una piedra que podría tener un desenlace funesto.
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*mcam
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