Noam Chomsky y su némesis Jeffrey Epstein
No hay evidencia de que Chomsky participara en nada ilegal, pero sí existió el contacto con Epstein.

columnista invitado global
Rubén D. Arvizu
Avram Noam Chomsky es un renombrado filósofo, politólogo, intelectual y activista estadunidense, profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y considerado una de las figuras más influyentes del siglo XX. Sus aportes a la teoría del lenguaje y la ciencia cognitiva son fundamentales, pero durante décadas también ha sido un símbolo mundial de crítica y denuncia al poder y a la corrupción.
Por eso cuesta tanto aceptar que tuviera la más mínima relación con una figura tan oscura y repugnante como Jeffrey Epstein.
Entre los tres millones de documentos liberados en las últimas semanas (los llamados “archivos Epstein”), existen correos electrónicos y otros mensajes, que indican que Chomsky se reunió al menos tres o cuatro veces con Epstein entre 2015 y 2016. En 2018 recibió de Jeffrey 270 mil dólares que él explicó como una donación destinada a su esposa para sostener causas que ella promovía. Muchos de esos correos electrónicos muestran textos amistosos y agendas compartidas.
El filósofo ha dicho, muy contrito, que fue un error de juicio, que no tenía idea de los crímenes sexuales de Epstein en ese momento. Que se arrepiente profundamente de haber ignorado cualquier señal que lo hubiese alertado sobre su verdadera personalidad. Sin embargo, resulta muy difícil de creer que un hombre que por su trayectoria debía y estaba al tanto de lo que ocurría en el mundo, ignorara por completo las acusaciones contra Epstein.
Desde 2005 ya circulaban denuncias por conducta sexual impropia. En 2007 Epstein fue declarado culpable de múltiples delitos sexuales contra menores y condenado a 18 meses de risión en una zona especial de la cárcel del condado de Palm Beach, de los cuales sólo cumplió 13 meses.
Hasta el momento no hay evidencia de que Chomsky participara en nada ilegal ni de que conociera los detalles más graves de los crímenes de Epstein. Pero sí existió el contacto, y eso basta para que mucha gente sienta decepción, incredulidad y enojo hacia el reverenciado y respetado intelectual.
Es una de esas historias que muestran cómo el poder y el dinero pueden crear puentes impensables entre mundos que parecen opuestos.
Y, aunque no haya delito penal, queda una mancha moral que muchos no pueden —ni podrán— perdonar.