¡Del laboratorio a la finca! La apuesta por un café resistente al cambio climático

El hongo roya y la crisis climática amenazan la producción mundial de café

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El café se ve en peligro debido a la crisis climática

El café, uno de los cultivos más consumidos y con mayor valor social y económico del planeta, enfrenta un futuro incierto.

El cambio climático está modificando las condiciones en las que crece el café arábica, la variedad más valorada por su sabor: más calor, nuevas plagas y lluvias menos predecibles están reduciendo cosechas desde América Latina hasta África.

De acuerdo con un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, hasta 50% de las tierras actualmente aptas para café podrían dejar de serlo para 2050 debido al calentamiento global.

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En países como México, la crisis es más visible con la expansión de la roya, un hongo que puede devastar una plantación en pocas temporadas.

La roya, una amenaza que se mueve con el viento

La roya produce esporas que se dispersan fácilmente y mutan con rapidez. En algunas regiones mexicanas se han documentado pérdidas de producción de hasta 70%, lo que obliga a los productores a aplicar fungicidas hasta ocho veces al año… y aun así perder el control cuando la infección se intensifica.

Para miles de caficultores —la mayoría pequeños productores— la caída en los rendimientos significa menor ingreso y el riesgo de abandonar sus parcelas.

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La carrera genética por el café del mañana

Investigadores de instituciones internacionales como el CIAT (Colombia) y el CATIE (Costa Rica) llevan años estudiando nuevas variedades capaces de soportar temperaturas más altas, sequía y enfermedades emergentes. Universidades mexicanas e institutos cafetaleros regionales también trabajan en bancos de germoplasma y en programas de mejoramiento varietal.

La apuesta es crear plantas híbridas que combinen:

  • Resistencia a enfermedades como la roya
  • Mayor productividad
  • Adaptación a nuevos climas
  • Buena calidad de taza
  • Menos necesidad de químicos

Pero el desafío es enorme: ninguna solución es definitiva. Los hongos, igual que los virus en humanos, pueden evolucionar rápidamente y encontrar cómo atacar de nuevo.

Una finca laboratorio: el caso de Costa Rica

Durante una visita a Hacienda Alsacia, un centro experimental en Costa Rica de Starbucks, Carlos Mario Rodríguez, director global de Investigación y Desarrollo en Café, explicó que tener una base genética amplia es la única forma de adelantarse al cambio climático. En esa finca se mantienen 617 variedades y se han generado 196 híbridos que continúan en evaluación.

“La roya muta muy fácil y se adapta distinto en cada país. Por eso hay que probar los materiales en cada región”, explicó.

Algunos de estos híbridos ya se han distribuido en Centroamérica, Perú y México, y se están formalizando convenios con Indonesia, Tanzania y Ruanda.

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El trabajo incluye también cultivo in vitro para acelerar la propagación y la investigación con cinco especies distintas de café —no solo arábica— para ampliar el abanico de resistencia a plagas, sequía y otros factores.

Este programa es uno de muchos que operan actualmente en el mundo, junto con iniciativas públicas y comunitarias.

En el campo, la urgencia es inmediata

Para los productores, la innovación no puede quedarse en un laboratorio. El promedio en algunas zonas afectadas de México ha llegado a solo 3 sacos por hectárea, cuando nuevas variedades pueden alcanzar 40, 60 o incluso 100 sacos en buenas condiciones, según lo explico el investigador Carlos Mario Rodríguez.

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El acceso a semilla de calidad, asesoría técnica y mejores prácticas —como sistemas agroforestales que integran árboles nativos, guayaba, aguacate y hasta abejas polinizadoras— ayuda a mantener la productividad y la salud del suelo.

Pero los especialistas reiteran: no hay milagros, el cambio debe ser integral.

Un cultivo con valor social

El café sostiene a más de 25 millones de familias en el mundo, según la FAO. En México, cerca del 90% de los productores son pequeños cafeticultores. Cualquier pérdida repercute directamente en su economía.

Por eso, la transición hacia variedades más fuertes no es solo un tema ambiental: es también un tema de seguridad alimentaria, empleo rural y cultura agrícola.

El café del futuro ya se está preparando

Aunque el escenario es complejo, la comunidad científica coincide en que la diversificación genética, la investigación colaborativa y las prácticas agrícolas sustentables son la ruta para que el café siga en nuestras mesas.

El objetivo no es salvar al café de una sola vez, sino ganar tiempo: mantenerse un paso adelante de un clima que sigue cambiando.

Porque la pregunta ya no es si el café se verá afectado, sino qué tan preparados estaremos para protegerlo.

bgpa