Dr. Atl: actualidad y memoria, un legado que sigue en erupción a 150 años de su nacimiento
A siglo y medio de su nacimiento, la figura de Dr. Atl reaparece como un cruce vigente entre arte, ciencia, paisaje y pensamiento crítico en México

La figura de Dr. Atl, nacido como Gerardo Murillo en 1875, ocupa un lugar singular en la historia cultural de México, no sólo por la potencia de su obra pictórica, sino por la densidad intelectual de un proyecto vital que desbordó los límites disciplinarios del arte. A siglo y medio de su nacimiento, su nombre vuelve a instalarse en el centro del debate como un nodo donde convergen estética, ciencia, política cultural e imaginación utópica.
La conmemoración de los 150 años de su natalicio se inscribe en un momento particularmente fértil para la revisión crítica del canon artístico mexicano. En un país que revisa sus relatos fundacionales y reevalúa la relación entre cultura y territorio, el pensamiento de Atl reaparece como una herramienta incómoda y, al mismo tiempo, extraordinariamente vigente.
La Noche de Museos del 28 de enero de 2026 ofreció el marco simbólico para esta relectura, al convertir a la Ciudad de México en un espacio de reflexión colectiva sobre un creador que nunca entendió el arte como una práctica aislada, sino como una forma activa de intervención en la realidad.

Identidad, autoría y construcción del artista
La mesa redonda titulada Dr. Atl: actualidad y memoria reunió a voces provenientes de la historia del arte, la arquitectura y la gestión cultural, con el objetivo de desmontar la imagen reducida del pintor de volcanes y reconstruir la complejidad de una figura que pensó el arte como sistema de conocimiento.
En las intervenciones se subrayó que Murillo fue, ante todo, un constructor consciente de sí mismo. La invención del personaje Dr. Atl —nombre náhuatl que significa “agua”— no fue un gesto anecdótico, sino una operación simbólica mediante la cual articuló ciencia, misticismo, nacionalismo y modernidad en una identidad pública cuidadosamente elaborada.
Este gesto performativo fue leído como una anticipación de debates contemporáneos sobre la autoría, la figura del intelectual y la relación entre biografía y obra. Atl no se limitó a producir cuadros; convirtió su vida en un manifiesto, donde el artista asumía un rol activo en la transformación cultural del país.

El paisaje como protagonista cultural
El análisis de su pintura volcánica ocupó un lugar central en la discusión. Lejos de un paisajismo descriptivo, sus representaciones del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl fueron entendidas como construcciones simbólicas que redefinieron la idea de territorio en el México posrevolucionario.
En estas obras, el paisaje dejó de ser fondo para convertirse en protagonista cultural. La montaña, el cráter y la lava funcionaron como metáforas de una nación en proceso de transformación, cargadas de una energía telúrica que vinculaba naturaleza, historia y destino colectivo.
Desde la perspectiva actual, esta lectura adquiere nuevas capas de sentido. En un contexto atravesado por la crisis climática y la discusión sobre la explotación del entorno natural, la mirada de Atl sobre el paisaje aparece como una temprana intuición de la naturaleza como fuerza viva y no como recurso pasivo.

Interdisciplina, utopía y legado crítico
Otro eje fundamental fue su vocación interdisciplinaria. La mesa recuperó su interés por la vulcanología, la pedagogía, la escritura y la política cultural, insistiendo en que su obra no puede comprenderse sin atender a ese cruce constante entre arte y conocimiento científico.
Especial atención mereció su proyecto de la ciudad ideal de Olinka, concebida como un espacio para el desarrollo integral del espíritu humano. Más que una utopía ingenua, Olinka fue presentada como una crítica radical a la organización social moderna y como un laboratorio conceptual donde Atl ensayó nuevas formas de habitar el mundo.
La discusión también dialogó con la exposición Dr. Atl: Éste es mi verdadero nombre, organizada por El Colegio Nacional, que desde finales de 2025 ha permitido revisar documentos, escritos y proyectos poco conocidos del artista, ampliando la comprensión de su legado.

Este ejercicio museográfico ha sido clave para desmontar la lectura escolar que reduce a Atl a una figura excéntrica o meramente pictórica, y para situarlo como un intelectual de largo aliento cuya influencia atraviesa generaciones de artistas y pensadores.
Las intervenciones coincidieron en señalar que su figura también plantea zonas problemáticas. Su nacionalismo, su relación ambigua con el poder y ciertas derivas ideológicas fueron abordadas sin complacencia, como parte de un legado que exige una lectura crítica y contextualizada.
Lejos de debilitar su importancia, estas tensiones refuerzan la necesidad de pensar a Atl como un personaje complejo, atravesado por las contradicciones de su tiempo y por una voluntad incesante de intervenir en el debate público.
En ese sentido, la mesa no buscó clausurar interpretaciones, sino abrir preguntas:
- ¿Qué significa hoy pensar el arte desde la geología, el territorio y la ciencia?
- ¿Qué lugar ocupa el artista en una sociedad que enfrenta crisis múltiples?
A 150 años de su nacimiento, Gerardo Murillo no aparece como una figura fosilizada en el relato histórico, sino como un campo de fuerzas activo, capaz de interpelar las formas contemporáneas de creación y pensamiento.
Como los volcanes que obsesionaron su mirada, el legado del Dr. Atl permanece en erupción: emite señales, provoca fisuras y recuerda que el arte, cuando se asume como pensamiento vivo, nunca termina de enfriarse.
«pev»
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