Abraham Cruzvillegas inaugurará la exposición ‘Little Song’
El artista visual mexicano, Abraham Cruzvillegas exhibe obra reciente en Nueva York, en la que utiliza objetos que acumula desde hace 30 años

Una acumulación de momentos y lugares donde he estado”. Así define el artista visual mexicano Abraham Cruzvillegas (1968) la exposición Little Song, que inaugurará el 5 de mayo en la galería Kurimanzutto de Nueva York, donde se exhibirá hasta el próximo 16 de junio.
La muestra reúne un nuevo conjunto de piezas escultóricas creadas este año específicamente para el nuevo espacio de la Kurimanzutto en Chelsea. “Evidencian la relación diferente que he adquirido con los objetos a medida que pasa el tiempo. Las piezas fueron confeccionadas con cosas encontradas desde hace 30 años, y otras recicladas”, narra en entrevista con Excélsior.
Así, las esculturas integran objetos que Cruzvillegas encontró en las calles, mercados y paseos por Grecia, Turquía, Marruecos, París, Nueva York y México. “Ahora los reúno en obras nuevas y toman un sentido distinto. No los escojo, simplemente son los que se quedaron en mi taller, que ahora es bodega.
Me guío por un principio de no exclusión que tiene un sentido político. Creo que debemos incluir, aunque genere tensiones, fricciones, en un sentido meramente objetual. Las cosas parecen disímiles, contradictorias, pero apuestan por la unidad”, agrega desde Nueva York, donde instala las obras en los aproximadamente 400 metros cuadrados que tiene el espacio.
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Detalla que la idea es mostrar las múltiples dimensiones de la materia. “Hay objetos hechos a mano, otros industrializados, materias naturales. Muchas herramientas, hoces, martillos, tuberías, cables, alambres, cosas de charrería, redes que vienen de Pátzcuaro (Michoacán), pero también de Marruecos, hilos, cueros, cuerdas, mecates.
También pedacitos de trompetas, fragmentos de saxofones, unos puros que compré en La Habana. Es el resultado de un espíritu acumulativo y los incorporé en la obra. Los objetos dialogan entre ellos, más que yo darles un significado. Y eso me gusta mucho”, confiesa.

Las nuevas piezas integran los colores rosa y verde característicos de Cruzvillegas, utilizados desde 2003. Esta combinación hace referencia a los colores tradicionales de la escuela de samba del artista brasileño Hélio Oiticica, que Abraham encontró en la favela Mangueira de Río de Janeiro, en una peregrinación tras los pasos de Oiticica.
Ahora decidí hacer mis propios colores. El cobre cuando se oxida produce el color verde-azul, sulfato de cobre, y le empecé a echar vinagre. Instalé un pequeño laboratorio de alquimia en mi taller. El rosa lo hago con zarzamoras, las machaco sobre yeso. Es un proceso intuitivo, divertido, empírico, no científico”, agrega.
Dentro de la galería, estas formas colgarán de techos y paredes, se extenderán por el suelo; algunas están conectadas entre sí y otras se sostienen por sí solas sobre tubos de cobre, detalla.
Algunos de los objetos pueden manipularse de distintas formas y se modificarán durante la exposición. Hay materiales constantes, como el yeso, la cera, el cobre y la zarzamora. Es un testimonio de mi fascinación permanente por utilizar el espacio de diferentes maneras y por probar las combinaciones posibles en la obra”, añade.
Quien estudió Pedagogía en la UNAM, de 1986 a 1990, mientras asistía al Taller de los viernes de Gabriel Orozco, admite que su apuesta es la transformación. “Deseo volverme testigo de cómo todo está cambiando. El cambio está en la naturaleza misma. Somos lo mismo, pero no.
Hay una alegoría de la transformación: la materia, la energía, el calentamiento global, el efecto invernadero, todo se altera. Sin panfletos ni propaganda; no quiero dar mensajes”, indica.
El 16 de mayo, el ganador del Prix Altadis d’ Arts Plastiques 2006 y el Premio Yanghyun 2012 ofrecerá un performance en la Kurimanzutto de Nueva York, en el que leerá las letras de canciones que escribe desde 2008.
Desde hace tres años las leo en vivo como si fuera poesía; será un performance de poesía e incluyo gestos expresivos de los músicos. Los temas abordan la matanza estudiantil de 1968 y divertimentos de personas, como la señora de las tortillas, el niño que se quemó o el chavo trans de mi colonia”, expresa.
El artista concluye que vive “un momento muy divertido” de su carrera. “Es un privilegio, porque vivimos en una sociedad tan violenta y dura, pero al mismo tiempo es una gran responsabilidad”.
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