Marcela Diez-Martínez Franco: 'Hacemos con lo que hay'

'Aceptar expresiones que eran consideradas marginales es todo un reto', afirma en entrevista con Excélsior la directora general del Cervantino, que finaliza mañana

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GUANAJUATO, Gto.

Las revoluciones no son sólo políticas, sociales o personales, también se efectúan en el arte, “son esos cambios o vuelcos a nivel estético que producen los creadores que son abiertos, que provocan”.

Una revolución estética, afirma Marcela Diez-Martínez Franco, se da en la manera de iluminar una coreografía, en la forma diferente de utilizar el espacio teatral o en el ingreso de lo electrónico y la atonalidad en la música. “Estas pequeñas revoluciones nos cambian tanto a nivel interno, que te hacen ser diferente, ver cosas que antes no veías”.

Y, precisamente, la directora del Festival Internacional Cervantino (FIC) quiso mostrar diversos ejemplos de las revoluciones artísticas y estéticas que se han dado durante los últimos años, en la edición número 45 del encuentro multidisciplinario más importante de América Latina, que concluye mañana.

Un festival debe proponer siempre y ser fiel a ello”, comenta en entrevista con Excélsior quien asumió la dirección de esta iniciativa cultural en enero pasado.

Explica que uno de los grandes cambios se ha dado en el terreno del rap. “El año pasado nos llamó la atención que una buena parte de los raperos ya son universitarios. Es decir, el rap pasó de una expresión callejera a ser interpretado por jóvenes con licenciatura. ¿Te imaginas el vuelco que esto representa a nivel de contenido?”.

La promotora cultural señala que este año el FIC ofreció una muestra de teatro que difícilmente se volverá a repetir. Entre las propuestas innovadoras menciona a la francesa Todo saldrá bien (1) Fin de Luis, de Joël Pommerat, en la que los espectadores son, por cuatro horas y media, los integrantes de la asamblea política que se constituye en la obra; y la italiana Still life, de la compañía Ricci/ Forte, que no permite al público quedarse pasivo en su asiento.

Aceptar estas expresiones que eran consideradas marginales y que cada vez están permeando más en nuestra cultura cotidiana es todo un reto”, destaca.

Otra de las revoluciones, agrega quien fue directora de Programación del FIC de 2013 a 2016, es que cada vez son más mujeres las que están al frente de los festivales culturales en el mundo. En América Latina, añade, además de ella, destacan Ana Martha de Pizarro, batuta del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, y Carmen Romero, titular del Festival Internacional Santiago a Mil.

Las mujeres tenemos un don natural para la economía, cualidad muy particular: con lo que tenemos, hacemos. Y, si no tenemos, vemos la manera de hacer. Esa podría ser una característica de las directoras de festivales. Decimos ‘vamos a hacerlo’, aunque luego investiguemos cómo. Tenemos, por decirlo así, esa falta de vergüenza en ir a pedir para que los proyectos salgan”, asegura.

Diez-Martínez está convencida de que la mujer imprime en estos encuentros una sensibilidad diferente de la de los hombres. “No digo que sea ni mejor ni peor. No juzgo. No existe ni mejor ni peor en ningún caso. Pero sí hay una sensibilidad distinta”, subraya.

Yo, por ejemplo, le pongo atención especial a los jóvenes. Para mí, ellos son el público al que tenemos que cuidar, interesar y jalar. Y también a los niños, y con ellos a sus papás, al público familiar. Quedo satisfecha porque estoy haciendo un acto de integración social y familiar al atraer a esos públicos que en el futuro exigirán obras más sofisticadas, de mayor calidad”, indica.

Una CITA vivA

Acepta que dirigir la llamada “fiesta del espíritu” implica retos diferentes que enfrentó al armar su programación durante casi una década.

Tuve la suerte de trabajar siempre con jefes que me dieron libertad. Conozco cómo funciona y cómo vive el festival, porque tiene una vida propia. No es una cosa que se crea, sino algo que no para de respirar jamás. El FIC programa sus espectáculos con mucho tiempo de anticipación, te hablo de dos, tres o cuatro años, dependiendo de la obra que se quiera traer”, asegura.

Piensa que, sin duda, el hecho de haber sido programadora del Cervantino ha facilitado dirigirlo, porque ya conoce cómo funciona. “Tener esa ventaja es enorme. Cuando has sido programador ya sabes qué debes esperar de tus ideas y cómo van a cristalizarse.

Ese conocimiento es muy necesario para tener una propuesta coherente, porque puedes tener grandes ideas; pero para hilvanar una programación debes saber quién es tu público, eso es lo más importante, lo primero que siempre debes tener en cuenta es al público”, enfatiza.

Para la funcionaria, ser programadora es una especialización. “Implica, en primer lugar, estar muy bien informado de lo que pasa en el mundo del arte; dos, tener una red de conocimiento en los países para saber qué es lo que está moviendo a los creadores y al público; debes también conocer la parte técnica y la creativa. Lo que te hace ser programadora es tener esta enorme apertura a lo que está pasando en la escena mundial”.

Quien se define como “una ávida buscadora de videos en internet” añade que todo el tiempo está revisando las novedades, los productos que le envían para informarse sobre lo que está pasando. “Debes mantenerte al día”.

Admite que, con 45 años, el FIC es el abuelo de los festivales latinoamericanos. “Es el más viejo, el más grande y el multidisciplinario más importante. Eso quiere decir que hay que estar al corriente en música, en danza, en teatro; es un reto enorme dedicarnos a todas las disciplinas.

Hay mucho qué aprenderle al Cervantino en organización. Los programadores internacionales que vienen se impresionan con el detalle fino de cómo organizamos, la puntualidad, el equipo técnico, la parte logística”, confiesa.

Por todo esto, destaca que los guanajuatenses han hecho suyo este encuentro y lo esperan cada año. “Representamos una derrama económica importante. Pero lo fundamental es que ya tiene un público fiel. Hay gente que se organiza y viene en grupos desde distintos estados”.

Calidad, no cantidad

En estos “45 años de diálogo” que llevan, tanto con las instituciones como con los artistas y el público, prosigue la directora del FIC, considera que la calidad ha ganado.

Aclara que se ha mantenido una propuesta de calidad, a pesar de que su presupuesto ha descendido en algunos años, porque en el festival confluyen apoyos en especie de diversas instituciones.

Los presupuestos son importantes, pero sólo son un parámetro. No es cierto que si bajan los presupuestos baja la calidad. Nunca. Qué triste sería que pensáramos que lo que no costó mucho dinero no tiene valor. Sería terrible.

En particular, en la cultura y en el arte hay un montón de creaciones que no tienen un costo para el público y son excelentes. El costo nunca es sinónimo de calidad”, dice tajante la promotora.

La funcionaria pública deja la última palabra sobre la calidad de la oferta del Cervantino a los espectadores. Aunque, en este rubro, admite que le preocupa la repercusión que los daños físicos y emocionales ocasionados por los sismos de septiembre pasado tengan en el número de visitantes. “Hasta ahora hemos tenido muchas salas llenas. Pero no hay que olvidar que llega mucho público de la Ciudad de México y de estados circunvecinos, que también están afectados”, apunta.

Mañana, que se clausura la 45 edición del encuentro tras 18 días de actividades, con Francia y el Estado de México como invitados de honor, los organizadores harán ese corte de caja y el balance final.

La gestora cultural adelanta que ya tienen amarrada en un 40 por ciento, aproximadamente, la programación de la edición del 2018, la última de la administración del presidente Enrique Peña Nieto.