Ideogramas; pasa del jazz a lo barroco

El disco, que es resultado del Taller para Quinteto Mixto, será  presentado el 4 de febrero en el Cenart

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CIUDAD DE MÉXICO.

Una reunión de brujas en la mitad de un bosque, una leyenda náhuatl, una momia gorda que vive en el Museo de El Carmen y el extraño sueño de un hombre, son algunos de los motivos que alimentaron el disco Ideogramas, cubierto de influencias que van desde el jazz y la música de Azerbaiján hasta el barroco y la música celta, que será presentado el próximo 4 de febrero a las 19:00 horas, en la Sala Blas Galindo del Centro de las Artes (Cenart), acompañado por un recital.

El álbum está compuesto por ocho obras y es el resultado del taller de composición para quinteto, encabezado por el compositor Enrico Chapela, quien detalló en entrevista que éste es resultado del Taller para Quinteto Mixto, impartido por el Núcleo Integral de Composición (NICO) en 2016, cuya escuela se enfoca al trabajo con estudiantes avanzados de composición, con la asesoría de los músicos del Ensamble Ónix.

Respecto a las piezas, Chapela advirtió que no existe una propuesta única, sino ocho búsquedas distintas. “Por ejemplo, se encuentra la pieza Los placeres de la casa de Emil Rzajev Lomelí, un estudiante muy interesado en combinar música barroca y de Azerbaiján, cuyo resultado es sorprendente”.

También esta el caso de Antonio Flores Castro, quien basó su pieza Xóchitl en una leyenda náhuatl, a partir de la cual llevó a cabo una obertura para ópera; o el de Cristóbal Maryán, que cuando visitó el Museo de El Carmen quedó impresionado por las momias que contiene, en particular una que era gorda y a partir de la cual creó la obra Momia I. El Gordo, donde imaginó qué posibles excesos llevaron a la muerte a este gordo, añadió.

También está Constructo I, de Eduardo Partida, una pieza más técnica, basada en texturas y técnicas de improvisación; o Playground de Marilú Niño-Prieto, una pieza más tradicional y tonal, que resultará más amigable para un oído inexperto en la música contemporánea.

Otra de las piezas es Telegramas, basada en sonoridades del jazz, dado que su compositor, José de la Parra se ha interesado en este tipo de ritmos y tonalidades; o el caso de Erick Garcés, una obra con sonoridades muy características de la música contemporánea, titulada Descubrimientos en el repetido sueño de José, basada en el contraste de ritmos lentos y texturas cromáticas y estridentes.

Y para terminar, se incluye una pieza de Ernesto Góngora, titulada Aquelarre, donde el compositor imagina una reunión de brujas en mitad de la noche, para la cual utiliza texturas lentas y rítmicas, a partir del contacto que el propio autor ha tenido con la gaita escocesa y la música celta.

“Para mí la música contemporánea es una expresión de nuestro tiempo, y el tiempo que vivimos está inevitablemente vinculado a las comunicaciones y la tecnología, donde los estudiantes tienen el poder en su teléfono para acceder a la historia de la música”, detalló Chapela.

El signo de nuestros tiempos es la inclusión de cualquier tipo de estética dentro de la historia de la música en general, añadió. “Así que ésta ya no es la época de los ‘ismos’ o de los ‘istmos’, donde los compositores se comprometían con una estética o un manifiesto político y no podían salirse de ahí; los jóvenes de nuestro tiempo han comprendido esto muy bien y eso se nota en este disco, donde predomina la variedad de influencias y sonidos que los jóvenes conocen”, concluyó.

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