Infancia decimonónica en el Museo del objeto
Se inaugura mañana la exposición Los niños del siglo XIX, que muestra a los menores como si fueran “pequeños adultos”

CIUDAD DE MÉXICO, 10 de julio.- En una pose de “pequeños adultos”, las pinturas de finales del siglo XVIII representaban a los infantes inmersos en una solemnidad: niños de traje sastre, corbatín y zapatos duros; niñas de vestidos ampones, zapatillas y sombrero. Ambos con el rostro serio, rígidos en su actitud.
“A los niños se les exigía como adultos, y se les representaba como tal, pues en ese momento se desconocía qué necesitaban, qué querían”, refiere el investigador Gustavo Amézaga Heiras, quien plantea que el concepto de infancia no existía en un sentido social y cultural, y se les consideraba más como personas en formación.
Fue hasta el inicio de los años 1800 con la Revolución Industrial, los movimientos de independencia y el pensamiento positivista cuando la niñez adquiere presencia en la sociedad, y es este periodo de transición el eje de la exposición Los niños del siglo XIX que se inaugura mañana en el Museo del Objeto (MODO) con mil piezas de 20 colecciones públicas y privadas.
Los objetos hacen un recorrido visual por la cultura material creada en un periodo de evolución hacia el nuevo siglo, explica Amézaga Heiras, curador de la muestra.
A través de juguetes artesanales, libros hechos a mano, objetos de higiene, postales publicitarias, documentos e imágenes de la época se da cuenta del desarrollo de la infancia durante un siglo completo en un sentido social, no sicológico; para mostrar así el proceso en que los infantes dejaron de ser “pequeños adultos” y adquirir entonces derechos y obligaciones como en el presente.
Amézaga Heiras abunda que la percepción del menor como una persona sin capacidad de decisión u opinión dentro del núcleo familiar obedeció simplemente a un contexto sociocultural lo mismo en la Nueva España que en países del viejo mundo, y este desconocimiento sobre la infancia se reflejó en la cultura material y su representación en la plástica.
“La exposición inicia con un óleo del retrato de un niño de finales del siglo XVIII y parece un adulto en miniatura, así era la forma en que se definen los retratos de estos niños y es curioso que no hay un retrato de un niño en el periodo colonial que esté sonriendo y eso habla mucho del espíritu y representación en esta época.
“Pero esto nos sirve de antecedente para entender cómo se veía al niño de una manera diferente, y luego con el estallido de las evoluciones y pensadores como Rousseau que tratan de entenderlo, se crea mobiliario, se crea ropa, materiales, diseños más modernos, que ya tienen que ver con lo que hacen los niños en realidad”, detalla el curador.
Señala que un grupo social, según su entorno, determinaba la edad para distinguir al niño; por ejemplo, la “edad religiosa” que era cuando los menores realizaban la primera comunión, entonces adquirían una posición en su núcleo familiar. “Es una cuestión meramente cultural, y no es exclusivo del siglo XVIII, sino que viene desde antes y ya en el trayecto del siglo XIX se les considera mucho más”.
Fue Jean-Jacques Rousseau, comenta, uno de los principales pensadores que centraron su atención en el estudio de la infancia, y de ser un asunto de menor interés, se convirtió en una moda para los intelectuales. Para Rousseau reconocer la infancia implicó separarla de la adultez: “La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”, declaró el filósofo.
Amézaga Heiras ejemplifica que mientras a finales del siglo XVIII no existía material educativo ex profeso, es con el movimiento de los positivistas que inicia una preocupación por comprender y crear métodos de educación; lo mismo sucedía en temas como el juego, el cual si bien hoy se asocia directamente con el entretenimiento, a finales de los 1700 era escasa la producción de objetos como muñecas o pelotas.
“Los niños de esa época se divertían de una forma muy sencilla, eso lo vemos en la pintura popular y la virreinal, por ejemplo en los cuadros de castas vemos algunos objetos como una escobetilla o un carrete de hilo, porque en la época virreinal los juguetes eran objetos para los adultos. Ya avanzado el siglo XIX, los europeos y norteamericanos crean una diversidad enorme de juguetes infantiles de tela, de bronce, de lámina, de madera y con ello la industria”.
El recorrido curatorial se secciona en siete núcleos temáticos desde los antecedentes históricos, juegos y divertimentos, hasta libros, lecturas, representación y la familia. Se trata, afirma el curador, de reflexionar sobre la condición de la infancia actual desde su pasado.
Del montaje destacan los dos objetos más antiguos que son “El catecismo del Padre Ripalda” de 1758 y el “Documento de la venta de un niño esclavo José Martín” de 1768, y la más recientes que se trata de una caja de aguinaldo para bautizo y un cuaderno para colorear del siglo XX.
La exposición se complementa con una sala lúdica que muestra el juego como un medio de relacionarse con el entorno; en este espacio los asistentes experimentarán con diferentes ejercicios que muestran cómo el divertimento puede ser un medio de enseñanza.
¿Dónde y cuándo?
Los niños del siglo XIX se inaugura mañana, a las 10:00 horas, en el Museo del Objeto (Colima 145, Roma). Permanece hasta el 25 de octubre.
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