Victoriano Huerta huyó con 15 mdp
Ayer se cumplió un siglo del exilio del expresidente mexicano, cuyos restos están enterrados en una tumba del panteón Evergreen, en El Paso, Texas

CIUDAD DE MÉXICO, 16 de julio.- Ayer se conmemoró el centenario del inicio del exilio del expresidente Victoriano Huerta, cuyos restos están enterrados en una tumba del panteón Evergreen, en El Paso, Texas.
Armas de Huerta dieron la vuelta al mundo
El 7 de diciembre de 1913, el SS Brinkburn zarpó hacia Odesa, vía Constantinopla. Una vez que el cargamento arribó al puerto de Odesa, hubo una serie de conflictos con el gobierno ruso, ya que éste pensaba que el armamento solicitado por Huerta era destinado a los rebeldes armenios, y sólo después de varias semanas de negociaciones, las armas fueron embarcadas en el Parnau con destino a Hamburgo, Alemania. De allí, el SS Ypiranga, vapor de la línea Hamburg-American, que servía desde hacía tiempo en aguas mexicanas, zarpó rumbo a Veracruz, deteniéndose una vez más en La Habana, donde se sumaron al cargamento ochenta toneladas más de armamento adicional, que Huerta había comprado en Bélgica, escribió el historiador Michael C. Meyer.
La ocupación estadunidense de Veracruz impidió la entrega de las armas, por lo que el Ypiranga permaneció en aguas mexicanas durante varias semanas hasta que pudo descargar en Puerto México (Coatzacoalcos), a pesar de que el contrato estipulaba a Veracruz como puerto de descarga. Aun cuando las armas fueron inmediatamente transportadas hacia la capital en la primavera de 1914, la situación de Huerta estaba ya tan deteriorada, que de poco le sirvió el arsenal.
Martha Strauss Neuman escribió que la historia de las armas del Ypiranga está salpicada de ironía. El armamento fue comprado en Estados Unidos durante la época del embargo, y no obtuvo permiso para descargar cuando éste había sido ya revocado. Finalmente, una enorme fuerza invasora estaba activada para impedir que el arsenal llegase al gobierno federal, y sin embargo, con casi toda la flota del Atlántico operando en el Golfo de México, el capitán Borath zarpó a Puerto México (Coatzacoalcos) y entregó el cargamento. La explicación del Departamento de Estado fue la de que las leyes internacionales impidieron la intervención de Estados Unidos en un barco alemán. Pero el temor de incrementar más la presión entre Estados Unidos y Alemania, parece estar más cerca de la verdad, señala el texto La mano extranjera en el gobierno y exilio de Victoriano Huerta, 1913-1915.
Lo que Huerta no le perdonó a Madero
Al frente del ejército que obedeció las órdenes del presidente Díaz, en 1911, Huerta dirigió desde Cuernavaca una campaña contra el general Emiliano Zapata. Cuando Huerta, que entonces era el jefe de las tropas del presidente Madero había rodeado a zapata, Madero le ordenó a Huerta abortar la
operación.
Ese hecho, que Huerta interpretó como una afrenta a sus estrellas de general, sembraron el rencor que Huerta le tuvo a Madero, a grado tal que ahí se habría gestado el inicio de la confabulación para, traicionar primero a Madero y luego asesinarlo, según distintos historiadores.
La inglesa Rose Eleanor King, que llegó a México en 1905 y conoció Cuernavaca, donde se estableció dos años después; montó un salón de té, un taller de cerámica y luego compró el hotel Bella Vista.
Desde esta propiedad que sigue en pie, a King le tocó conocer a varios personajes de la época, entre ellos a Zapata, Huerta, Madero y al general Felipe Ángeles. Después de la Revolución, King escribió un libro que tituló La Tormenta de México. Ahí la inglesa, que decidió quedarse a vivir en México definitivamente en 1928, cuando regresó después de la Revolución, escribió sobre Madero y Huerta, conociendo lo que había pasdo entre Madero y Zapata:
“Me impresionó la increíble inocencia del señor Madero, quien al parecer pensaba que podía jugar irresponsablemente con un hombre como este. Un cambio de conducta semejante había convertido a Zapata en su enemigo y ahora, para salvarlo, quizá se había hecho de un adversario aún más temible. Nunca imaginé que las relaciones entre estos dos hombres me afectarían personalmente.”
El museógrafo Miguel Enríquez señala que hay que seguir todo el camino militar de Huerta, “lo tachamos por lo sucedido en la Decena Trágica y lógicamente se juntan todas sus actuaciones con Díaz, porque es el encargado de poner orden en Yucatán. Se va a pegar siempre, es el malo de la película, pero en el gobierno de Díaz él va a cumplir con las órdenes militares”.
Rose King, sobre Huerta, escribió: “El general se alojó en el Bella Vista, y me divirtió ver cómo la disciplina volvía por sus fueros cuando el enérgico jefe asumió el mando. No admitía la menor relajación entre sus tropas, pero éstas lo adoraban porque siempre las conducía a la victoria. Él mismo bebía sin mesura y casi cada noche tenía que llevarlo a cuestas a la cama: pero siempre se levantaba temprano y despabilado, como si jamás hubiera conocido el olor del alcohol. Al general y a mí nos encantaban las ciruelas, y las disfrutábamos todas las mañanas”.
Huerta se fugó con millones de pesos
El 15 de julio de 1914, Francisco Carbajal sustituyó a Huerta como presidente de México, luego de que éste presentó su renuncia ante el Congreso de la Unión. Ese mismo día el usurpador se esfumó.
Cargado de millones de pesos, calculados en 15, según el escritor Ramón Prida, en su libro De la dictadura a la anarquía, que Huerta sustrajo del erario a través de su secretario de Hacienda, Adolfo de la Lama y su tesorero, Antonio Paredes, el usurpador declaró el día de su renuncia:
“Dejo la presidencia llevándome la mayor de las riquezas humanas, pues declaro que he depositado en el banco que se llama conciencia universal, la honra de un puritano.”
Sobre la salida de Huerta de la Ciudad de México rumbo a Puerto México existen varias versiones de la prensa de la época, según el portal Chihuahua.com. El periódico El País daba cuenta que a las tres de la tarde del 15 de julio, Huerta, acompañado de varios de sus exministros, entre ellos el general Guillermo Rubio Navarrete, el ex presidente salió de la capital de la República subrepticiamente hacía la estación del Ferrocarril Interoceánico de Los Reyes, ubicada a unos 18 kilómetros.
El Imparcial informó que la salida de Huerta de la Ciudad de México fue advertida por algunos vecinos de las calles cercanas a San Lázaro y que al observar el paso de la caravana de automóviles, algunos salieron a los balcones de sus casas para agitar pañuelos en señal de despedida.
Los reportes de prensa señalan que al llegar a la estación de Los Reyes, los generales Victoriano Huerta, Aurelio Blanquet, Liborio Fuentes, Eugenio Paredes, Víctor Manuel Corral, Juan Vanegas; los coroneles Arturo Alvaradejo, José Delgado, José Posada Ortiz y Gabriel Huerta; los capitanes Fernández Guerra y Nájera, entre otros, dejaron los automóviles y abordaron el convoy del expresidente que previamente había salido de la estación de San Lázaro.
El convoy de Huerta iba precedido de un tren explorador con tropas del 29 Regimiento. Aquí los fugitivos fueron despedidos por los generales Guillermo Rubio Navarrete, Javier de Moure, Juan A. Hernández, entre otros. De la estación Los Reyes, el convoy se dirigió al cruce de las líneas del Ferrocarril Mexicano y del Interoceánico, ubicado entre Irolo y Apizaco.
En ese lugar los esperaba el tren militar que les serviría de escolta. Ya en la línea del Ferrocarril Mexicano cambiaron de tren y a la una y media de la mañana el convoy reanudó su marcha. Llevaba una escolta de 300 hombres del 29 Regimiento de Infantería y del Cuerpo de Guardias Presidenciales.
En la huida de Huerta y su grupo de excolaboradores había estado protegida por trenes militares con unos mil 500 hombres del 29 Batallón. Las primeras noticias difundidas indicaban que los citados exfuncionarios viajaban rumbo a Puerto México para embarcarse en el buque español Alfonso XIII, aunque en realidad abordó el vapor alemán
Dresden.
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