INSEGUROS
¿Cómo se ve puede comparar lo seguro que son los autos ahora con los de antes?
R. Interesante. En el pasado, manejar era toda una aventura, y no precisamente por la emoción de la velocidad. Muchos autos antiguos eran realmente inseguros, aunque, en su momento, se consideraban lo más moderno. Los cinturones de regazo apenas sujetaban a los pasajeros durante un choque, y las bolsas de aire ni siquiera existían. Algunos modelos, además, colocaban el tanque de gasolina en lugares muy expuestos, lo que aumentaba el riesgo de incendios graves tras una colisión. Los volantes eran rígidos, los tableros metálicos, y los parabrisas se rompían en fragmentos afilados, convirtiendo cualquier accidente en una verdadera pesadilla.
Hoy, la historia es otra. La ingeniería automotriz ha avanzado a pasos gigantescos y la seguridad ocupa el primer lugar. Los autos modernos cuentan con frenos antibloqueo, control de estabilidad, cámaras y sensores que ayudan a prevenir choques. Incluso las carrocerías están diseñadas para absorber el impacto y proteger a quienes van dentro.
Pensar en esos detalles nos hace apreciar lo mucho que ha cambiado la forma de conducir. Lo que antes se confiaba al azar, hoy depende de la tecnología y el diseño inteligente. Viajar en auto nunca había sido tan seguro.
PUNTUACIÓN
¿Quién inventó la puntuación?
R. La puntuación no fue inventada por una sola persona, sino que evolucionó gradualmente a lo largo de los siglos para facilitar la lectura y la comprensión de los textos escritos. En la antigüedad, los griegos escribían en scriptio continua, es decir, sin espacios ni separaciones entre palabras, lo que dificultaba la lectura silenciosa. Aristófanes de Bizancio, erudito del siglo III antes de Cristo en la Biblioteca de Alejandría, es considerado el pionero de un sistema sistemático. Propuso dividir los textos en puntos para indicar pausas cortas, medias y largas, basándose en el ritmo de la recitación oral, lo que anticipó los signos modernos de interrogación y exclamación.
Durante la Edad Media, los escribas irlandeses y anglosajones del siglo VII introdujeron innovaciones prácticas. Usaron puntos para marcar el sentido y añadieron espacios entre palabras, haciendo los manuscritos más legibles. Isidoro de Sevilla, en su obra Etimologías, del siglo VII, describió un sistema de puntos para pausas breves, medias y largas, influyendo en la tradición latina.
El gran avance llegó en el Renacimiento con el impresor italiano Aldo Manucio, en Venecia, a finales del siglo XV. Introdujo la coma curva para separar cláusulas, el punto y coma para ideas relacionadas, los paréntesis para incisos y el punto final moderno. Su tipografía Aldina estandarizó estos signos, revolucionando la imprenta y la sintaxis clara, especialmente en latín y lenguas vernáculas.
En el español, la Real Academia Española adoptó más tarde signos como el punto y coma y los dos puntos, mientras que el guion y la puntuación invertida al inicio de preguntas y exclamaciones se popularizaron en el siglo XVIII para guiar mejor al lector. Hoy, la puntuación es esencial para transmitir entonación, jerarquía y emoción en la escritura.
