3 cambios para "equilibrar" tu alimentación después de los excesos de las fiestas

Enero no exige sacrificios alimentarios: retomar rutinas y evitar restricciones extremas ayuda al cuerpo a recuperarse de los excesos.

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Cómo equilibrar tu alimentación después de los excesos de las fiestasCanva

El cambio de año se ha convertido, para muchas personas, en una especie de “borrón y cuenta nueva” que, en términos de alimentación, suele traducirse en castigo: recortar calorías, saltarse comidas o prohibirse ciertos alimentos. 

Enero suele vivirse como un mes de corrección. Después de las celebraciones, los mensajes sobre “compensar los excesos” aparecen por todos lados, reforzando la idea de que comer fue un error que debe pagarse. 

Sin embargo, la evidencia científica apunta en otra dirección: la salud no mejora con culpa ni con restricciones extremas, sino con regularidad, equilibrio y hábitos sostenibles.

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Para muchas personas, enero se convierte en un mes de restricciones.Canva

¿Por qué sentimos que debemos “compensar” lo que comimos en diciembre?

La presión por “arreglar” la alimentación tras las fiestas tiene un fuerte componente emocional. Comer deja de verse como una necesidad o un placer y se convierte en una evaluación moral: lo que estuvo “mal” debe castigarse. El problema es que este enfoque puede afectar directamente la salud mental.

Un estudio basado en datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES), encontró una asociación entre patrones de dieta restrictiva —ya sea por calorías o por eliminación de nutrientes— y un mayor número de síntomas depresivos. 

El análisis mostró una vulnerabilidad particular en hombres y en personas con sobrepeso. Cuando la alimentación se construye desde la culpa y la rigidez, el costo emocional puede ser alto.

Este hallazgo es especialmente relevante en enero, un mes en el que muchas personas ya enfrentan cansancio, estrés económico y presión social para “empezar bien” el año.

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En diciembre también hay un aumento de alimentos ultraprocesados.Canva

Qué pasa realmente en el cuerpo tras las fiestas

Después de varios días —o semanas— de comidas más abundantes, mayor consumo de sal y alcohol, desvelos y menos movimiento, es normal experimentar hinchazón, pesadez digestiva o cambios en el apetito. 

Muchas personas interpretan estas sensaciones como un aumento significativo de peso, cuando en realidad suelen responder a factores temporales.

Parte de esta sensación se debe a retención de líquidos, cambios normales en el tránsito intestinal, menor consumo de agua y un aumento de alimentos ultraprocesados. 

Según información de Mayo Clinic, estos efectos suelen revertirse cuando se retoman rutinas básicas como una hidratación adecuada, comidas regulares y descanso suficiente, sin necesidad de intervenciones drásticas.

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Priorizar comidas equilibradas es parte de la recuperación real después de las fiestas.Canva

Cómo reequilibrar la alimentación después de diciembre

Reequilibrar no significa empezar de cero ni hacerlo “perfecto”. Significa volver gradualmente a hábitos que el cuerpo reconoce como estables.

1. Retomar horarios sin rigidez

La ciencia del “cuándo comemos”, conocida como crononutrición, ha ganado relevancia en los últimos años. Un estudio publicado en JAMA Network Open revisó distintas estrategias de distribución de las comidas —como el ayuno con restricción de tiempo o el consumo de calorías más temprano en el día— y encontró que la regularidad puede influir positivamente en algunos indicadores metabólicos, aunque los resultados varían según la persona y el contexto.

Comer de forma regular, sin saltarse comidas, suele ser más útil que “dejar de comer”. No se trata de horarios rígidos, sino de ofrecerle al cuerpo señales predecibles.

2. Priorizar comidas completas, no perfectas

Un plato “de regreso a la normalidad” no necesita ser gourmet ni seguir una etiqueta “fit”. Necesita ser suficiente y equilibrado. De acuerdo con recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, una alimentación saludable incluye variedad y equilibrio, no prohibiciones absolutas.

Una comida completa suele incluir:

  • Proteína: huevo, yogur natural, pollo, pescado, leguminosas.
  • Fibra: verduras, fruta entera, avena, frijoles, lentejas.
  • Energía: tortilla, arroz, pan, papa o pasta.

Este tipo de estructura ayuda a disminuir el picoteo por hambre real y favorece la saciedad, sin necesidad de contar calorías.

Escuchar señales de hambre y saciedad

Después de periodos de excesos, muchas personas pierden la capacidad de distinguir entre hambre física y hambre emocional. Recuperarla toma tiempo. 

Una herramienta útil es la alimentación consciente (mindful eating),  un enfoque respaldado por la Universidad de Harvard, que invita a prestar atención al acto de comer sin distracciones, observando cómo se siente el cuerpo antes, durante y después.

Tomarse unos minutos para comer con calma o identificar cómo responde el cuerpo a ciertos alimentos puede reducir la ansiedad alrededor de la comida y mejorar la relación con ella, sin necesidad de reglas estrictas.

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Los jugos detox no son la mejor opción.Canva

Por qué las restricciones empeoran la relación con la comida

Cuando enero comienza con la idea de “ahora sí me prohíbo todo”, el cuerpo suele responder con más pensamientos intrusivos sobre comida, antojos intensos y, en algunos casos, episodios de descontrol. No ocurre en todas las personas, pero es un patrón ampliamente documentado.

Nutrition Reviews  señala que la restricción rígida se asocia con mayor pérdida de control alimentario bajo ciertas condiciones emocionales. Esto explica por qué muchos intentos de dieta fracasan no por falta de fuerza de voluntad, sino por un enfoque poco sostenible.

Eliminar grupos completos de alimentos —como carbohidratos o grasas— suele convertir la alimentación en un campo de batalla. En un mes emocionalmente cargado como enero, esto puede aumentar la ansiedad en lugar de mejorar la salud.

Cuidado con los jugos, tés y productos “detox”

La Northwestern University difundió un estudio que analizó los efectos de una dieta basada únicamente en jugos durante tres días. 

Los investigadores encontraron cambios desfavorables en la microbiota oral e intestinal, asociados con procesos inflamatorios, en comparación con una dieta que incluía alimentos enteros.

En otras palabras, los planes “detox” no solo son innecesarios, sino que pueden desordenar más al organismo de lo que ayudan. El cuerpo ya cuenta con órganos —como el hígado y los riñones— diseñados para eliminar desechos sin necesidad de limpiezas extremas.

Más que iniciar el año con sacrificios, enero puede ser una oportunidad para recuperar rutinas y una relación más amable con la comida. Reequilibrar la alimentación no implica perfección, sino constancia. 

Comer sin culpa, hidratarse, moverse con suavidad y escuchar al cuerpo suele ser suficiente para que el organismo se recupere de los excesos festivos.

La salud no se construye en una semana ni se destruye en diciembre. Se sostiene, día a día, con decisiones conscientes.