UNO MISMO
Señor La Mont, no sé si le haya pasado, pero para mí es muy común hablarme a mí mismo, como en tercera persona: “¡Ay, José Luis, qué burrada acabas de cometer!”, por ejemplo. ¿Es esto común, tiene alguna definición o nombre?
R. Don Jose Luis, usted ni remotamente está solo en este tema. Esta costumbre es conocida como el ileísmo.
El ileísmo es la costumbre de hablar de uno mismo en tercera persona: “Alfredo, piensa…”, “Este columnista opina…”, “Un servidor agradece…”. Aunque suene exótico, la palabra existe en español y tiene una larga tradición retórica.
¿Cómo se usa en español?
En el mundo hispánico aparece en tres registros muy reconocibles:
1. Distancia retórica.
Sirve para crear una voz institucional o narrativa. Los políticos dicen “este presidente” para sonar formales; los escritores lo usan para contar su propia vida como si fueran personajes. En México, la fórmula “este servidor” es casi un género.
2. Regulación emocional.
La psicología ha mostrado que hablar de uno mismo en tercera persona ayuda a bajar la intensidad emocional y a pensar con más claridad. En español funciona igual: “Alfredo está molesto, pero puede esperar” crea un pequeño espacio mental que permite respirar antes de reaccionar.
3. Efecto estilístico o irónico.
En columnas y crónicas, el ileísmo añade humor, distancia o un guiño cómplice. “Este humilde cronista sospecha que el tráfico no mejorará pronto” es una forma elegante de decir “yo ya me resigné”.
¿Puede ayudarnos a ser mejores?
Sorprendentemente, sí. El ileísmo no es sólo un truco lingüístico, es una herramienta cognitiva.
• Reduce la reactividad: al narrarte desde fuera, te desidentificas del enojo.
• Mejora la toma de decisiones: obliga a ordenar el pensamiento.
• Aumenta la autocompasión: te hablas como hablarías de alguien a quien quieres.
• Afina la escritura: permite modular tono, distancia y humor.
No se trata de hablar siempre como Julio César, pero sí de recordar que, a veces, mirarnos desde afuera nos hace más lúcidos. Recordemos eso de “mirarnos en el espejo del alma”.
LA PROTECCIÓN
¿Cuál es la mejor forma de protegernos contra el Sol?
R. La protección solar es una práctica diaria que va mucho más allá de ponerse bloqueador antes de salir. La primera línea de defensa es la ropa: sombreros de ala ancha, camisas de manga larga y prendas con factor de protección ultravioleta (UPF). Incluso existe un tinte especial que puede añadirse a la ropa favorita para convertirla en prendas con protección solar, una alternativa útil para quienes prefieren no comprar un guardarropa nuevo. Marcas como Solumbra y Koolibar han desarrollado textiles diseñados específicamente para bloquear la radiación UV, lo que facilita adoptar esta rutina.
El uso de protector solar sigue siendo indispensable. Se recomiendan fórmulas con óxido de zinc y un SPF de 30 o más, especialmente en niños, así como productos etiquetados como “Broad Spectrum”. La reaplicación es clave: cada 90 minutos cuando se está al aire libre y con mayor frecuencia si hay sudoración, natación o fricción. También se menciona la niacinamida, una forma de vitamina B3, como un complemento que ha mostrado beneficios en la reducción de ciertos tipos de cáncer de piel. Su uso debe considerarse como parte de una estrategia integral de protección, siempre consultando a un profesional de salud para evaluar su pertinencia.
