La paz tiene nombre de mujer

Serhii Pohoreltsev

Serhii Pohoreltsev

Café de Kyiv

A pocos días de que las calles de México se vistan de violeta para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, es imposible no reflexionar sobre la fuerza que sostiene los cimientos de una nación en crisis. En este Café de Kyiv, hoy quiero compartirles una realidad que a menudo queda eclipsada por las crónicas de guerra: la resistencia ucraniana no sólo tiene rostro de mujer, tiene su liderazgo, su inteligencia y su inquebrantable voluntad de futuro.

En Ucrania, el concepto de “sexo débil” ha quedado enterrado bajo los escombros de la agresión rusa. Hoy, las mujeres son la columna vertebral de nuestra supervivencia. No hablo únicamente de las más de 90 mil mujeres que portan el uniforme de las Fuerzas Armadas de Ucrania con un honor ejemplar; hablo de una movilización civil sin precedentes. Son las ingenieras que restauran la energía eléctrica tras cada ataque, las médicas que operan en condiciones de asedio y las diplomáticas que, con una mezcla de firmeza y empatía, mantienen a Ucrania conectada con el mundo.

Este compromiso no es simbólico ni se limita a tareas de retaguardia. Las mujeres ucranianas han derribado el techo de cristal militar en las condiciones más extremas: hoy las encontramos como francotiradoras, comandantes de unidades de artillería, operadoras de drones de alta precisión y pilotos. Su presencia en el frente de batalla ha transformado la doctrina militar de nuestra nación, demostrando que la valentía y la eficacia estratégica no conocen de género. Cada mujer en uniforme es una declaración viviente de que, en la defensa de la patria, no hay roles secundarios, sólo un compromiso absoluto con la libertad.

Un ejemplo que me llena de orgullo, y que mencioné recientemente en este espacio, es el de la meteoróloga Anzhelika Hanchuk. En este preciso momento, mientras leen estas líneas, ella lidera la 31ª Expedición Antártica Ucraniana. Que una mujer ucraniana encabece una misión científica en el fin del mundo, mientras su país lucha por su existencia, es el mensaje más poderoso que podemos enviar: el intelecto y el liderazgo femenino no conocen fronteras ni se dejan amedrentar por la violencia.

En México, donde la lucha por la igualdad y el reconocimiento del papel histórico de la mujer es un motor de cambio social, este mensaje resuena con una sintonía especial. Al igual que las mujeres mexicanas han sido históricamente las guardianas de la memoria y la cohesión social, las ucranianas están redefiniendo el futuro de Europa.

La pronta reconstrucción de Ucrania no será sólo un proceso de ladrillos y puentes; será una transformación social. Aspiramos a una paz justa donde el liderazgo femenino sea la norma y no la excepción. Los ucranianos hemos aprendido, de la manera más difícil, que la resiliencia no es sólo resistir el golpe, sino tener la capacidad de reorganizar el mundo después del impacto.

La paz que buscamos en Ucrania tiene nombre de mujer. Es la paz que garantiza que nuestras niñas puedan estudiar, investigar y liderar sin que el sonido de una sirena interrumpa su ambición. En este marzo, desde la Embajada de Ucrania en México, saludamos a todas las mujeres que, en ambos lados del océano, demuestran que no hay fuerza más transformadora que la determinación de ser libres.

*Embajador de Ucrania en México