La Ciudad de México es magnífica. Su diversidad de deseos, propuestas y ambiciones es materia prima para las conexiones improbables. Dentro de esta dinámica pueden prosperar las mejores ideas para el desarrollo económico. Por eso importa el rol de la ciudad como el común denominador que genera combinaciones inesperadas. Así surge una conexión imprevista entre las lecciones positivas de la historia contra la anemia y el auge actual del fintech y la inclusión financiera.
La anemia nos ha perseguido por miles de años, y a su paso se llevó la vida de millones de personas, sobre todo mujeres jóvenes. La mayor tragedia detrás de esta enfermedad es que tener una cura conocida es insuficiente si es costosa y escasa. El padecimiento de la anemia se puede tratar con un mayor consumo de hierro, pero en un inicio eso sólo se podía mediante el consumo de carne de res, producto accesible sólo para los más ricos. Por siglos los médicos intentaron muchas alternativas: polvo de hierro en el vino, inyecciones, suplementos. Ninguna fue adoptada masivamente porque se pensaron como soluciones exclusivas para quienes podían costearlo.
Fueron Theodore Drake y Frederick Tisdall, médicos pediatras de Toronto, quienes tuvieron una idea distinta. Simplificar el acceso a la cura de una forma masiva, fácil y de bajos costos. Así empezaron a añadir hierro a la comida de bebés, a la harina, a los cereales, a cosas que la gente ya consumía todos los días. De esa forma, solucionando el problema para los más pobres primero, fue que el suplemento llegó a la mesa de todos. Hoy, cuando desayunas cereal, te estás protegiendo de la anemia sin siquiera saberlo.
Esta combinación de problema conocido con una solución inaccesible o muy costosa comparte similitudes con el gran reto de la bancarización de millones de mexicanos. Aplicaciones que pueden ayudarnos a ahorrar, invertir, pedir préstamos, manejar mejor nuestro dinero son buenas soluciones que llegan a pocos. Para muchos son herramientas complejas con todo y educación financiera.
Así como la anemia se combatió haciendo el hierro accesible para todos, el fintech puede lograr la inclusión financiera haciendo sus servicios igual de simples y universales. Diseñar productos que eliminen las barreras invisibles para los más pobres es, además de un acto de justicia, un modelo de negocio inteligente. La tecnología financiera que usamos en el celular puede ser un común denominador entre todos nosotros. Basta con reconocer que una solución sofisticada también puede ser simple.
*Secretaria de Desarrollo Económico de la CDMX
