Harry Styles hace vibrar al Estadio GNP Seguros en la primera noche de su maratón en la CDMX
Harry Styles arrancó su residencia de 6 fechas en el Estadio GNP Seguros con el Together Together Tour

El fondo psicológico de Harry Styles es inmenso, por consecuencia, el físico. Ser testigo anoche de la velocidad de su paso “amateur” en las pasarelas levantadas en el Estadio GNP Seguros nos hace preguntarnos si realmente es un runner amateur. Terminó de cantar Are You Listening Yet? con una respiración normal, quizá acelerada por la adrenalina de tener a 68,500 personas viéndolo, escuchándolo y glorificándolo.
Eran pasadas las nueve de la noche. Y el sudor apenas se asoma por la humedad causada por el cardio empujado por el bochornoso ambiente de llovizna en pleno verano. El ruido de las harries es tremendo, no equiparable con las veces que One Direction pisó esta ciudad, sí con el ímpetu de tener al hombre de sus sueños en su faceta maratonista y disfrutando, por fin, de su propia música.
El canon se cumplió. Salió vestido casi como Juan Gabriel: saco rosa, pantalón vaquero, algo formal para una cita runner. “Ciudad de México. Gracias por estar aquí y al cielo por la lluvia que nos regaló, porque esta noche estamos juntos para gozar, ser felices, bailar y cantar”, dijo en su primer intervención.
Porque Together Together, el nombre del tour, fue pensado para que Harry compartiera el combo que reanimó su carrera: sentirse vivo como fan en un show de LCD Soundsystem y revalorado después de adentrarse a la crónica de Haruki Murakami De qué hablo cuando hablo de correr. Escuchar Adore You casi al arranque, entonces, no es coincidencia, tampoco Golden ni Watermelon Sugar y Music For a Sushi Restaurant, y lo entendió toda la gente que vivió la primera fecha tal y como su corazón se lo dictaba. El saco había desaparecido para este momento.

Se grabaron bailando, llorando; cantar y bailar fueron impulsos automáticos para desconectarse totalmente y al mismo tiempo sentirse conectado con tanto fan replicando las diferentes eras del británico, desde su era melancólica con el cardigan de colores hasta la actual facha sport fachera, que ignora la mala etiqueta de vestir shorts con camisa y corbata y un par de tenis para correr, lamentablemente todo bajo impermeables que ayudaron a que el lujo no se perdiera.
Su termo con agua lo esperaba al lado de su pedestal, apenas bebido después de dar algunas vueltas en su pasarela de 350 m. Cada tres le sumaban de a poco el kilometraje. “Por favor, una bienvenida para nuestra banda de cuerdas”, dijo en un español atropellado.
Un show de pop que tenía más ambiente de rave que otra cosa, imposible permanecer sentado hasta el respiro que regaló con Coming Up Roses, un track para llegar al final de la primera parte de esta carrera por alcanzar el gozo de sentirse vivo, el mismo sentimiento que imprimió en el disco Kiss All The Time. Disco, Ocasionally, el que lo trajo de regreso a su breve “residencia” de seis fechas en el núcleo de los triunfos deportivos de la F1 en su paso por la capital.
Fine Line la tocaba antes porque pensaba que era el final de algo hermoso… ahora lo hago antes porque es un gran augurio para el porvenir”, explicó antes de Fine Line. Contó perfecto el concepto de lo que está sucediendo en medio de una lluvia tenue y un cielo sombrío, amenazante.

Un viaje ácido se atravesó antes. Harry con un altoparlante gritando en distorsión un “Viva México” mezclado como si se tratara de un track registrado por la chilanga magia del Instituto Mexicano del Sonido.
Pronto, las Mexican Girls (el nombre provisional que adoptaron las harries en esta era) hicieron valer su fan project en la rola American Girls, logrando que Harry sonriera al ver los colores de la bandera mexicana prendiéndose en pista y gradas. Hacerlo sentir en casa fue una misión cumplida, con todo y los momentos que se han vivido en días previos al invadir su privacidad, según los videos publicados en redes sociales.
La fortuna de que este show se haga por las noches se siente en la posibilidad de ahorrarse la chela, el chesco y la botella de agua (aunque ya había bebederos para rellenar botellas). Llegamos a media carrera palpitando al doble, pero enteros; Harry parecía tener controlada la altura como lo hicieron los Tres Leones hace unas semanas en la famosa Batalla del Azteca.
Eso sí, empapado, pero presumiendo el resultado del entrenamiento con Keep Driving y alargándolo a Ready Steady, Go!, un tema que literalmente fue el disparo de salida para él a su famoso escenario X donde permaneció tres rolas más.

Otro viaje LSD, un tributo directo a la escena techno de Berlín, donde su cuerpo recobró esa pasión por las frecuencias que, quizá, perdió al intentar hacer shows meramente de pop. Pasó lo mismo con Dance No More, Treat People With Kindness y Pop. Una hora después, la lluvia cesó. Tregua al trazado, al empeño de cada outfit y fuera impermeables. Había que meter el último sprint, porque Harry no paró nunca más a tomar agua en escena para poder meter turbo con Season 2 Weight Loss y Carla’s Song. Al final, el corredor terminó mermado de la voz. Hablando al público, explicando el significado de la última rola mencionada, la voz empezaba a notarse algo ronca. Y está bien, el tipo no es Iron Man, sólo encontró en el deporte un nuevo significado para su vida, pero sigue siendo de carne y hueso.
Aperture llevó al último trecho. Permitió autotune a una de las coristas, claro, sin abusar como Julián Casablancas en Reality Awaits. Entiendes el propósito de todo este concepto cuando llegas a este momento: sólo te dejas llevar con toda la gente saltando y viviendo como si fuera el último día en este planeta. Como se debe de vivir siempre.

Antes de cerrar, Harry regresó una década en el tiempo con ayuda de su banda para entrar con una instrumental de Night Changes. Un golpe al corazón de tantas personas que crecieron con One Direction, pero pronto pasó a un desenlace que trajo Love of My Life y Sign of Times, abrazando una brisa que ya congelaba los pies de la pista.
Llegamos a la última parte del show y, como Harry, tantas personas aprendieron algo importante que Murakami plasmó en su libro sobre running (aunque no necesariamente hayan descubierto esta publicación): “La mayoría de los corredores no corren porque quieren vivir más, sino porque quieren vivir la vida al máximo”.
As It Was nos llevó a la meta. Con mucho aliento aún para seguir.
Quedan cinco noche más con Harry.