Coopelas o cuello

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Han pasado casi 20 años y la frase sigue viva. Se dijo mal, se dijo con acento, se dijo con miedo, pero se dijo. “Coopelas o cuello”. Tres palabras que un empresario chino-mexicano soltó desde una prisión estadunidense para explicar cómo, según él, un secretario de Estado del gobierno panista lo había obligado a guardar en su casa 205 millones de dólares en billetes. La frase se quedó. Nos la apropiamos, la volvimos meme, la convertimos en canción de El Tri, la pusimos en columnas y en programas de radio. Pero también la volvimos herencia. Y hoy, con Zhenli Ye Gon sentenciado a 15 años y un día de prisión, esa herencia se ve más clara que nunca.

Vale la pena recordar la película entera. El 15 de marzo de 2007 la entonces PGR ejecutó la Operación Dragón en Lomas de Chapultepec. Detrás de un espejo, en una habitación secreta, los agentes encontraron un tapiz de billetes. Doscientos cinco millones de dólares en efectivo. Doscientos un mil euros. Diecisiete millones de pesos. Pistolas. Obras de arte. Joyería. Medicamentos. Y hasta animales exóticos. Ye Gon no estaba ahí. Estaba en EU, apostando su fortuna en los casinos de Las Vegas. En julio de ese año la DEA lo detuvo en Maryland. Empezó el desfile judicial.

En Nueva York, dio la entrevista que lo hizo entrar a la historia política de este país. Dijo que el dinero no era suyo, que era del PAN para la campaña de Felipe Calderón, y que el entonces secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, lo había amenazado con matarlo si no resguardaba las bolsas. Dijo, para explicarnos la advertencia: “coopelas o cuello”. Lozano lo desmintió con vehemencia. Prometió demanda, pero nunca la interpuso. En Estados Unidos, la acusación por tráfico de químicos precursores se desinfló. Ye Gon terminó cerrando trato, purgó tiempo, y en octubre de 2016 fue entregado en extradición a México. Del avión al Altiplano. Del Altiplano a la orden de aprehensión por lavado de dinero en 2019. Y de ahí hasta ayer, cuando la FGR obtuvo la primera sentencia condenatoria en su contra: 15 años y una multa.

Quince años por mover dinero. Nada por los nombres que se guardó. Nada por los políticos que, según él mismo dijo, cooperaron para que aquellos dólares no supieran de dónde venían ni adónde iban. Y ahí está la tragedia que se repite, sexenio con sexenio: cuando el poder político y el crimen organizado se encuentran, siempre inventan una fórmula. A veces se llama connivencia, protección o reparto. Pero siempre necesitan una frase de operador para cerrar el trato. Y esa frase se parece mucho a la que popularizó El chino de las Lomas.

Miren nomás a Sinaloa. Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia desde el 1 de mayo, señalado por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York junto a otros nueve funcionarios por presuntos vínculos con la facción de Los Chapitos. Con la UIF ordenándole el bloqueo de cuentas y con una denuncia por delincuencia organizada. Con el testimonio de Ismael El Mayo Zambada, ubicándolo en la reunión donde fue emboscado aquel 25 de julio de 2024. Y con el asesinato del exrector Héctor Melesio Cuén ese mismo día.

Y no acaba en Sinaloa. En Baja California Sur la extorsión aumentó 95% y las autoridades apenas montan operativos de proximidad. En Michoacán, después del asesinato del líder limonero Bernardo Bravo y del alcalde de Uruapan Carlos Manzo, hace dos días el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla presentó una nueva estrategia contra la extorsión: cinco ejes, cuatro regiones focalizadas, una proyección de 100 detenciones al cierre del año. En Mazatlán, hace unos meses, cayeron dos presuntos extorsionadores que obligaban a comerciantes del mercado de abastos La Yarda a firmar pagarés en blanco bajo amenaza de levantón. En Nayarit, Tabasco, Quintana Roo, Guerrero, Veracruz, la fórmula se repite con distintos apellidos criminales, pero con el mismo verbo: cobrar.

Zhenli Ye Gon cumplirá su condena en el Altiplano. Y sin embargo, mientras a él le cae la sentencia por el dinero que le encontraron en su casa, en el país siguen encontrando cuerpos por el dinero que otros no quisieron pagar. “Coopelas o cuello” no era una frase del chino. Era una radiografía. Y sigue en el consultorio.