Ella, discreta, pulcra, detallista. Como profesional en una institución educativa, estudiaba a Edähï, dios con dos bocas. La llamaron para investigar un extraño caso. Su jefe le ordenó que fuera a una oficina de trámites desconocida, al otro lado. Ella, con el pelo disciplinado, obedeció.
Había viajado muchas veces a McAllen, a comprar todo lo habido y por haber. Ofertas de solo un dólar de multitud de chácharas para regalar y caer bien a quienes le facilitaban cualquier permiso. Pero ahora, la historia era otra. Kloda sabía que se estaba metiendo en camisa de 11 varas.
La hicieron esperar. Cuando entró a la oficina, percibió un ambiente de secrecía. Cámaras de video apuntándola. Tras el buenos días, ocupó la silla frente al oficial. Éste le enseñó una credencial y con un dedo sobre la boca, la silenció. Pudo ver claramente tres letras ALB. Se sorprendió. Miró a los ojos a su interlocutor, quien le dio una carpeta y una tarjeta con un número. Sin mediar palabra alguna, con una seña la despidió.
Ya en Reynosa, fue a la antigua iglesia parroquial, la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, a rogar protección. Sabía que la requería con urgencia y sólo del más allá habría de obtenerla. Ese lugar, desde años, sobresale en la industria petrolera, base de su riqueza y fuente permanente de empleo. Sobre eso va el encargo.
Sus pobladores viven con terror. Desde la cruenta guerra contra el narcotráfico, resultado de las venganzas feroces entre los del Golfo y los terroríficos Zetas. Lo primero, entrevistarse con “El yo no fuí”, rey de los corridos tumbados, Boby Mota. Que le explique eso de Vete, ni te debo ni me debes/ Que a la fuerza no se puede cuando el varo se acabó. ¿Primera huella?
¿Implicados esos tiranuelos de alta estofa que, cual aplicados estudiantes, se dijeron “a la ocasión la pintan calva” y van tras los réditos? Se dirigió a Residencial, el más costoso. Al llegar, detuvo su automóvil, tomó el celular y marcó el número de la tarjeta. Sólo dijo quiero entrar. Le abrieron el enorme portón de hierro. Sin dudarlo, fue al número 28. Ya la esperaban.
Una inclinación de cabeza y una declaración. La instalación, abandonada. Avisa y esfúmate. Al darle la mano para despedirla, le entregó un papel. Carretera 82. Brecha El Becerro. Visibles, 8 tanques fijos. Subió al auto y marcó a la policía municipal. Dio las coordenadas. No hay peligro, sitio vacío. Asegúrenlo. Arrancó y se fue a una cafetería. Alertó a la prensa.
Reflexionó ¿Negocio redondo? En agosto de 2019, el plan estaba iniciando. Había que esperar. Cuando se hicieron los requerimientos de equipo y materiales, un Olán amigo estaba ahí. Solicitaron tanques fijos de más, tanques móviles, computadoras. Con los cubitanques y las tuberías, ya podían instalar su “Destileria ilegal”. Las pipas ya no eran problema. Les asignaron varias de aquel famoso pedido. La Chispa habló con el gobernador.
Revisó documentos y claro que las cuentas no salieron. Hablan de sobrecostos millonarios reportados por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y pagos en exceso. Lo sospechó desde el primer momento. Había que corroborar. Se fue al barrio de El Banco, de pésima reputación. Buscó al Chambas Rudas. Él, lo que hizo fue traer en un tractocamión, placas de acero enrolladas y perfiles metálicos. Tardó una semana, las carreteras son inseguras, y más por allá, donde actúa la barredora.
El Chambas Rudas dijo que el Trapoguinda, de La Escondida, colocó con otros, esas malditas láminas. El Trapoguinda, contlapache del mirrey que ocupaba la mansión en Residencial; de ése, que traía la cantaleta de “merecemos abundancia”, pero tan rata y agarrado que nunca salpica. A Edähï, su destilada e irresistible tentación, le robó, mintió y traicionó.
¿Vas a venir Kloda? Ser tapadera, trágico destino. ¿Pronto estallará?
