Waymo y el Super Bowl LX: autos que se conducen solos conquistan San Francisco en la semana del gran juego de la NFL
Los robotaxis de Waymo redefinen la movilidad en San Francisco durante el Super Bowl LX, entre fanáticos, data y espectáculos de medio tiempo

Un motor silencioso aparece a la vuelta de la esquina y una pequeña multitud gira la cabeza en Market Street. Un robotaxi Waymo se detiene junto a una marquesina mientras una pareja de turistas con camisetas de los Seahawks saca fotos con sus celulares. En el fondo un mural anuncia el Super Bowl LX y la risa lejana de gente que cruza la calle sin creer que aquel coche sin conductor sea real. San Francisco late intenso mientras la ciudad recibe a cientos de miles de visitantes para el gran juego entre los Seahawks y los Patriots en el estadio que se erige como fortaleza de la fiesta deportiva.
En esta ciudad de California la tecnología y la data se sienten tan palpables como el grito de touchdown. En cada esquina un Waymo refleja el sol y atrae la mirada de un fanático o un curioso que pregunta cuánto cuesta un viaje. Un trayecto típico en robotaxi ronda los 20 dólares lo que para muchos visitantes es precio de experiencia más que de transporte.
Los Patriots y su narrativa de dinastía renacida han sido parte de todas las conversaciones. Sam Darnold es figura recurrente cuando se habla de segundos actos. Fue descartado por varios equipos y ahora tiene la oportunidad de ganar un anillo de campeón. Esa historia viaja con cada fanático que cruza la ciudad. En los bares, en las filas para tomar un Waymo, en los murales que celebran la presencia de Bad Bunny un artista que muchos comparan con espectáculos legendarios desde Michael Jackson.

La tecnología deja huella en el Super Bowl
La tecnología marca esta edición del Super Bowl como pocas veces antes. Los autos autónomos no son un accesorio de ciencia ficción. Miles de sensores, cámaras y algoritmos convierten cada viaje en un flujo de datos continuo que ayuda a ajustar rutas, predecir demanda y reducir la congestión. La inteligencia artificial ya no está en un laboratorio, está en movimiento, absorbiendo cada kilómetro recorrido por sus robots.
La empresa Waymo cerró una ronda de inversión millonaria que la valúa en una cifra de dos dígitos con enormes ceros detrás y sus ejecutivos recorren pasillos del poder para impulsar legislación que acelere la adopción de vehículos autónomos en todo el país. El Super Bowl no sólo es un evento deportivo, es escaparate de innovación.
Algunos residentes critican la presencia de los Waymo. Grupos de manifestantes señalaron averías y choques menores. El caso de un coche detenido por una infracción de tráfico en San Bruno desató debates sobre responsabilidad y autoridad cuando no hay conductor humano que pueda recibir una multa. Pese a eso, los datos que presenta la propia empresa muestran que estos vehículos se ven involucrados en accidentes con lesiones graves con una frecuencia mucho menor que el promedio de conductores humanos.
La llegada de hasta 150 mil visitantes ha puesto a prueba la red de transporte. Los cierres de calles y la avalancha de fanáticos son estrés para cualquier sistema urbano. Los Waymo ampliaron recientemente su cobertura hasta el aeropuerto internacional para que los recién llegados puedan experimentar este viaje futurista apenas pisan la ciudad.
Mientras tanto los fanáticos pintan sus equipos en la piel, compiten por fotos con los robotaxis y debaten si esta semana vivida en San Francisco entrará en los libros de historia del Super Bowl como la que redefinió movilidad urbana.
En cada semáforo, en cada esquina y en cada pantalla gigante que transmite el Super Bowl LX está la huella de data, tecnología y dinero. Y en medio de todo un robotaxi se abre, invita a subir y nos recuerda que el futuro ya llegó y viaja con nosotros.
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