El río Bravo, bajo presión: México, EU y el reto del agua compartida (III)

Ramón Aguirre
Registro Tláloc
En lo que respecta al Tratado Internacional de Aguas entre México y Estados Unidos, es fundamental distinguir entre los compromisos asumidos por ambas naciones. Por un lado, Estados Unidos se obliga a entregar anualmente a México 1,850 millones de metros cúbicos de agua del río Colorado. Por el otro, México se compromete a aportar a Estados Unidos un volumen total de 2,158 millones de metros cúbicos de agua del río Bravo, distribuido en ciclos de cinco años.
Esta diferencia en los esquemas de cumplimiento obedece a las características hidrológicas de ambas cuencas. Mientras que el río Colorado presenta una hidrología relativamente estable, sustentada en los deshielos de las Montañas Rocallosas, el río Bravo se caracteriza por una marcada variabilidad, lo que en su momento hizo inviable garantizar entregas anuales constantes. Por ello, se acordó establecer ciclos quinquenales para el cumplimiento de la obligación mexicana.
El Tratado también contempla disposiciones específicas para enfrentar situaciones de sequía. En el caso del río Colorado, se prevén reducciones proporcionales entre sus ocho usuarios: México y siete estados de la Unión Americana. Actualmente, debido a la sequía más severa registrada en la cuenca en más de un siglo, se aplica un recorte aproximado del 19% en las asignaciones correspondientes.
Para el compromiso mexicano en el río Bravo, el tratado establece que, ante una sequía extraordinaria o fallas graves en la infraestructura hidráulica que impidan cumplir con la cuota quinquenal, los volúmenes no entregados deberán reponerse en el ciclo siguiente. En el ciclo pasado, como consecuencia de la intensa sequía que afectó al país entre 2023 y 2025, México dejó de aportar alrededor de 1,080 millones de metros cúbicos. Esto implica que, en el ciclo actual, el país tendría que entregar 3,240 millones de metros cúbicos, lo que equivale a un promedio anual de 647.6 millones, muy por encima de los 431.7 millones que corresponderían en condiciones normales.
A pesar de estas previsiones claramente establecidas en el tratado, recientemente se dio a conocer que la administración Trump informó haber logrado que México se comprometiera a entregar al estado de Texas un volumen mínimo anual de 431.5 millones de metros cúbicos de agua del río Bravo durante el quinquenio 2026-2030. De manera adicional, se informó que el Congreso de Estados Unidos promulgó la Ley de Gastos del Departamento de Estado para el Año Fiscal 2026, la cual incorpora una cláusula de carácter punitivo hacia México, al prohibir la liberación de recursos de asistencia económica y de seguridad hasta que se certifique el pago de la supuesta deuda de agua derivada del Tratado de 1944.
Ambos anuncios colocan a México en una situación particularmente compleja, sobre todo si se considera que las condiciones demográficas y de demanda de agua existentes al momento de la firma del Tratado, hace más de ocho décadas, distan enormemente de la realidad actual. En la cuenca del río Bravo hay estimaciones de que la demanda supera la oferta en más de 1,000 millones de metros cúbicos; se trata de una región que abastece a millones de habitantes de ciudades fronterizas, que se encuentra sobreconcesionada y en la que ha faltado una autoridad sólida capaz de ordenar los usos, medir con precisión los consumos autorizados y combatir las extracciones ilegales.
*En este contexto, no resulta sencillo prever el cumplimiento del compromiso quinquenal ni, mucho menos, de una entrega anual mínima tan elevada como la anunciada. Históricamente, el cumplimiento ha dependido de la ocurrencia de años lluviosos que compensen los periodos secos. En cualquier escenario, la realidad hídrica impone un límite claro: sin lluvias extraordinarias, las obligaciones serán difíciles de cumplir.