Mundial 1970 y la pasión por la derrota: El día que nació el fracaso de la Selección Mexicana
Era costumbre que México fuera a los Mundiales para ser goleado, pero en su primero en casa se esperaba una gran actuación que terminó desilusionando a todos, como recuerda el escritor J.M. Servín

México suele desteñirse en los Mundiales. La espera de cuatro años se vuelve iridiscente al comienzo, pero termina siendo opaca como la historia de nuestro futbol. Es tanto el ánimo por creer en quimeras que nunca se sabe con exactitud qué tan hondo es el fondo.
Al escritor Juan Manuel Servín, ferviente seguidor, primero de las Chivas y después de la Selección Mexicana, le asaltó la desilusión a los ocho años, cuando justamente se efectuó la primera Copa del Mundo aquí, en 1970, y que le causaría una profunda impresión.
Su mensaje por móvil para aceptar la charla sobre este tema es inquietante: “Ese partido contra Italia de cuartos de final marcó mi espíritu, ni Schopenhauer llegó tan lejos conmigo. Ahí entendí que los mexicanos teníamos pasión por la derrota en el futbol”.
El fracaso mexicano a todo color
Luego comienza la charla distendida. Cuenta cómo en su familia, removidos por el espíritu del Mundial, se endeudaron para conseguir una televisión moderna: “Vimos el fracaso a todo color, pero fue en realidad una tragedia profunda”.

Y es que hasta esa inflexión de México 70, la Selección solía ir a los Mundiales como una comitiva de la vergüenza, invitada siempre por la FIFA para ser vapuleada. Era normal que un equipo impreparado, casi amateur y con serias limitaciones volviera con las valijas hinchadas de goles recibidos. El Campeonísimo Chivas era el reinante en el futbol mexicano, pero cuando salían les invadía el síndrome del Jamaicón, aquel síntoma que fue acuñado a José Villegas, un reactivo defensa que lloraba por la nostalgia de la casa y las comidas.
“Esa era nuestra identidad. Hay que recordar que en esos años no había más que periódicos oficialistas. Aun así se sabía que no íbamos a trascender, era un país más inocente y no habíamos vivido la experiencia en carne propia de lo que significaba México en el futbol”.
La primera desilusión de México en Mundiales
Caro pagaría Servín, hoy un consumado escritor con títulos literarios como la antología El Gringo a través del espejo o Cuartos para gente sola, su apasionamiento por el futbol. Aquella primera gran desilusión de la Selección Mexicana le llegó en la propia sala de su hogar, dejándolo patidifuso.
“La vimos como acostumbraba una familia de extracto popular, con chicharrones de botana, chupe para los mayores y, para los niños, unos refrescos Chaparritas de El Naranjo… ni nos las tomamos, pasamos de una euforia con el gol del Calaca González al vendaval italiano que causó culpar a Nacho Calderón, que se convertiría en Nacho Coladerón”.
Esa misma tarde, después de un compungido berrinche, no salió a jugar a la calle con la pelota como lo hizo en los anteriores juegos del Mundial. Había una extraña sensación en el ambiente, un derrotismo falcado que se combinaba con la mofa. “Tenía miedo de que se rieran de mí y de mis ídolos del futbol. ¿Quién? Los mismos mexicanos. José Revueltas ya hablaba de nuestro humor negro y cruel”.
Una tele en abonos para ver el Mundial
El padre de J.M. Servín era un humilde trabajador de joyería y su madre, ama de casa. Removidos por la emoción se fueron a una tienda por las calles de Álvaro Obregón para conseguir una televisión Philco a color.

“Era la más moderna del momento y llegó a la casa gracias a que mi mamá tenía la patología de comprar en abonos productos que no podíamos pagar y exclusivamente por el Mundial la adquirió para sentir el futbol a colores. Vimos el fracaso sin el filtro del blanco y negro”.
Como muchos mexicanos, la tristeza se volvió referente en J.M. Servín cuando se trataba de volver a creer en la Selección Mexicana. Aquel chiquillo de ocho años creía realmente que su equipo lo representaba y no tardó en darse cuenta que las alegrías son ajenas.
“En mi familia éramos apasionados por el futbol, pero afortunadamente mi padre tenía una mirada mordaz que nos ubicaba en la realidad. Siempre nos remarcó la falta de técnica del jugador mexicano y que con ganas no se ganaba. Tenía toda la razón”.
La derrota quedó para siempre en los mexicanos
Cree entonces que aquella primera enorme decepción del futbol mexicano, al quedar embutidos en la propia vergüenza de la fiesta que organizaron, lo marcó en su estado de ánimo para seguir creciendo como al resto de su generación.

“Fue un momento dramático para todos. Desde entonces dejé de pensar que este equipo lograría algo y me sitúo en la realidad. La Selección es un placebo prefabricado”.
Así como su familia se endeudó, la réplica se sucederá con miles de familias mexicanas hipotecadas en 2026. “Es parte de la idiosincrasia, vivimos del espejismo y de la esperanza sin cimientos, igual que nuestra Selección”.
A pesar de que México ganó su primer partido en Chile 1962, lo cierto es que el Mundial del 70, con el doloroso derrumbe ante Italia, se puede concebir como el primer gran fracaso nacional.
“Si alguien me dice que se ha avanzado, miente, a lo que más se aspira es a ganar el quinto partido, que es como vivir pagando tus abonos”.