Hugo Sánchez: las anécdotas de su infancia que anticiparon a una leyenda del futbol

Desde colarse por una puerta rota a las canchas de la Ciudad Deportiva hasta ganar todos los dulces cuando rompían las piñatas, Hugo Sánchez estaba predestinado a ser el mejor futbolista de todos los tiempos que México haya dado.

Hugo Sánchez en su año de debut con Pumas.
Hugo Sánchez en su año de debut con Pumas.Archivo Excélsior

La alambrada rota en la Puerta 2 de la Ciudad Deportiva era el mejor acceso de entrada al paraíso para los dos pequeños inquietos. Hugo y su amigo Miguel ingresaban de esta forma a los campos, cruzaban por dos enormes canchas de futbol y luego doblaban a la derecha hasta toparse con aquellos enormes pinos, que aguardaban frente a frente para transformarse en los postes ideales de la portería. Por muchas jornadas, aquellos árboles se convirtieron en los testigos fieles de los primeros goles del mejor futbolista mexicano de la historia.

Hugo Sánchez solo soñaba con el futbol. Su otra portería consentida fue la reja blanca marcada con el número 24 en la colonia Jardín Balbuena. Los trallazos que salían de la pierna zurda comenzaban a dejar huella con abolladuras. Adentro de la vivienda, El Marabunta, como era conocido, pateaba con fuerza otro balón para mandarlo justo contra una de las ventanas. Esta vez no hubo pañuelos blancos por el golazo ni tampoco aplausos. El ruido de los vidrios desató el grito de doña Isabel: «¡Hugo, otra vez!». El pequeño entonces no daba maromas para celebrar; apenas había tiempo de correr para escapar.

Hugo Sánchez siempre fue un gran competidor desde niño. No le gustaba perder ni en la rayuela ni en los quemados. También era un deportista súperdotado, capaz de conseguir una canasta desde la media cancha de basquetbol.

Hugo ganaba todos los dulces en las piñatas

En las piñatas acaparaba los dulces al aventarse con su bolsa lista. Gracias a su agilidad, podía adueñarse de casi todo el botín. Tanto, que los demás niños expresaban con desilusión: «Si está Hugo en la piñata, mejor no entramos porque se va a llevar todo».

Partido ante los Tecos cuando Hugo Sánchez quería la titularidad.
Partido ante los Tecos cuando Hugo Sánchez quería la titularidad.Archivo Excélsior

La Secundaria 88 recibió a su primera generación, la de 1970-1973. Ahí Hugo es recordado por su ejemplar comportamiento, buenas calificaciones y el ingenio para ingresar balones. Los desinflaba para llevarlos en la mochila y volverlos a inflar ya dentro del plantel.

Su pasión por el futbol no la frenaba nadie. En los recreos, los envases de cartón de los Boing eran la mejor opción para ser pateados. Todos los niños chutaban de punterazo; solo Hugo lo hacía con elegancia: era el único que le pegaba con el empeine y conseguía unos golazos.

¿Quiénes fueron los amigos de Hugo en la infancia?

Entre los amigos con los que creció se recuerda a Jesús Ramírez, quien luego también sería futbolista profesional. Ambos pasaban horas practicando centros. Chucho los ponía a modo y Hugo los remataba. Otro de sus aliados fue Miguel Bárcena, quien soñaba con ser periodista y a quien Hugo le prometió: «Cuando yo sea un futbolista famoso, tú me vas a entrevistar».

Partido nocturno en Ciudad Universitaria con Hugo en el ataque
Partido nocturno en Ciudad Universitaria con Hugo en el ataqueArchivo Excélsior

En aquella pandilla futbolera también estaba Efraín Herrera, quien años más adelante se convertiría en un fuerte defensa en el futbol profesional. Las gelatinas de frutas que hacía la mamá del famoso Cuchillo eran las consentidas del pequeño Hugo.

Ahí, por los rumbos de la Magdalena Mixiuhca, Hugo Sánchez comenzó a escribir su historia. Han pasado 50 años de su debut como profesional y las palabras proféticas de su padre, Héctor, a un grupo de amigos todavía resuenan: «Será el mejor futbolista mexicano de la historia».