Enhanced Games 2026: Los 'Juegos Olímpicos' de la jeringa y el doping agitan Las Vegas
Los Enhanced Games debutan este fin de semana con atletas dopados, premios millonarios y el mexicano Miguel de Lara Ojeda como uno de los protagonistas

Las Vegas siempre entendió algo antes que el resto del mundo. El espectáculo no necesita legitimidad para venderse. Necesita luces, dinero, una promesa imposible y suficientes cámaras apuntando al escenario.
Por eso los Enhanced Games no podían nacer en otro sitio.
Mientras el deporte tradicional todavía intenta sostener el discurso romántico del esfuerzo puro, este fin de semana el Strip de Nevada recibirá un certamen que parece escrito por un guionista intoxicado de Silicon Valley, culturismo noventero y capitalismo libertario. Atletas con sustancias prohibidas en el cuerpo. Récords perseguidos con ayuda farmacológica. Millones de dólares en premios. Médicos supervisando protocolos hormonales. Un concierto de cierre de The Killers para rematar la función.
Y en medio de ese incendio ético aparecerá un mexicano.
Miguel de Lara Ojeda, semifinalista olímpico en París 2024 y dueño de los récords nacionales de pecho, competirá en la primera edición de unos juegos que han sido bautizados por críticos y detractores como “las Olimpiadas del dopaje”.
Lo que sucederá en Resorts World Las Vegas entre el 24 y el 25 de mayo no es únicamente una competencia. Es una declaración ideológica disfrazada de evento deportivo. Un desafío frontal a la Agencia Mundial Antidopaje, al Comité Olímpico Internacional y a décadas enteras de discurso moral sobre el cuerpo humano.
Los organizadores lo venden de otra manera. Hablan de “optimización”, “libertad biológica”, “innovación científica” y “mejora humana”. El vocabulario importa. Nadie dice esteroides cuando puede decir longevidad. Nadie habla de dopaje cuando existe la palabra rendimiento.
El resultado es una mezcla extraña entre laboratorio, startup tecnológica y gladiadores modernos.

El deporte entra al territorio de la bioingeniería
El formato parece diseñado por ejecutivos que crecieron viendo transmisiones olímpicas y leyendo foros de transhumanismo. Habrá apenas 40 atletas invitados y unos 2,500 espectadores dentro de un complejo temporal construido especialmente para el evento. No existe clasificación abierta. No hay federaciones nacionales. No hay banderas. Tampoco existe la narrativa patriótica que suele envolver a los Juegos Olímpicos.
Aquí el atleta funciona más como una propiedad de alto rendimiento.
Muchos forman parte del llamado “Enhanced Performance Team”, una estructura profesional que ofrece salario mensual, médicos, entrenadores, nutrición personalizada, recuperación avanzada y acceso a protocolos farmacológicos autorizados por el propio evento. Según datos difundidos por la organización, el 91 por ciento de los competidores utilizó testosterona o derivados, el 79% hormona de crecimiento y el 41% eritropoyetina.
La lista parece una recopilación de sustancias prohibidas de la AMA convertida en menú premium.
Los organizadores aseguran que todo ocurre bajo supervisión médica y dentro de estudios clínicos aprobados. Sus críticos responden que ninguna vigilancia elimina los riesgos cardiovasculares, hepáticos o psiquiátricos asociados al consumo de estas sustancias.
La tensión entre ambos discursos explica por qué los Enhanced Games generan fascinación incluso entre quienes los detestan.
Porque debajo de toda la polémica existe una pregunta incómoda que el deporte lleva décadas evitando mirar de frente.
¿Y si el sistema antidopaje nunca logró controlar realmente el dopaje?
Los promotores de Enhanced sostienen que el modelo tradicional está roto, que los atletas ya consumen sustancias clandestinamente y que la diferencia ahora es la transparencia. La AMA responde que legalizar el dopaje no corrige el problema, simplemente lo convierte en negocio.
Y negocio es justamente la palabra clave.
Detrás del proyecto aparecen nombres como Peter Thiel, el multimillonario libertario que cofundó PayPal y financia proyectos futuristas ligados a biotecnología y longevidad. También figura Christian Angermayer, inversionista alemán que imagina un mercado gigantesco alrededor de la mejora humana.
La lógica empresarial es transparente. Si millones de personas consumen suplementos, hormonas, péptidos o tratamientos estéticos para verse mejor, vivir más o rendir más, entonces el atleta se convierte en publicidad viviente.
Un corredor musculoso deja de ser únicamente un deportista. Se transforma en demostración comercial.
Presencia mexicana con Miguel de Lara
Para México, la presencia de Miguel de Lara Ojeda convierte el evento en algo más complejo que una curiosidad extravagante de internet.
De Lara no llega desde el anonimato. Fue olímpico en París 2024, alcanzó semifinales en los 200 metros pecho y durante años cargó sobre sus hombros la reconstrucción competitiva de la natación mexicana. Sus récords nacionales en 50, 100 y 200 metros pecho lo colocaron como referencia continental.
Pero también es un atleta marcado por la fricción pública.
En París vivió una de las escenas más dolorosas de su carrera cuando fue descalificado en los 100 metros pecho por una supuesta patada ilegal de delfín. El episodio detonó críticas, burlas y discusiones en redes sociales mexicanas. Él respondió con visible hartazgo hacia una afición que, según dijo entonces, no entendía el sacrificio detrás del alto rendimiento.
Ahora aparece en un escenario todavía más explosivo.
Competirá junto a nombres como James Magnussen, medallista olímpico australiano que se convirtió prácticamente en rostro promocional del evento tras exhibir una transformación física radical. También estarán Ben Proud, subcampeón olímpico, y Fred Kerley, campeón mundial de 100 metros.

La decisión de De Lara probablemente dividirá opiniones en México.
Habrá quienes lo vean como traición al espíritu olímpico. Otros entenderán el componente económico detrás del movimiento. Los atletas participantes reciben salarios anuales, bonos de participación y premios gigantescos para estándares deportivos. El evento presume una bolsa total cercana a los 25 millones de dólares y ofrece hasta un millón extra por romper ciertas marcas emblemáticas.
Para muchos deportistas de disciplinas poco rentables, la cifra cambia vidas enteras.
El deporte de élite suele vender gloria mientras paga salarios modestos. Muchísimos atletas olímpicos sobreviven con becas limitadas, apoyos intermitentes y patrocinios mínimos. Enhanced encontró la grieta perfecta. Donde las federaciones ofrecen prestigio, ellos ofrecen dinero inmediato. Récords imposibles, trajes prohibidos y una frontera sin regulación
¿Qué competencias se celebrarán?
La competencia incluirá natación, velocidad y levantamiento de pesas. Habrá pruebas de 50 y 100 metros libres, mariposa, 100 metros planos y modalidades de halterofilia y strongman.
Los récords que eventualmente caigan no serán reconocidos oficialmente.
Aunque ahí también existe un matiz interesante.
En atletismo parece improbable acercarse al 9.58 de Usain Bolt. Pero la natación sí podría entrar en territorio explosivo. Los atletas usarán trajes de poliuretano prohibidos desde hace años por World Aquatics, además de competir bajo protocolos farmacológicos permitidos por los organizadores.
Es decir, la combinación más agresiva posible entre tecnología y química.
El año pasado el griego Kristian Gkolomeev registró un tiempo extraoficial de 20.89 segundos en 50 metros libres dentro del ecosistema Enhanced. El registro no cuenta oficialmente, pero funciona exactamente como quieren los organizadores.
Y quizá ese sea el verdadero objetivo.
No derrotar al olimpismo. No reemplazar a los Juegos Olímpicos. Ni siquiera convencer al público de que el dopaje es moralmente correcto.
Lo que buscan es otra cosa.
Convertir el cuerpo humano en la siguiente gran industria de entretenimiento tecnológico.
En Las Vegas, ciudad donde todo puede comprarse si el precio es suficiente, el deporte entrará este fin de semana a una dimensión incómoda. Una donde la ciencia, el dinero y el rendimiento dejaron de caminar por separado.