Encuentra las diferencias del Estadio Azteca antes y después de su remodelación
El inmueble rumbo al Mundial 2026 mantiene su silueta histórica, pero modernizó su infraestructura interna. Cambios funcionales más que visuales.

“Se ve igual”… “¿Y… los cambios?” “Esperaba algo más moderno.”
La conversación se instaló en redes desde que aparecieron las primeras imágenes del Estadio Aztecatras su proceso de remodelación rumbo al Mundial 2026. Y esta es la verdad: la diferencia no es tan evidente como muchos imaginaban.
El estadio no cambió su silueta, no modificó su estructura icónica, no alteró esa postal monumental que lo ha hecho inconfundible en cualquier transmisión desde 1966. Pero eso no significa que no haya cambiado. La transformación no es estética, es funcional. Y ahí está la clave del debate.

Uno de los puntos intervenidos fueron las gradas. Hubo reconfiguración de espacios, adecuaciones en accesos y ajustes en zonas de hospitalidad para cumplir con estándares internacionales. Sin embargo, la inclinación, la forma y la distribución general permanecen intactas. No hay nueva fachada, no hay techo futurista, no hay ruptura visual.
Desde la tribuna, el estadio se sentirá familiar. Desde la televisión, prácticamente idéntico. La diferencia estará en la logística interna, en la optimización de espacios y en la manera en que operará en eventos de máxima exigencia.

Otro cambio relevante fue la reubicación de vestidores y áreas operativas. Este ajuste no se aprecia en fotografías aéreas, pero sí transformará la dinámica interna del inmueble. Mejores recorridos hacia cancha, nuevas zonas mixtas y adaptación a exigencias de eventos internacionales. Menos trayectos improvisados, más eficiencia estructural.
La cancha también fue intervenida. Se modernizó el sistema de drenaje y mantenimiento del terreno de juego para cumplir con estándares FIFA. A simple vista, el césped luce similar. Pero debajo hay nueva infraestructura que garantiza rendimiento y resistencia para una mayor carga de partidos. La superficie parece la misma; la base es completamente distinta.
También hubo actualizaciones en iluminación, instalaciones eléctricas, accesibilidad y áreas comerciales, pero la estructura general no fue alterada. No hubo una transformación radical como en otros estadios que cambian fachada o diseño exterior, como ocurrió con Wembley en el Reino Unido. Aquí la apuesta fue distinta: modernizar sin disfrazar.
Es probable, además, que los trabajos no estén completamente concluidos para el próximo 28 de marzo, cuando México enfrente a Portugal en la reapertura del estadio. Incluso algunas obras complementarias en los alrededores podrían extenderse hasta después del Mundial. Lo que no está en duda es que el inmueble estará listo para junio, cuando se convertirá en el primer estadio en el mundo en recibir tres inauguraciones de Copa del Mundo. Ese dato no es menor: es historia pura.
Cambió la infraestructura interna. Cambió la operación. Lo que no cambió fue la identidad.
Y quizá esa fue la intención: modernizar sin borrar historia.
El debate seguirá abierto. Para algunos, la remodelación debió ser más visible. Para otros, mantener la esencia era indispensable.
Lo cierto es que el Estadio Azteca luce igual… pero funcionará diferente.
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