Muere Tarsicio Herrera Zapién, portador de la llama de las letras clásicas

El escritor, traductor del latín, académico de la lengua y músico falleció ayer a los 90 años, debido a una devastadora influenza

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El escritor, investigador y académico de la lengua Tarsicio Herrera Zapién falleció a los 90 años.Foto: Cortesía Eduardo Herrera.

Amante del latín, de la cultura romana, del piano, de la obra de la poeta Sor Juana Inés de la Cruz y del músico Manuel M. Ponce, de la docencia, de la lengua española y del mate, ayer murió el escritor, investigador y académico de la lengua Tarsicio Herrera Zapién (1935-2026).

El doctor en Letras Clásicas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana, de Roma, Italia, falleció a los 90 años en un hospital de la Ciudad de México, debido a una influenza de evolución rápida que debilitó su organismo, informó en entrevista su nieto Eduardo Herrera.

El diseñador industrial de 31 años, que creció al lado de su abuelo y vivía con él en su casa de la colonia San Miguel Chapultepec, detalló que el fatal desenlace se dio en sólo tres días y que “el latinista mayor” leyó, escribió y tradujo hasta el último momento. Sus restos serán velados hoy en la Funeraria Gayosso de Sullivan.

Fue como un padre para mí. Era un académico de alma. Siempre traducía al latín y se sorprendía con las nuevas palabras que aparecían en los diccionarios. Era un abuelo cariñoso. Su forma de decirme ‘me importas y te quiero’ era enseñarme a hablar y a leer bien, a declamar poemas y a tocar el piano”, agrega.

“Sus libros eran sus trofeos”

El hijo de Carolina Herrera, la primera de las tres hijas que tuvo don Tarsicio con Carolina Larios –además de Virginia y Beatriz–, evoca que, tras la pandemia, se acercaron más.

Juntos dimos el brinco digital. Yo le ayudaba a realizar las reuniones virtuales con sus compañeros de la Academia Mexicana de la Lengua –a la que ingresó en 1984–. Hacíamos varios videos. Le fascinaba verse en YouTube hablar fluido como cuando era joven. Le dio un entusiasmo renovado”, recuerda.

Dice que “sus libros eran sus trofeos, los leía, los subrayaba, los recortaba, escribía a mano en ellos, vivía entre ellos. Nos deja la biblioteca que atesoró”.

Autor de una veintena de ensayos, Herrera Zapién dedicó 50 años de su vida a la docencia en la UNAM, casa de estudios que ayer lamentó su muerte.

Uno de sus primeros libros fue López Velarde y Sor Juana, feministas opuestos (1984) y destacaron también El imperio novelístico romano (2003) y Villancicos de ambos mundos, de seis lenguas al latín (2008).

Don Tarsicio iluminó el camino del aprendizaje de las letras clásicas

Para el escritor y crítico literario Adolfo Castañón, don Tarsicio “podría haber sido uno de esos patriarcas sonrientes que evocaba. Iluminó el camino del aprendizaje de las letras clásicas y nos hizo comprender que tenían futuro, no sólo pasado.

Riguroso, atento, muy versátil, fue el portador de la llama de las humanidades clásicas y el fulgor de la memoria de la antigüedad entre nosotros”, señala Castañón.

Destaca que “la gran aportación de Herrera Zapién está en las humanidades clásicas y, en particular, en el latín, que dominaba de forma notable: él traducía y hablaba fluidamente el latín, participaba en congresos en este idioma en Italia y discutía en latín.

Tradujo a Horacio y a Ovidio del latín al español, pero también a Tito Monterroso al latín. Era emocionante ver cómo era capaz de atravesar los siglos a través de esta lengua. El latín no era un muro, sino un puente que lo comunicaba con el pasado”, añade.

El poeta recuerda que su primer contacto con don Tarsicio fue en 1989, cuando el Fondo de Cultura Económica publicó su Rhetorica christiana, de Fray Diego Valadés, y le llevó el primer ejemplar a su casa.

Otra faceta sorprendente de don Tarcisio era su amor por la música y, en particular, por la obra de Manuel M. Ponce. Era un hombre que sabía cantar. De pronto, en medio de una alocución de la Lectura Estatutaria, se ponía a cantar en latín o en español. También era compositor.

El humanista que fue es uno de los milagros de la cultura mexicana. Era un experto en la cultura clásica, y en el conocimiento de la Roma imperial y contemporánea. Era un humanista humano, no de bronce o metálico”, indica.

Castañón destaca el agudo sentido del humor que tenía don Tarsicio, y Eduardo Herrera su incansable gusto por la vida. “Ya estaba planeando la comida para celebrar sus 91 años, que cumpliría el próximo 19 de julio. Le gustaba reunirse con la familia una vez al año”.

*mcam