Libro ‘Las letras y la pintura’, un viaje pictórico por el reino de las letras

Jazzamoart evoca en un volumen las figuras de Cervantes, López Velarde, Rulfo, Paz, Huerta, Baudelaire y Joyce, en unas cien reproducciones hechas de 1987 a 2025

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Fotos: Cortesía Jazzamoart

El reino de las letras visto desde el pincel de Francisco Javier Vázquez Estupiñán, conocido como Jazzamoart, es compilado en el libro Las letras y la pintura, perfilando como un olimpo de color, fiesta y silencio, al que convoca a figuras como Miguel de Cervantes, Octavio Paz, Juan Rulfo, Efraín Huerta, Miguel León Portilla, Ramón López Velarde, Charles Baudelaire y hasta James Joyce.

El libro, dice el artista a Excélsior, es un viaje literario-pictórico que transporta al lector a Comala, Cuévano, al Zócalo capitalino y llega hasta Madrid y Dublín; es un viaje memorioso dividido en tres capítulos (Origen, La figura y la ausencia y Ruidos y silencios) que expone las joyas que ha encontrado en sus lecturas.

Además, asegura que este volumen –que será presentado el 31 de enero, a las 12:00 horas, en la Casa de la Cultura Jaime Sabines– “da fe del encuentro casi descomunal entre dos artes –la plástica y la literatura–, con una curaduría de más de 100 reproducciones, que van de 1987 a 2025, que dialogan con fragmentos textuales que forman parte del canon literario del propio Jazzamoart.

“Se trata de una selección que pudo haber incluido muchos más textos y libros, porque el mundo de la literatura, al igual que el arte, es amplio; y, aunque no puedo presumir de ser un lector extraordinario, sí se pudo haber incluido algunos más. Sin embargo, esto es bastante representativo de mis gustos, mis pasiones y de las ideas de los grandes maestros de las letras que me han inspirado y me han motivado a pintar”, asegura.

¿Cómo es su relación con las letras?, se le pregunta a Jazzamoart. “Aquí nos vamos a la famosa correspondencia de las artes, porque siempre se han nutrido unas de otras. En este caso, sabemos que siempre ha existido vínculos de amistad entre pintores, músicos, poetas… y eso ha motivado que, de repente, un pintor se impresione con un poema y, entonces, pinte un cuadro o viceversa.

Y, por otro lado, también están los artistas que llegan a trabajar en dos disciplinas, como la pintura y la música –como el propio Jazzamoart–, y en el caso de la literatura sabemos de grandes escritores que también dibujaban con bastante destreza, como Jean Cocteau… y también está el caso de Rulfo, un fuera de serie, porque, además de ser gran escritor, su obra fotográfica alcanza una gran altura”, apunta.

¿Existe alguna coincidencia entre la página y el lienzo en blanco? “Sí, son bastantes parecidos, aunque también creo que depende del temperamento y de la manera de abordar y trabajar de cada artista.

Hay algunos que no le tienen miedo a nada y se avientan con seguridad; otros, lo meditan, lo piensan y son más precavidos o dubitativos… La página y el lienzo en blanco son un viaje a la dimensión desconocida que también nos habla del romanticismo en torno a la creación”.

¿Qué integran los tres apartados de su libro? “Refiere viejas y nuevas lecturas y también relecturas. También hay muchas cosas a las que me acercó mi padre, como La suave patria, el Quijote o Efraín Huerta y Jorge Ibargüengoitia; aunque, tal vez, en aquel momento (de su infancia) no le hacía mucho caso, porque no estaba tan interesado en las letras. Este libro es una especie de crónica pintada que puede partir de una frase de Pedro Páramo, como cuando habla del ruido ése, que es el silencio, o de muchas otras imágenes que son totalmente pintables”.

¿Sus piezas buscan la curiosidad del posible lector? “Esto es un juego serio, lúdico y placentero y sí es una invitación a este viaje literario y pictórico, donde encontrarás algunos momentos y atmósferas más evidentes y obvias, como La suave patria.

Pero en otros hay un planteamiento distinto, como de una adivinanza, para que el espectador, al ver el fragmento de texto y la imagen, pueda dejar volar su imaginación y hacer variaciones sobre eso mismo, tanto sobre la pintura como la literatura. Y ahí, por ejemplo, este libro se vuelve doblemente lúdico”, concluye.

cva