Armando Hernández, su meta es la política; Asperger no lo frena

CIUDAD DE MÉXICO.
Armando es un apasionado de la política. A los diez años se sabía de memoria los nombres de los secretarios de Estado y los candidatos de la siguiente elección y a cuál partido pertenecían. Su padre le respondía a regañadientes un sinfín de preguntas sobre elecciones. Ahora Armando Hernández Cruz es el magistrado presidente del Tribunal Electoral de la Ciudad de México (TECM).
Mi papá no me daba muchas respuestas, porque no le gustaban los temas electorales, pero cuando íbamos en el auto yo me la pasaba viendo los letreros, las pintas, las bardas. Veía los nombres de los candidatos y trataba de ubicarlos”, compartió con Excélsior.
A la hora de elegir carrera no sabía si estudiar ciencia política o derecho. “Me interesaba la política, pero ya una vez que entré a estudiar derecho me invitó un maestro a ser observador electoral”.
Fue en 1991 en una elección intermedia, en un momento en el que casi nadie sabía qué era un observador electoral. “Ese día no me querían dejar entrar a la casilla, al final me dejaron entrar, pero me pidieron que me colocara a un metro de distancia. Así pude observar todo el proceso”.
Después, durante muchos años fue capacitador en temas electorales para varios partidos, maestro en la UNAM, y fue caminando poco a poco hacia su otra pasión: el Poder Legislativo. Trabajó tanto en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, como en la Cámara de Diputados.
En tanto, de sus días de infancia y adolescencia no guarda recuerdos gratos.
Yo tengo una condición de autismo que se llama Síndrome de Asperger. No tuve amigos en la primaria ni en la secundaria.
En esta última fui víctima de bullying por esa condición. Esa no fue la mejor época”, confió a este diario.
El Síndrome de Asperger hace difícil la interacción social. “Cada vez que llegaba a un nuevo salón con nuevos compañeros yo era el que se quedaba sentado sin hablar con nadie; la poca interacción social que tenía era porque alguien se acercaba a platicar conmigo”.
Hernández Cruz explica una característica de la comunicación en personas con Asperger. “Nos comunicamos en forma literal, con un pensamiento muy estructurado, lógico, formal”.
Si a una persona con esta condición se le habla con metáforas, suposiciones o entre líneas –como sucede cotidianamente en las conversaciones– “es muy complicado de entender”. También es difícil sentir empatía “con las emociones de los demás o con las propias”.
Así que la socialización fue el talón de Aquiles de Hernández Cruz: en primaria jamás se atrevió a hablarle a una niña, en la secundaria tampoco. “Ya en el CCH Sur empecé a hablar con mujeres, pero con gran dificultad”, confiesa.
Siendo el menor de siete hermanos, la gran paradoja es que mientras él experimentaba estas dificultades, sus padres ignoraban que padecía el Síndrome de Asperger. Fue apenas hace dos años, a la edad de 45 años, que se lo diagnosticaron.
A raíz de ese diagnóstico empecé a entender muchas cosas de mi vida, y empecé a dar pláticas sobre el tema”, así como compartir reflexiones en Twitter y Facebook. Hasta que un día decidió plasmar todas esas reflexiones en el libro Soy Asperger.
Una de las reflexiones que comparte es: “Soy Asperger y estoy condenado a ver el mundo desde mi propia figura epistémica, que no coincide con los paradigmas generalmente aceptados, es decir, estoy obligado a percibir el mundo desde una perspectiva distinta a la mayoría de las personas”.
Al preguntarle cuáles han sido los momentos más felices de su vida la respuesta es sorpresiva: “No podría dar una respuesta a eso por la misma condición que yo tengo, no soy muy proclive a tener días felices. La vida con Asperger es muy complicada, no tengo recuerdos específicos de días felices. Mi vida está hecha más bien de cumplimiento de objetivos y metas”, explicó.
A ello se suman una serie de afecciones vinculadas al síndrome: “tengo hiperacusia, lo que significa que me molestan los ruidos fuertes, por otro lado, yo no puedo llevar mi agenda de actividades, y cuando tengo una reunión con alguien, le digo a la persona ‘te paso a mi asistente para que acuerden la fecha’. La gente ha de pensar ‘ay, qué sangrón’”, reflexiona.
También vive día con día con prosopagnosia, que es la imposibilidad de recordar rostros, por tanto, difícilmente reconoce a las personas.
Siempre en lo electoral
Tal como lo narró, su vida se rige por metas, así que al terminar la carrera de derecho empezó a dar clases en la Facultad de Derecho de la UNAM, después hizo la maestría y el doctorado en derecho. Pero también terminó la licenciatura en economía y en comunicación y periodismo.
En 1996 “una conocida me dijo que una diputada del Congreso del Estado de México –Natalia Escudero del PVEM– necesitaba un asesor, me presenté y por allí me quedé en el Congreso del Estado de México”.
Después de trabajar un tiempo allí, la legisladora le dijo que un diputado del mismo partido iba a presidir la comisión de Medio Ambiente en la Primera Legislatura de la Asamblea Legislativa del DF “y que necesitaban un asesor, así que del Congreso me fui a la asamblea”.
Y en la segunda legislatura de la ALDF –de marzo de 2001 a marzo de 2003– fue secretario técnico de la Comisión de Gobierno, cuando el diputado local perredista, Víctor Hugo Círigo, era el presidente de la Comisión de Gobierno.
Mi trabajo implicaba la conducción de los trabajos de la Comisión de Gobierno, que es de los órganos de dirección de la asamblea, fue una responsabilidad muy alta para un joven de 24 años, que era la edad que tenía entonces”.
Estando en el Poder Legislativo se encontró con otra de las paradojas de su vida: “la verdad es que trabajando en el Legislativo, siempre me avientan a lo electoral, porque cuando uno conoce a gente en el Legislativo te piden ‘bueno ahora ayúdame en lo electoral, capacítame’ y, como de alguna forma genero confianza, me piden apoyo en lo electoral”.
Entre los legisladores que le pidieron capacitación sobre las reglas electorales se cuenta a Armando Quintero, en la segunda legislatura de la ALDF.
Uno de los fundadores del PRD fue diputado local, después se lanzó como candidato a la delegación de Iztacalco y en 2003 ganó la elección.
Después de trabajar en la ALDF, Hernández Cruz, pasó a la Cámara de Diputados, donde fue asesor de la Mesa Directiva: “allí trabajé en muchas iniciativas de ley, es lo que me gusta, siempre me ha gustado hacer iniciativas de ley”, recordó.
En la Cámara de Diputados trabajó con René Arce Círigo. “La gente de su equipo me pedía capacitación electoral, entre ellos Víctor Hugo Círigo y Ruth Zavaleta”.
Después pasó al Senado, al Instituto de Investigaciones Legislativas, que se convirtió después en el Instituto Belisario Domínguez.
En eso estaba cuando Gustavo Figueroa, a quien conoció en el ámbito parlamentario, fue nombrado consejero del entonces Instituto Electoral del DF en abril del 2013. “Entré a trabajar con él como coordinador de asesores de su oficina”. Trataba temas de transparencia, pues su jefe presidía esa comisión.
Antes de ser consejero, Gustavo Figueroa había sido coordinador de la campaña de Leonel Luna, cuando contendía para ser delegado de Álvaro Obregón, y después fue director general Jurídico y de Gobierno de esa delegación.
En 2014, Hernández Cruz fue uno de los candidatos a magistrado del Tribunal Electoral del DF y el 4 de octubre de 2014 el Senado de la República hizo la designación de los magistrados electorales locales de 17 entidades de la República, entre ellos los de la Ciudad de México.
El Senado designó a María del Carmen Carreón Castro, por tres años; Eduardo Arana Miraval, por tres años; Armando Hernández Cruz, por cinco años; Gabriela Eugenia del Valle Pérez, por cinco años, y Gustavo Anzaldo Hernández, por siete años.
En su momento Manuel Bartlett, coordinador parlamentario del PT, cuestionó el procedimiento de elección señalando que las principales fuerzas políticas “están dividiéndose el pastel según sus intereses”.
El 14 de octubre del 2014 el pleno del Tribunal Electoral, a través del voto secreto de los magistrados, eligió a Hernández Cruz como magistrado presidente, cargo que ocupa desde ese día y concluye el 13 de octubre de este año.
Aquí no se deciden ganadores
Entre los momentos más intensos que ha vivido como magistrado recuerda la elección de 2015, particularmente “la impugnación más destacada, que fue en la delegación Gustavo A. Madero, pues la diferencia entre primero y segundo lugar fue muy cerrada”.
El PRD y Morena habían quedado muy cerca en la votación final, el primero obtuvo 108 mil 336 votos y el segundo 106 mil 400, sin embargo, Morena impugnó la elección argumentando prácticas ilegales por parte de sus oponentes.
Después de analizar las evidencias que presentó el Instituto Electoral del Distrito Federal sobre esa elección, el tribunal determinó que el PRD había ganado la elección.
Sobre los retos y las impugnaciones que el tribunal enfrentará en 2018, Hernández Cruz es reservado: “Eso sí no lo sé, a nosotros nos toca esperar los resultados y darle certeza a la ciudadanía de que el resultado se decide en las urnas, no en las oficinas; aquí no se modifican resultados, no se deciden ganadores ni perdedores”.
Armando tiene cuatro hijos, tres de ellos de su primer matrimonio, quienes tienen 22, 17 y 12 años, y una hija de su segundo matrimonio, quien tiene diez años de edad.
Su esposa, Ileana Hidalgo Rioja, tuvo a su cargo una dirección dentro del InfoDF y fue consejera ciudadana en la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México.
En el intenso jaloneo que se vivió este año en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para negociar quiénes serían los nuevos comisionados del InfoDF, proceso que está congelado, el nombre de Hidalgo Rioja sonaba como una de las dos propuestas del PRD.
Al interior de la Asamblea Legislativa del DF se hablaba de que los partidos habían negociado cuotas: el PRD colocaría a dos de los suyos
–entre ellos Ileana–, el PAN a dos más, dos para personajes cercanos al exjefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, y uno para el PRI. Pero al final no hubo acuerdo y no hay nuevos comisionados aún.
cva
EL EDITOR RECOMIENDA



