El papel y el fin del algoritmo

Paul Lara

Paul Lara

Cyberpunks

Hace más de una década comencé a explicar que el gran error que cometen los medios de comunicación en el mundo era trabajar para el algoritmo, trabajar para las tecnológicas a las que no les interesa la información, sino el negocio del control, ya sea comercial o político. Me decían loco, que yo era el que no entendía el futuro, a pesar de que llevo más de 25 años como periodista, y casi 20 en el mundo de la tecnología, los negocios, las finanzas y la economía. Todo esto se venía venir, pero pocos se atrevían a decirlo por temor a quedar en ridículo cuando todo era “digital”. 

“Tenemos que ir con SEO, subirnos a las tendencias, a las redes sociales, palabras clave, el papel no importa, el video es el futuro”, y una serie de tonterías que pregonan los que no son periodistas y los que no entienden que el negocio de un medio es la información, su reputación y su credibilidad, no hacer contenido viral sin esencia ni responsabilidad, sólo por ganar clics para un programa que les daba vida artificial.

Hoy muchas empresas periodísticas tienen los dedos en la puerta ante los cambios que pusieron en marcha las tecnológicas desde hace varios años con el impulso de la inteligencia artificial, y el fin de los datos puros para el entrenamiento de éstas, y no tienen una estrategia clara de hacia dónde ir ahora. No se han dado cuenta que no hay hilo negro más que hacer lo que siempre se debió: hacer periodismo para la gente, el verdadero cliente. Sin embargo, muchos siguen pensando en conquistar al algoritmo, crear contenido para las tecnológicas, enamorar a los chatbots de la IA para estar a la vanguardia y no desaparecer como negocio. Otro error más. Las vitrinas tecnológicas son sólo eso, vitrinas para exponenciar el trabajo bien hecho, investigado, con datos, entrevistas, hecho por humanos. Nada puede suplir al reportero en la calle, en el hecho. Ningún “algoritmo o agente de IA” va a crear periodismo, aunque muchos vendedores de humo digan lo contrario.

Hoy, las empresas tecnológicas quieren contenido curado por expertos, bien hecho, con data estructurada, confiable, hecha por humanos, y el periodismo es la clave para ellos. Entonces les pregunto: ¿por qué seguir pensando en conquistar el algoritmo, si son ellos los que siempre han necesitado de nosotros como medios para hacer negocio? Capacitarse en cómo conquistar hoy a la IA para estar en los resúmenes de búsqueda es sólo una parte mínima del cambio. Muchos medios se están aliando con empresas como Google, OpenAI, Antrophic y otros, con la esperanza de recuperar recursos a cambio de entregar contenido de calidad. Un error más.

La desesperación por no desaparecer, por mantenerse vigente, por hacer negocio con las marcas los está llevando por un camino donde nuevamente quedan a merced de las tecnológicas y sus caprichos. Ellos necesitan de nuestro contenido, no nosotros de sus plataformas. Y se puede llegar a un buen arreglo, donde las condiciones las ponen los medios, no al revés. La semana pasada surgió en España una noticia que me sorprendió (los europeos han entendido mejor este cambio y van adelante en muchos aspectos), porque al parecer algunos directivos y dueños de los medios han comprendido que el pasado del periodismo es el futuro del mismo. La revista Pronto tomó la decisión, viendo que internet devalúa su producto y la IA se lo apropia directamente, de cerrar su edición web y regresar al papel. Los medios que siguen reproduciendo su información en papel, por ejemplo, y que entienden este contexto, son los que van a sobrevivir, porque ésta es la puerta de entrada a lo digital.

Una información bien investigada, con calidad, crea esa confianza que lleva a que el cliente (la gente) vaya a conocer más sobre el tema a un sitio web, donde con espacios que el papel puede no darnos como periodistas, podemos mostrar galerías de fotos, videos, infografías y más, que dan una reputación que muchas marcas buscan para publicitarse. Las redes sociales acompañan este camino, pero no son la puerta de entrada, porque lo que buscan sus directivos es que el lector se mantenga atrapado en esa ratonera digital, y eso resta presencia digital en un sitio web del medio. Acabemos con la idea de conquistar algoritmos, y veamos por conquistar a lectores.

Durante años se nos hizo creer que el periodismo no vendía si era moderado, sino pensaba en lo digital únicamente, en tener creadores de contenido con información basura para llegar a las nuevas generaciones, en faltar a su compromiso con la verdad por crear polarización y escándalo que atrae clics de los poco informados en un tema que los afecta directa o indirectamente. La lógica era simple: lo que divide atrae atención y lo que ofende se comparte. El conflicto, estetizado en los titulares de la prensa, se convierte en mercancía de venta dentro del capitalismo algorítmico de la atención. Pero eso está cambiando, y aquellos que aprovechen la situación para bien serán los que sobrevivan y generen negocio. Los demás seguirán recibiendo dádivas y sirviendo a los intereses de las plataformas tecnológicas, las cuales no son aliados, sino que usan la data para sus propios intereses, no los colectivos.