RIVIERA MAYA.– José Luis Martínez Alday es un empresario turístico que, sin haber estudiado arquitectura, es reconocido por los arquitectos; tanto así que este viernes, Manuel Alfonso Barrero le otorgó el nombramiento de miembro honorario del Colegio de Arquitectos de la Riviera Maya, que él preside.
Martínez Alday fundó con Dolores López Lira el Grupo Lomas Travel, con varios hoteles y unos dos mil cuartos en el Caribe mexicano.
Más allá de su éxito en los negocios, es descrito por su esposa, socia y compañera de vida como un alien, un extraterrestre, con una intuición que ha sido clave tanto para su vida como para su empresa.
Entre muchas historias, una que exhibe esta característica ocurrió a comienzos de este siglo cuando le estaban entregando un hotel en playa Maroma, considerada la más bella de América Latina.
Antes de salir de viaje a Miami le habló precisamente a Barrero, uno de sus arquitectos de confianza, y le pidió que revisara la entrega de la obra porque intuía, sin saberlo a ciencia cierta, que algo estaba mal.
Barrero hizo algunas pruebas y confirmó que había un problema grave en la cimentación, así es que con pesar la habló a Martínez, quien se puso de pésimo humor, pues incluso ya había comprado el mobiliario que estaba en camino.
–¿Dime qué es lo peor que puede pasar?, le preguntó exaltado.
–Pues lo peor, le respondió, es que se caiga el edificio.
Martínez se quedó callado, a su regreso revisó la situación con Barrero y afrontó sin chistar los gastos y las pérdidas.
Desde que era capitán de botones en el hotel Presidente de Cancún, al inicio de la década de los 70 del siglo pasado, Martínez asumió como una práctica ofrecer calidad para cobrar un alto precio.
Así es que un día decidió que en su hotel Generations Riviera Maya haría unos canales de nado volados, con la idea de que en todo momento los huéspedes pudieran salir a las terrazas de sus habitaciones en el edificio, para darse un chapuzón.
Resultó que millones de litros de agua generaban un peso muerto difícil de manejar, pues además estaban en movimiento provocado por los vientos y también por las personas que le quitaban y sumaban carga conforme entraban o salían.
Conseguirlo implicó elegir materiales que habitualmente no se usan en las albercas, hacer cálculos complejos y Martínez no sólo aportó ideas, sino que nunca cejó en su deseo, hasta que lo volvió una realidad que después han copiado otros hoteles del Caribe mexicano.
También fue de los primeros en implementar el uso de celdas solares en sus hoteles y además trabajó con Barrero en el diseño, y luego financió la construcción de Kan Kanán, que es el arrecife artificial más grande del mundo, que hoy está poblado por todo tipo de crustáceos y peces.
Afectado desde hace ocho años por un derrame cerebral del que los médicos sólo le daban 4% de posibilidades de salir adelante y en estado vegetativo, no sólo recobró la lucidez, sino también las ganas de vivir.
Martínez y López Lira aman emprender y también a sus colaboradores, de hecho, no hay uno de sus hoteles donde no sean abrazados por los miembros de su equipo.
Por ello, Barrero le dijo que, sin ser arquitecto, ha construido más que muchos arquitectos, pues ha edificado destinos, infraestructura, oportunidades y esperanza.
