El frenesí que se vive en torno a la calle Álvaro Obregón 286
La enorme grúa con capacidad para levantar 300 toneladas remite a la esperanza de rescatar cuerpos de entre una enorme masa de escombros

CIUDAD DE MÉXICO
La enorme grúa con capacidad para levantar 300 toneladas se yergue sobre árboles, techos, postes, domina la escena, y remite a la esperanza de rescatar cuerpos de entre una enorme masa de escombros.
Una persona común y corriente no está preparada para ver ese tipo de desastre. Sin remedio, se lanza un suspiro, se hiela la sangre y se encoge el corazón al ver la dimensión del derrumbe.
Es el edificio de Álvaro Obregón 286, Colonia Hipódromo, que se vino abajo el 19 de septiembre a las 13:14 horas. En torno a él se ha gestado una especie de campamento donde convive la milicia, los medios de comunicación, familiares, voluntarios, policía, plantas de electricidad, un intenso tránsito, casas de campaña en aceras, y cercos formados con cuerdas y listones de plástico en todas las aceras de la zona.
El foco de atención son los rescatistas que cada tanto se turnan para subir a las enormes losas que quedan en la parte superior del edificio que fuera de seis plantas. Invariablemente la gigantesca grúa está en el campo visual, y en un irónico juego óptico, hace ver pequeños y frágiles a los rescatistas.
Quienes cruzan por la esquina de Oaxaca y Salamanca voltean, sacan el teléfono o la cámara fotográfica y enfocan a las brigadas que avanzan lentamente sobre la enorme escalera habilitada desde un edificio contiguo (también derruido) hacia el enorme montón de concreto, hierros retorcidos, muebles y materiales de oficina.
A pie de tierra, la zona es un hervidero de actividad. Frente al edificio de Sala Chopin fue instalado el centro de acopio. A un costado también se albergan los brigadistas y familiares de quienes quedaron atrapados en el edificio derrumbado. Otra entrada de brigadistas es desde Nuevo León esquina Sonora.
En Colima, Oaxaca, Durango, Nuevo León, están desplegados centros de mando móviles del Gobierno de la Ciudad, patrullas, camiones de bomberos que han venido de lugares tan lejanos como Chihuahua, ambulancias.
Sobre la acera de Oaxaca, entre Salamanca y Álvaro Obregón fueron desplegadas casas de campaña donde también aguardan noticias los familiares de los atrapados.
Álvaro Obregón, se ha convertido en un gran estacionamiento para maquinaria pesada, grúas, trascabos, taladros neumáticos, patrullas, camiones de policía.
La zona sigue cerrada para oficinistas, comercios y vecinos que habitaban cerca del inmueble siniestrado y de las siempre concurridas oficinas de la Secretaría de Movilidad (Antes de Transportes y Vialidad), y del verificentro.
En el otro extremo, hacia el Parque España, el campamento prosigue con carpas de Desarrollo Social, de Salud, y de otras instancias de gobierno hasta alcanzar al Parque España.
En torno al punto del derrumbe, a una cuadra de distancia el tránsito vial prosigue, a vuelta de rueda, en una sola fila de autos, pues todo está copado por unidades móviles de medios de comunicación, camiones de policías y rescatistas que pasan horas muertas dormidos, de redacciones montadas en lugares de estacionamiento de negocios a los que ningún auto llega.
La actividad sigue de varias formas en torno a ese punto donde la vida y la muerte libran una batalla encarnizada. En Colima, a dos cuadras del derrumbe, una tienda departamental tiene abiertas sus puertas, con una asistencia más bien baja. Hay pizarrones colocados en varios puntos de los alrededores para que la gente escriba sus mensajes de aliento a rescatistas y a las víctimas, y en restaurantes del rumbo se reparte comida gratis.
Una tienda de autoservicio (Sumesa) se mantiene operando, literalmente a unos 30 metros del derrumbe.
La lucha entre la tragedia y la normalidad crea escenas tan chocantes como las mesas de La Pescadería en la acera perfectamente acomodadas con cubiertos, platos de loza, una hostes y valet parking, con asiento de primera fila para ver a la distancia el trabajo de rescatistas y el montón de escombros donde yacen cuerpos humanos. Al lado de las espléndidas mesas pasan voluntarios, familiares de los atrapados, rescatistas, soldados, policías, periodistas, y gente que reparte comida y agua gratuitamente. De mediodía y hasta las 16:00 horas no hubo comensales en las mesas de la terraza de La Pescadería.

Foto: Comedor gratuito de la Cervecería de Barrio, en la Avenida Oaxaca.
La Pizzería El Perro Negro también sacó sus mesas a la acera a la espera de clientes.
"Somos una sociedad muy compleja", dice, irónico, Alberto, vecino de la Colonia Roma.
Desde todos los puntos de la zona sólo hay dos sonidos que dominan el ambiente: los motores que mantienen encendida iluminación, cámaras de televisión, y todo lo que requiera electricidad; y el ruido del cascajo que es lanzado por los tubos desde el punto alto de las excavaciones.
El sonido del escombro cayendo da cuenta de que el intento por rescatar los cuerpos atrapados no se detiene mientras en torno al lugar del colapso la vida es frenética.
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