Edmundo Garrido, procurador capitalino; tiene vocación de mediador
Su amor por la abogacía lo llevó a trabajar sin recibir pago alguno. Las personas que laboran con él le reconocen su serenidad y capacidad de diálogo. El funcionario se confiesa fan de la música ochentera

CIUDAD DE MÉXICO..
Edmundo Garrido Osorio acudió poco antes del mediodía del pasado 13 de julio a una cita con el jefe de Gobierno de la Ciudad de México a la cual había sido convocado apenas minutos antes.
La cita era para entregarle su carta de nombramiento como procurador General de Justicia, acción que ya había sido consultada con la Presidencia de la República y de la que el funcionario no estaba enterado.
Yo no sabía que ya se había hecho el trámite ante Presidencia. En ese momento me enteré que sería nombrado y en ese instante me condujeron a una sala donde ya me esperaban los medios de comunicación. Fue mi primera conferencia ya como titular de la dependencia”, relató Garrido.
El exsubprocurador de Averiguaciones Previas Centrales y encargado de despacho de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJCDMX) nació en Texcoco.
Vivió en el municipio del oriente del Valle de México hasta que debió emigrar a Toluca para estudiar derecho en la Universidad Autónoma del Estado de México.
La primaria la hice en el Centro Escolar Nezahualcóyotl, la secundaria en la escuela Ignacio Ramírez, estudié en la preparatoria en Texcoco. Toda mi educación ha sido, salvo la maestría, en escuelas públicas”, detalló el funcionario, quien el lunes pasado recibió su grado de maestro en Ciencias Penales por el Instituto Nacional de Estudios Superiores en Derecho Penal.
Sentado en la sala de juntas contigua a su oficina de la sede central de la PGJCDMX, en Gabriel Hernández 56, colonia Doctores, hoy presume que comenzó su carrera como “meritorio”, término usado en los Ministerios Públicos para los chicos que trabajan para aprender sin recibir paga alguna.
Mi satisfacción es que yo empecé de meritorio, hice mi servicio social en una agencia del MP en el Estado de México y desde ahí comencé a entender la vocación de servicio. Vine a trabajar a la ciudad gracias a mi compañero Hugo Piña y luego apareció una persona muy importante que es Ricardo Nájera; lo conocí, me entrevistó y comencé un proyecto con él; de ahí trabajamos juntos en PGR hasta que llegué a ser delegado de la dependencia federal en la Ciudad de México”.
Hugo Piña, director de Seguridad Pública del Estado de México, murió en 2000 cuando el helicóptero en el que viajaba cayó. Ricardo Nájera es el actual fiscal especial para la Atención de Delitos contra la Libertad de Expresión de la PGJCDMX.
En la delegación de la PGR Garrido conoció a Miguel Ángel Mancera, entonces procurador capitalino, quien años después lo invitó a trabajar con él en la Procuraduría local.
Garrido ha mantenido derroteros muy claros tanto en su vida profesional como en la privada: conoció a su esposa cuando ella tenía 12 años y él 14; actualmente tienen dos hijas.
Somos compañeros de vida, tengo más tiempo de vivir con mi esposa de lo que viví en la casa de mis papás; es una mujer con una capacidad intelectual muy elevada. Tengo dos hijas, una de 23 años, que estudia Economía y Relaciones Internacionales, y otra de 14 años, que va en la secundaria”.
El procurador también destaca la importancia de su familia nuclear.
Siempre he tenido el apoyo de mis padres, ambos viven. Mi papá es mecánico, ahora ya no trabaja; mi mamá se dedica al hogar. Tengo un hermano que es abogado también, él es administrador central en el SAT, y el más chico, a quien le llevo 19 años, es productor, estudió comunicación”, detalló.
Garrido también ha tenido maestros que lo han marcado. Recuerda con cariño a su profesor de derecho positivo en la preparatoria Guadalupe Larraguivel, y los catedráticos universitarios Luis Rivera Montes de Oca, quien fue procurador federal de la Defensa del Trabajo, y René Maldonado Gómez, un litigante que ya murió.
Durante la adolescencia de Garrido, el basquetbol era parte de su vida, pero se lesionó y no pudo seguir jugando.
Le gusta la música de los años 80, en particular Rod Stewart, y disfruta películas como Revenant. También se declara admirador del fundador de Apple, Steve Jobs, y uno de los libros de ficción que lo marcó fue Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, de Maurice Joly escrita en 1864.
es sereno y tímido
Marcela García Torres Vega, fiscal central para la Investigación de Narcomenudeo de la Procuraduría General de Justicia capitalina, es una de las personas con las que el procurador mantiene una amistad añeja.
Conocí a Edmundo hace 25 años en la PGJ capitalina cuando ambos trabajábamos como jefes de departamento en la delegación Cuauhtémoc. Ambos tuvimos momentos muy difíciles en ese tiempo porque nos tocó atender casos muy complicados”, dijo.
Como un ejemplo narró que: “En la integración del expediente del caso Ruiz Massieu no dormíamos, no comíamos. Era muy angustiante porque no se había visto algo igual en la ciudad”, detalló la funcionaria.
Siempre ha sido muy sereno, ecuánime y tímido, y eso le ayudaba a mediar porque en estos temas todos tenemos la adrenalina a flor de piel y su personalidad le ha ayudado a ser visionario”, destacó.
La fiscal lo calificó como un buen jefe. “Siempre trata de ponerse en el lugar de las personas y escucha. Nosotros tuvimos jefes muy buenos, tenemos buena escuela, por eso está donde está”.
Agregó que es difícil engañar a un procurador que comenzó desde abajo y que atendió personalmente en la barandilla.
El gusto de Edmundo Garrido por la música se extiende a otros géneros y fue gracias a un recital que conoció a su secretario de particular, Javier Morales.
Trabajaba en Bellas Artes y en un concierto que dio Fernando de la Mora lo conocí ya que me tocó asignarle su lugar y de ahí hicimos una buena amistad porque ambos disfrutamos de cosas en común, como el arte. Y cuando llegó a la Subprocuraduría me invitó a trabajar con él”, detalló.
Durante el tiempo que hemos trabajado juntos hemos vivido momentos alegres y otros muy complicados. El año pasado Edmundo presentaba un dolor en el brazo y hombro. Yo le di una pastilla para el dolor, pero no le hizo efecto y decidió retirarse a su casa, pero el dolor continuó y en ese momento lo llevaron al hospital y resultó ser un preinfarto”, reveló Morales.
La dieta del procurador capitalino cambió desde entonces. Tuvo que dejar el café y comenzar a tomar té, no obstante disfruta mucho del pescado y de postres como el queso con ate.
Su secretario particular opina que para Edmundo “el momento de los alimentos es un momento que el procurador disfruta mucho y, aunque sigue trabajando, trata de tomarse un respiro para poder hacerlo con relativa calma”.
Incluso, trabajadores con décadas de servicio en la Procuraduría describen a Garrido como un hombre amable y de buen trato.