‘Basalé, basalé’, con cumbia del falafe, palestino vende comida en calles de CDMX
Fadi Abed llegó a México en mayo de 2025 como refugiado junto con 17 integrantes de su familia, entre ellos su esposa y su hijo pequeño.

En una calle de Ciudad de México, entre el ruido de los automóviles, el paso apresurado de los peatones y el olor de los puestos que forman parte del paisaje cotidiano de la capital, una voz intenta abrirse camino.
“Basalé, basalé, rica comida balestina”.
La frase se escucha con un español todavía en construcción. La “p” se resiste en la pronunciación de Fadi Abed, pero no la voluntad de hacerse entender. Frente a él está un pesado carrito de comida que, más que un puesto callejero, se ha convertido en el punto de partida de una nueva vida.
Fadi tiene 28 años y llegó a México en mayo de 2025 como refugiado junto con 17 integrantes de su familia, entre ellos su esposa y su hijo pequeño. Hoy vende comida palestina en las calles de la CDMX, mientras intenta convertir los recuerdos de Gaza en sabores capaces de conquistar a los capitalinos.
Y parece estarlo consiguiendo.

Del pregón de los tamales al falafel palestino
El carrito de Fadi tiene algo familiar para cualquier habitante de la capital: un pregón.
Pero en lugar de anunciar tamales, anuncia falafel.
A través de las bocinas suena la llamada “cumbia del falafel”, una adaptación del tradicional sonido de los vendedores ambulantes que durante décadas han recorrido las calles de México.
“Lleve su rico y delicioso falafel palestino”, se escucha.
La idea surgió de Sergio Villegas, un escenógrafo mexicano de 48 años que ayuda a Fadi con los puestos y las redes sociales. Con apoyo de inteligencia artificial adaptó la cumbia para convertirla en una especie de carta de presentación musical.
Así, una tradición popular mexicana terminó encontrándose con una cocina que llegó desde Palestina.
Y el encuentro funciona.
Las publicaciones de Fadi, conocido en redes sociales como “Hijo de Palestina”, comenzaron a ser retomadas y viralizadas por los llamados comidistas, esos cazadores de sabores que convierten un puesto desconocido en una recomendación que corre de teléfono en teléfono.

Falafel, shawarma y hummus en las calles de la CDMX
El menú parece pequeño en comparación con la historia que carga cada platillo.
Hay falafel, shawarma, hummus, kebab, baba ganoush y tabulé, además de ensaladas, salsas y dulces árabes.
Fadi toma de una bandeja la mezcla de garbanzo molido con perejil que sirve como base para preparar el falafel. En otras recipientes están las carnes especiadas de res y pollo.
Para acompañar hay agua de sandía y agua de limón con hierbabuena.
La propuesta resulta novedosa para muchos capitalinos porque la comida árabe callejera todavía es poco común en Ciudad de México.
Matile Enríquez, asesora comercial de 63 años, llegó después de encontrar los videos del puesto en Instagram.
Comer comida árabe (en México) es muy complicado”, explica.
A su juicio, los restaurantes especializados son pocos y pueden resultar costosos. El carrito de Fadi representa, por eso, una alternativa “económica, accesible”.
Lidia Flores, de 33 años, también quedó convencida después de probar el falafel.
Me gustó mucho el condimento y que fuera vegana”, comenta.
“Llegamos aquí sin nada”
Detrás del éxito del pequeño puesto existe una historia que no cabe en una carta de menú.
Llegamos aquí sin nada”, recuerda Fadi.
Antes de llegar a México, su vida estaba en Gaza, donde se dedicaba al comercio de café y frutas secas.
Su padre, Kamal, había emigrado a México en 2010, después de que un bombardeo destruyera su negocio de mármol. Más tarde llegó Shadi, hermano de Fadi.
Cuando comenzó la guerra en Gaza, en octubre de 2023, Kamal viajó a Egipto para intentar acelerar la salida de sus familiares.
No alcanzó a verlos llegar.
La angustia y el deterioro de su salud terminaron con su vida en marzo de 2024, cuando murió en un hotel de El Cairo.
Shadi continuó con las gestiones y, apoyado por una campaña en redes sociales, logró avanzar en el proceso para que la familia pudiera llegar a México.
En mayo de 2025, Fadi finalmente aterrizó en el país con 17 familiares.
Un carrito para empezar de nuevo
La vida que encontró en México no comenzó con un restaurante ni con un local propio.
Comenzó con un carrito pesado que hay que instalar en la calle.
Fadi alterna su venta en dos zonas de Ciudad de México. Y hay algo que llama la atención de quienes trabajan a su lado: casi nada termina en la basura.
Todo se vende.
Viene de otro contexto, a Fadi no le gusta desperdiciar comida”, explica Sergio Villegas.
Para su amigo mexicano, esa costumbre tiene un significado que va más allá de la economía del negocio.
Desperdiciar comida durante un genocidio es impensable”, afirma.
En cada jornada, entonces, el cálculo es preciso: preparar, servir y vender.
Y al final, las bandejas quedan vacías.
Entre el hummus, el falafel y los vasos de agua de limón hay otra noticia que Fadi cuenta con orgullo.
En junio nació su segundo hijo.
El bebé es mexicano.
La frase tiene un peso especial para alguien que llegó al país después de dejar atrás Gaza y que ahora intenta construir aquí una vida estable para su familia.
Su proyecto no termina en el carrito.
Fadi quiere quedarse definitivamente en México y tiene un sueño más grande: abrir su propio restaurante de comida palestina.
Mientras ese día llega, continúa recorriendo las calles con su pregón.
Basalé, basalé”.
La palabra puede sonar distinta por la dificultad de pronunciarla, pero el mensaje se entiende perfectamente: hay una historia palestina servida en un plato, una familia que busca echar raíces y una nueva vida que empieza, literalmente, desde la calle.
Y Fadi lo dice con una sonrisa: