Uruguay 1930, el comienzo fue precario

Varios europeos renunciaron tras la designación de Uruguay como sede; el largo viaje fue en trasatlántico

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Infografía: Abraham Cruz

CIUDAD DE MÉXICO.

El 5 de julio de 1930 llegó a Montevideo el trasatlántico italiano Montevedi. En él viajaron las selecciones de Francia (obligada a asistir por presión de Jules Rimet, presidente de la FIFA), Bélgica (forzada por el entonces vicepresidente, Rudolf Seedrayers), Rumania (compuesta por trabajadores escoceses de una fábrica petrolera, elegidos personalmente por el rey Carlos II) y Brasil. Ya les esperaban en tierra otros nueve equipos nacionales: Argentina, Bolivia, Chile, Estados Unidos, México, Paraguay, Perú, Yugoslavia y el anfitrión, Uruguay. Era el comienzo en la historia de los mundiales.

Sesenta días antes del inicio de la justa, ningún europeo había aceptado la invitación; los ánimos y la situación económica en el Viejo Continente no eran muy elevados debido a las facturas de la Primera Guerra Mundial. Al conocer que Uruguay sería el país organizador, Inglaterra decidió no ir, apelando que como inventores del futbol nadie merecía hacerlo antes que ellos. España, Italia y Alemania, entre otros, la acompañaron.

La idea de crear un torneo internacional surgió el mismo día que se fundó la FIFA (21 de mayo de 1904), pero los recursos no eran suficientes. Dadas las circunstancias, se pidió apoyo al Comité Olímpico Internacional (COI) para que el futbol fuera incluido en el listado de eventos deportivos; la respuesta, en 1906, fue positiva. Los lineamientos del Mundial se decidieron en tres congresos: Barcelona, Zúrich y Ginebra. Llegado el acuerdo, en 1930, se precisaron los últimos detalles y la sede.

¿Por qué Uruguay? Al menos hay tres razones que predominan: el apoyo de los sudamericanos, el cumplimiento del centenario de la independencia de la nación y los títulos ganados en los Juegos Olímpicos de París (1924) y Ámsterdam (1928).

Las otras posibles sedes eran Italia, Hungría, Holanda, España y Suecia, pero los últimos cuatro decantaron finalmente por Italia. No obstante, el discurso del delegado argentino Adrián Béccar Varela, quien se pronunciaba a favor de Uruguay, provocó que los italianos retiraran su candidatura.

Rimet obligó a un concurso de antecedentes del cual salió victorioso Uruguay con sus dos oros en los Olímpicos. Una vez definida la sede (1929), los otros cinco candidatos se retiraron de la reunión y decidieron no participar en el torneo.

A este primer Mundial se llegaba por invitación. Uruguay decidió hacerse cargo de los gastos y el viaje de las selecciones europeas, pero la mayoría se aferró a no competir.

En el Moteverdi, Rimet llevó el trofeo para el ganador; partió de Génova, donde abordó Rumania; paró en Villefranche-Sur-Mer, donde subió Francia; hizo escala en Barcelona para recoger a los belgas; también en Lisboa, Madeira, Canarias, Río, donde subió Brasil; y llegó a Buenos Aires por Argentina.

El sorteo para definir los grupos fue realizado una vez que todos los participantes se encontraron en tierras uruguayas. Dado que los charrúas carecían de un estadio adecuado para el certamen, debieron construir en sólo ocho meses el histórico Centenario, que se finalizó poco antes de comenzar, pero que no pudo usarse sino hasta el noveno partido por inundaciones en el campo (lluvia).

El francés Lucien Laurent marcaría el primer gol, frente a México, en el partido inaugural que su selección ganó 4-1. México, dirigido por Juan Luqué, fue eliminado en la fase de grupos. La figura fue el uruguayo Héctor Castro, autor del último gol de la victoria ante Argentina en la final (4-2).

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