Polonia y México: la amistad que fortaleció un mundial
Arturo Vázquez Ayala recuerda que, por enfrentar a Grzegorz Lato, terminó siendo su camarada

Decía el escritor Eduardo Sachery que el futbol te hace de amigos y de enemigos, ambos, para toda la vida.
No hablaban el mismo idioma, el color de cabello y de piel era distinto, uno era defensa y el otro atacante, uno estaba en América y otro en Europa y aun así, Arturo Vázquez Ayala y Grzegorz Lato se hicieron buenos camaradas.
Lo vi por primera vez en 1976, venía de ser campeón de goleo en el Mundial de Alemania. Era mi debut con la selección y me pusieron a marcarlo”, recuerda Vázquez Ayala.
Ese partido amistoso fue duro, “le decía, ni modo güero, no te voy a dejar hacer nada”, cuenta el Gonini y Lato lo miraba de refilón, desconfiado por la dureza con que lo traía corto el mexicano.
Por azar de los mundiales, se reencontraron de nuevo en un campo, en 1978 durante la copa en Argentina.
Cerraban el grupo. A México le había ido realmente mal y Polonia presentó un juego de dureza y rispidez para ganarlo 3-1. Grzegorz Lato no anotó.
Al final me hizo el ademán de intercambiar camisetas. Se acordaba de mí, era un buen tipo conmigo”, cuenta Vázquez Ayala.
Grzegorz Lato hizo casi toda su carrera en el Stal Mielec. Una ley deportiva impedía a los futbolistas polacos salir de su país a jugar hasta después de cumplir 30 años, por eso llegó tarde al Atlante, en 1982, después de desechar una oferta del Cosmos de Nueva York.
El Gonini Arturo Vázquez siempre fue una buena persona, me ayudó mucho el tiempo que estuve en México además de enseñarme muchos lugares”, comenta Lato.
Lo trajo el director del IMSS y presidente del Atlante en aquel entonces, Arsenio Farell Cubillas. Le comenté que durante el Mundial había cubierto a dos grandes jugadores: Karlz Rummenigge y Grzegorz Lato, y lo pudo traer”.
Grzegorz Lato vivía en la Colonia del Valle porque los entrenamientos eran en Lomas Verdes y conoció muchos lugares como Chapultepec, Cuernavaca, el Zócalo.
Pero la que más me impactó fue la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, por lo que había pasado ahí. Ahora bien, de gustarme, me quedo con Cuernavaca y Cancún, es hermoso México”, relata el polaco Lato.
El Atlante armó un equipo ofensivo con la llegada de Lato cuyas primeras palabras que aprendió en español fueron “pinche güey. me las enseñó Gonini”.
El Atlante no tenía obligación de jugar para ganar, le bastaba con atacar. Entonces formó una delantera temible con Cabinho, Rubén Ratón Ayala y Grzegorz Lato.
Le enseñé a manejar en la Ciudad de México porque le daba miedo. Se compró un Mustang. También recuerdo que se bebía una botella de vodka de dos tragos. Era muy alegre”, rememora Vázquez Ayala.
Estuvo un año en México. Lo lesionaron del tendón de Aquiles y se regresó a Polonia para rehabilitarse, aunque ya no volvió.
Le daban duro en México los defensas. Se fue y no volvió, aunque tenía contrato por dos años. Al final no se adaptó del todo y prefirió quedarse en Europa, pero le tengo mucho cariño”.
Vázquez Ayala recuerda que Grzegorz Lato le comentaba que en México se entrenaba poco y mal, y que el tráfico de la ciudad era impactante y cansado.
El futbol los unió varías veces. Hoy en el Polonia contra México, quizá, surja una nueva amistad.
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